#4 TiemposColumna de Xalbador García

Miami Love | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra

Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com

No creo que seas mexicana. Otro pinche gringo que piensa que del otro lado de la frontera todos estamos contaminados con el ADN de Cuauhtémoc. Rubia, hermosa y con clase, pareces europea. Comprobado: bastan dos pendejas mechas güeras en la cabeza para ser aceptada internacionalmente. Si de este lado son más nacos que los que escriben poesía en Starbucks. Lo que no sabía el galán es que en el liguero traía una 45 con la que le apuntaría directamente a los huevos si me sentía amenazada.

¿Te puedo invitar algo? Estuve a punto soltarle un chingadazo por usar un cliché tan mamón, pero su origen irlandés, con músculos y green eyes incluidos, me contuvieron. Nosotros también celebramos El Día de San Patricio porque todo un batallón de alemanes, irlandeses y polacos, luchó del lado mexicano en la guerra contra Estados Unidos (¿quiubo con el dato Wikipedia?, y ustedes que no me bajan de pendeja en Twitter).

El mamado de Zack, que así dijo que le llamara, era un buen espécimen para pasar el sábado por la noche en el LuLu de Coconut Grove. Luces, bares, tiendas de diseñador. Un hermoso barrio donde podía alejarme del cochambre tropical. Ya saben, Miami: ciudad con alma latina y chichis de silicona. Por aquí no vienen muchas mexicanas, se atrevió a decir el muy descarado cuando la mitad de los comensales y meseros hablaban español, y la tapatía que me estaba atendiendo me acababa de pasar el dato que en el Walmart de la 8 y la 70 vendían Pulparindos.

Zack estaba pendejo o, como todos los gringos que son verdaderos hijos de la chingada, navegaba con bandera de imbécil. A diferencia de los machos latinos miamenses, que siempre andan demostrando que son chingones y gritan y manotean al hablar y se comportan como simios y cuyo máximo logro evolutivo es el reguetón, los güeros se refugian en la inocencia de la cultura protestante. Te chingan en cuanto más frágil te encuentras. Son tan educados que hasta terminas agradeciendo la partida de madre.

Lo veía a los ojos para descubrir los pliegues de su conciencia. No parecía del FBI, pero sí, periodista. Me daban un putero de hueva estos vatos, siempre chingando. A las 10 de la noche yo estaba en una encrucijada, como las que alimentan las palabras de Borges (dos a cero, pinches putitos. Derramo cultura aunque se caguen). La decisión consistía en tomarme otra copa con Zack e irme a mi depa o llevarme, de una vez, puesto al gringo.

No podía tardarme más tiempo. Las ojeras están prohibidas en mi trabajo. Era el último fin de semana que podía pasar sola de shopping antes de regresar a México con los niños, el marido, las buenas maneras, la misa en la basílica de Guadalupe. Bueno pues ya: ¿pinche, Zack, rifas o te pandeas? Y no se pandeó el chingado representante del Imperialismo Yanqui.

En el lobby del edificio estaba Reynold, un negro a todísima madre que conseguía coca, cocadas y cocos con ron sin importar la hora. Good night, Madame… Do you want a special gift for you and your guest? Hi, Reynold, today is not one of those days. Thank you. Y deslicé la tarjeta de seguridad para subir al elevador.

Really, do you live here? Les digo, el Zack siguió con su actuación de puñetero cuando subimos al penthouse que daba frente a Bayfront Park, justo a unos metros del mar. No mames, esto está de rompe culos. Eso es lo que hubiera dicho si fuera un pinche mexican nahuatlaca relleno de tacos al pastor, pero como en este cuento el héroe es gringo sólo expresó: Wow, it’s incredible, but you, my love, you are the real beauty of this place.

Y después, para qué más detalles. Ya sabéis, copas, risas, excesos: cómo van a caber tantos besos en una canción. De esta manera es como plagio a Sabina, porque sí, me gusta Sabina y me vale que se enchilen, pinches chairos de clóset. Hay caprichos de amor que una dama no debe tener… y eso era Zack, un capricho que podía costarme caro.

Se tomó seis tequilas de la reserva que conservaba en mi departamento y ahí valió madre. Luego del primer round se me durmió el muy cabrón. Tuve tiempo de revisar su cartera. No traía ninguna evidencia de periodismo o de policía. ¡Chico malo, chico malo! Pude haberlo encañonado y pedirle a los rusos o a los cubanos que vinieran por él. En Miami estas dos mafias trabajan con un profesionalismo extraordinario. La única diferencia es que a los rusos sí se les entiende cuando hablan español.

Pero nada. Zack siguió durmiendo hasta el otro día. El sol iluminó la bahía. Supuse que el gringo estaría crudo. Pedí menudo del Rinconcito Mexicano de La Pequeña Habana. Mientras preparaba una michelada, al efebo lo despertó el timbre de mi celular junto a la cama. Hi, Darling. Shut up. My husband is calling. Era verdad, me llamaba mi marido. Buenos días, Señor Presidente, amor de mis amores. Sigo en Miami, pero no te preocupes hoy mismo vuelo para la Gran Tenochtitlán. Llego perfecto para la campaña en el Estado de México.

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