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México en camino a la legalización de la mariguana

Un fallo de la Suprema Corte podría autorizar la mariguana recreativa en México; ¿qué se dice, en pro y en contra?

Por El Saxofón

El pasado 31 de octubre, la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió una jurisprudencia que permitirá cultivar y consumir mariguana con fines recreativos a cualquier ciudadano que solicite un permiso al gobierno federal.

El fallo, aprobado con cuatro votos a favor y solo uno en contra, fue visto como un paso hacia la legalización de la cannabis en territorio mexicano, medida que, por otra parte, ya ha sido anunciada por el próximo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que iniciará el 1 de diciembre.

Desde luego, una iniciativa como esta despierta posiciones encontradas.

Cuestionada al respecto, la próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, respondió con entusiasmo: “¿Te digo? ¡Yes! Me da muchísimo gusto”, dijo la exministra de la Suprema Corte y explicó que el fallo de los magistrados “está fundado en dos derechos fundamentales: el libre desarrollo de la personalidad y la autodeterminación”.

Sin embargo, al día siguiente, el secretario de Salud actual, José Narro Robles, alertó: “Lo tengo que decir como médico y secretario de Salud, la mariguana genera adicción. La mariguana a la gente joven le afecta”, declaró tras afirmar que, no obstante, como autoridad, acatarían el fallo de la Corte.

Cabe señalar que el debate sobre la legalización del consumo recreativo está basado en argumentos morales o emocionales, más que en evidencias sobre los posibles costos y beneficios de dichas políticas, advierten algunos expertos.

Quienes están en contra lo hacen por seguir el discurso imperante de que la marihuana es una droga, y por lo tanto es nociva. Quienes apoyan la legalización lo hacen porque consumen o porque conocen a gente que consume, y no notan en ellos algún comportamiento negativo.

El ciudadano común y corriente está acostumbrado a relacionar el consumo de marihuana con actitudes antisociales, sin embargo, en realidad, el perfil de los consumidores de cannabis en el país es desconocido: hay muchas personas que consumen la hierba, y no andan por ahí delinquiendo; tienen “un modo honesto de vivir” y viven en apego a las leyes que rigen este país.

Lo primero que hay que entender es que, en esta sociedad, además de esos fumadores de “weed” que acostumbran fumar marihuana en las esquinas de su colonia e importunar a los transeúntes, drogarse para delinquir o delinquir para drogarse, coexisten otros que no necesariamente están relacionados con actividades delictivas (salvo la compra de la hierba en el mercado negro) y que gustan de embriagarse con Tetrahidrocabinol (THC sustancia activa de la marihuana), en lugar de hacerlo con alcohol. Y lo hacen con meros fines “recreativos” o “lúdicos”, para “relajarse”, pues.

Sin embargo, la narrativa que persiste es la del temor, la satanización y la criminalización de los consumidores; acaso por eso, no hay quien se atreva a decir públicamente que es un fumador, o un consumidor más o menos habitual, dejando claro que su adicción no lo ha llevado a abandonar sus responsabilidades, ni a causar algún daño a los integrantes de su círculo cercano.

Desafortunadamente, tienen más difusión los relatos de aquellas personas que, habiendo consumido una droga, no han podido contenerse y han caído en una adicción severa. Al final, en estos casos, el resultado es el mismo, dejan sus trabajos, se alejan de sus familias y si bien les va, terminan recluidos en un anexo; luego se convierten al cristianismo y predican contra las drogas.

Pero la realidad de muchos consumidores responsables es distinta. Sus hábitos de consumo podrían equipararse a los de todos aquellos ciudadanos que aguardan el fin de semana para embriagarse con alcohol, y el lunes acuden con normalidad a su trabajo, o cuando mucho con algo de resaca.

A favor de la marihuana habría que decir que no produce ninguna resaca, y torna al fumador en un sujeto más bien pacífico (a menos que ya sea agresivo de por sí), en contraste con el alcohol, que sí es una droga legal, y cuyo consumo es socialmente aceptable, aunque ocasiona otros tantos daños (homicidios, accidentes, violencia familiar, etc).
El escritor Antonio Escohotado, en su libro Aprendiendo de las drogas, señala que la cannabis, a lo largo de la historia ha sido una hierba de uso profano o religioso.

“La experiencia humana con marihuana y hachís se remonta a tiempos inmemoriales. Los más antiguos restos de fibra de cáñamo, que proviene del cuarto milenio a. C., se han encontrado en China. La religión védica arcaica veneró la planta, denominándola “fuente de felicidad y de vida”; las tradiciones brahamánicas posteriores consideran que su uso agiliza la mente, otorga salud y concede valor, así como potencia sexual”.

Escohotado aclara que la toxicidad de la marihuana no es letal, como podría ocurrir con otras sustancias.

“No se conoce ningún caso de persona que haya padecido intoxicación letal o siquiera aguda por vía inhalatoria”. Este dato, subraya, “cobra especial valor considerando el enorme número de usuarios cotidianos”.

El autor no obstante, refiere algunos efectos que la marihuana puede producir, y que se asocian al temor que genera el consumo de esta hierba.

Si se combina con alcohol, en algunos casos, la mariguana puede producir “lipotimia”, que no es otra cosa que “una brusca bajada de tensión”. Otros síntomas, dice Escohotado, pueden ser “náuseas y vómitos”, los cuales son “siempre hipocondrias o somatizaciones” pasajeras.

“Episodios de este tipo”, dice “suelen superarse con simples explicaciones y una actitud amable de quienes acompañan al asustado” fumador.

Otros efectos secundarios, más habituales, son “sequedad de la boca” y “buen apetito”, dilatación de los bronquios, leve somnolencia y moderada analgesia.

“La duración de esta ebriedad es variable. Comienza a los pocos minutos de fumar, y alcanza su cenit como a la media hora, desvaneciéndose normalmente entre una y dos horas después”.

En contraparte, gracias a la marihuana, reconoce Antonio Escohotado, “Se captan lados imprevistos en las imágenes percibidas, el oído —y especialmente la sensibilidad musical— aumentan, las sensaciones corporales son más intensas, el paladar y el tacto dejan de ser rutinarios.


“Esta suspensión de las coordenadas cotidianas hace aflorar pensamientos y emociones postergados o poco accesibles. Con variantes potentes y sujetos bien preparados, cabe
incluso que se produzca una experiencia de éxtasis en el sentido antes expuesto, con una fase inicial del “vuelo” o recorrido fugaz por diversos paisajes y otra de “pequeña
muerte”.

Aclara que “Naturalmente, este tipo de trance resulta tan buscado por quienes sienten inclinaciones místicas”, pero es “abominado por quienes pretenden simplemente pasar el
rato”.


Charles Baudelaire solía decir que acercarse a la droga era como acercarse a una fiera, es decir implica un riesgo que a veces vale la pena correr.

La siguiente cita de Antonio Escohotado, glosa algunas de las experiencias que provee esta droga al usuario responsable.

“Por una parte están las risas estentóreas, la potenciación del lado jovial y cómico de las cosas, la efusión sentimental inmediata, el gusto por desembarazarse lúdicamente de inhibiciones culturales y personales.

“Por otra hay un elemento de aprensión y oscura zozobra, una tendencia a ir al fondo —rara vez risueño— de la realidad, que nos ofrece de modo nítido todo cuanto pudimos o debimos hacer y no hemos hecho, la dimensión de incumplimiento inherente a nuestras vidas.”

La embriaguez de la marihuana permite acceder a regiones que la conciencia tiene vedadas al ser humano. Si una persona la usa para evadirse de la realidad o de sus problemas, error: es muy probable que, durante el “viaje” sus problemas aparezcan con mayor intensidad. Si se usa con moderación, como cualquier otra sustancia que altere los sentidos, no habrá mayor consecuencia.

Para seguir citando a un experto, Escohotado señala “Como fármaco recreativo, la marihuana tiene pocos iguales”. El autor destaca “Su mínima toxicidad, el hecho de que basta interrumpir uno o dos días el consumo para borrar tolerancias”, en incluso “la baratura del producto en comparación con otras drogas”.

No obstante, reconoce: “El inconveniente principal son los ‘malos viajes’ —casi siempre de tipo paranoide— que pueden hacer presa en algún, consumidor.
“Sin embargo, esos episodios quedan reducidos al mínimo entre usuarios avezados, y se desvanecen fácilmente cuando los demás prestan a esa persona el apoyo debido”.

Advierte que “El entusiasmo inmediato, tan sano en sí, suele contener enormes dosis de insensatez y vanidad, que se dejan escudriñar bastante a fondo con ayuda de una buena marihuana.

“Por supuesto, muchas personas huyen de la depresión como del mismo demonio, y considerarán disparatado buscar introspección en sustancias psicoactivas. Pero otros creen que convocar ocasionalmente la lucidez depresiva es mejor que acabar cayendo de improviso en una depresión propiamente dicha, cuando empieza a hacer aguas la frágil nave de nuestra capacidad y propia estima.

“En otras palabras -dice-, un ‘mal viaje ocasional’ con marihuana podría ser útil”, a cualquiera.


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