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México, una víctima más del 9-11 | Columna de Xalbador García

Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com

 

Vientre de cabra 


Antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre a las emblemáticas Torres Gemelas de Nueva York, los presidentes de México y Estados Unidos hablaban de una reforma migratoria integral, la famosa “enchilada completa”, que pusiera fin a un problema tanto económico como humanitario que aquejaba, y aqueja, a las dos naciones. En esos momentos, por increíble que parezca, Vicente Fox ostentaba un mayor capital político en su país, y ante el mundo, que George W. Bush, lo que le brindaba un espacio de maniobra en suelo estadounidense.

El presidente mexicano era el primer mandatario elegido democráticamente tras 70 años de la dictadura priísta. Nuestra nación estaba deseosa de cambiar y en él se conjugaban las esperanzas de todo un pueblo. “Despierta que ya amaneció”, anunciaban sus primeros promocionales al embestirse como representante del Ejecutivo, en clara referencia al “oscurantismo” que abandonábamos en el año 2000. La sociedad mundial le daba su respaldo a México porque había demostrado tener una democracia sólida.

En cambio Bush venía arrastrando una desgastante competencia electoral en contra del carismático John Kerry. La sospecha de fraude en su victoria había debilitado su arranque de gobierno. Además, la desaceleración económica amenazaba con hacer naufragar la economía estadounidense. Ante tal panorama, La Casa Blanca estaba paralizada. Le urgía empujar proyectos para rehabilitar la administración de Bush. La reforma migratoria integral podría ser el primer paso para la consolidación de su gobierno.

Sin embargo, llegó el 9-11. El horror que pudimos seguir en vivo por televisión aquel trágico martes por la mañana. Para quienes fuimos testigos no se olvidan aquellas horas donde el mundo cambió. En cuestión de días se inauguró un nuevo orden internacional donde el miedo al “Otro” —por su religión, por su color, por su cultura, por su ideología, por su comida, por su atuendo— se imponía como la base de las relaciones sociales. La globalización mostraba su rostro más perverso.

En tono mesiánico y ya convertido en el comandante en jefe del mejor Ejército del planeta, Bush advertía: “Quien no está con nosotros, está contra nosotros”. Y así daba inicio a la primera Cruzada del siglo XXI. No había tregua en la guerra que se lidiaba no sólo en Medio Oriente, sino en todo el mundo, en cualquier aeropuerto, autobús o escuela. El enemigo era el terrorismo, el Islam, el Otro. Pero entre esos Otros, por lo menos en suelo americano, también estaban incluidos los migrantes mexicanos. La reforma pretendida por Fox se perdía en el tufo del odio hacia los Otros.

Años después sucedieron dos cuestiones que hundieron aún más las esperanzas de una reforma migratoria en Estados Unidos. En 2006, Felipe Calderón inicia la guerra contra el narco. Un conflicto que dejó más de 60,000 muertos y 26,121 desaparecidos hasta 2012, según Human Rights Watch. La tragedia que, aún sin el apelativo de “guerra”, continúa y se agudiza cada hora con Peña Nieto. Aún con dos años por delante en su administración y sin haber cerrado 2016 ya se habla de las mismas 60,000 ejecuciones: mil 500 al mes, 49 cada día en México. Ningún país civilizado pactaría ni, por supuesto, abriría sus fronteras a un territorio sin leyes, donde la violencia es la norma.

La segunda cuestión que enterró la reforma migratoria fue la crisis hipotecaria de 2008 en Estados Unidos. Los bancos tomaron decisiones equivocadas e irresponsables, al otorgar hipotecas a quienes no podían pagarlas. Cuando la economía se desplomó, hubo varios analistas que acusaron a los propios banqueros de haber provocado la debacle asegurándose cuantiosas fortunas. Sin otra alternativa, el gobierno estadounidense entró al rescate de los bancos.

Frontera México- EUA

A pesar de las medidas oficiales, en una crisis económica de tal magnitud, las afectaciones sociales, laborales y empresariales fueron cuantiosas y la recuperación, lenta. Tanto, que hasta la fecha en suelo norteamericano se sufren las consecuencias de la caída financiera. Ante las circunstancias, habría que nombrar a los culpables de una situación que dañaba al pueblo estadounidense. Por supuesto, no podían ser los banqueros. La mirada se enfocó entonces en los extranjeros, ya de por sí sospechosos por incomprensibles. Los migrantes tenían que ser responsables de los graves problemas en Estados Unidos. Sí, los mismos que tienen costumbres raras, visten diferente, hablan una lengua extraña. Se demostraba así que el discurso tras el 9-11 seguía más vivo que nunca.

Donald Trump lo comprendió perfectamente y de esa manera nutrió a su discurso de campaña de odio y acusación hacia los migrantes, principalmente mexicanos y los creyentes del Islam. Los millones de votantes que lo apoyan no son casualidad. Saben la peligrosidad de los extranjeros porque vivieron el ataque terrorista de Nueva York, saben que México es un país donde la muerte es la constante y sufren los problemas de la crisis de 2008. Elementos que, aun sin tener relación, Trump se ha encargado de amalgamar con enormes dividendos.

Frente a un ambiente tan peligroso para los mexicanos de Estados Unidos y en México; incluso frente a un ambiente tan peligroso para la economía nacional que, ante la caída del petróleo, depende de las remesas para seguir a flote, se antojaría una posición inteligente, sólida y humanitaria por parte del gobierno nacional. Pero lamentablemente tenemos a Peña Nieto como presentante del Ejecutivo. El presidente que le abrió la puerta de Los Pinos a Trump.

Resultado del encuentro: el magnate ganó puntos en las preferencias electorales, Hillary Clinton se ha desmarcado del gobierno priísta; Videgaray, el artífice de la reunión, deja Hacienda y la popularidad de Peña se ha desmoronado. Lo más grave, la economía nacional está a punto del colapso y, sin importar quién gane al otro lado de la frontera, Peña Nieto no tendrá capital de acción ni con Trump ni con Clinton. Todo parece indicar que México sigue siendo víctima del 11 de septiembre.

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