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México a cuestas y… en vilo | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Enred@rte

 

No nos une el amor sino el espanto

será por eso que la quiero tanto.

Jorge Luis Borges

 

Antes de hacer estudios en la UNAM, viví en Costa Rica medio año, en Colombia 10 meses, y luego transité por el resto de Latinoamérica continental durante 40 mil kilómetros y 6 meses.

Experiencia tan inimaginable como excepcional, capaz de cambiar la percepción vital para siempre. Nunca renuncié a ese sentimiento forjado con sabiduría por José María Pérez Gay, en su novela La difícil costumbre de estar lejos, que desentona por su raro maridaje de amenidad y cultura, de pasión y razón, de humor y desgarramientos del corazón en su trágico y ridículo paso por el mundo; una lucha del personaje por volverse legible a sí mismo, y a los otros, y al mundo -y hasta las remotas imágenes prehispánicas o templarias-.

Ese sentir y pensar lo percibí también el sábado pasado cuando una amiga radicada en Francia, a través de una llamada telefónica, afirmaba sus logros y aprendizaje luego de varios lustros en el extranjero, pero con la atención y preocupación a cuestas respecto a los aconteceres mexicanos.

“Nunca desde nunca vi tanta desazón en México” –palabras más o menos- , dijo Gabriel García Márquez, cuando a principio de los ochentas recibió el premio Nobel de literatura.

Hoy estamos los mexicanos más abajo del “nunca desde nunca” y, una vez más, preocupados ante la posibilidad de un nuevo fraude electoral.

Pero a decir compartido, lo mismo por los de a pie y por los letrados, ¡ya estamos hasta la madre! Al tiempo, los perfomances y disimulos desde el poder parecen agotados. Es mejor desconfiar.

La corrupción institucionalizada y su operario mayor, la impunidad, son inocultables.

Los amorosos son locos, sólo locos,

sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas.

Sorprende, mas, ya no asombra, leer escritos de columnistas reclamando la urgencia del cambio y la inminencia del mismo. Empero, no debemos confiar.

Jorge Zepeda Patterson, parodia los infundios de otros días y titula su colaboración de la semana pasado “Peña Nieto, un peligro para México”. Así lo expresa: en su afán por darle una oportunidad a su candidato, el partido en el poder está desmantelando la escasa credibilidad que podía tener el Estado. Y eso es una tragedia. El peligro para México no es que llegue al poder un candidato de izquierda o un opositor crítico como ha sido López Obrador. El verdadero peligro es que se instaure una cultura política que permita que las instituciones públicas se conviertan en instrumento faccioso para la sobrevivencia de un grupo a cualquier costo.

“En complicidad con el poder legislativo, la presidencia ha desmantelado todas las fiscalías que le pueden ser adversas en el proceso electoral; ha construido una Suprema Corte a modo y ha tomado posiciones mayoritarias en el Trife y el INE, instancias que supervisarán y calificarán las próximas elecciones. Se afirma que la única posibilidad de la oposición para llegar a Los Pinos (sea Morena o el Frente) es mediante un margen de diferencia de tal magnitud que la presión nacional e internacional impida el robo descarado de la elección”.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

de las que creen en el amor

como una lámpara de inagotable aceite.

Jaime Sabines

Por México, esta vez debemos afirmar el cambio de régimen. El prianismo, hoy en aparente litigio –Anaya versus Meade-, se muerde la cola en este momento, pero el dinosaurio enfermo y maltrecho, puede aún manotear, arrebatar, pervertir es su divisa. No debemos confiar. El juego no se acaba hasta que se acaba, a decir del Mago Septién.

Sorprende. Hasta Salvador Alva, el rector del Tecnológico de Monterrey, institución conservadora y fábrica de patronos, manifiesta un marcado desacuerdo con la postura oficial en precampaña. Esto opina: no hay forma de que José Antonio Meade gane la elección que viene. (…) Asumo que el enojo contra el PRI excede al miedo a Morena…y que los Mexicanos (sic) son capaz de todo, porque no soportarían otro robo a su dignidad…el pueblo está harto de éstos ladrones sinvergüenzas.

“Peor aún, creo que lo que tendría que hacer el PRI para lograr una victoria garantizaría un conflicto postelectoral de una magnitud que nuestra generación nunca ha visto y que se le saldría de las manos al Estado, lo que repercutiría y garantizaría la cárcel a Peña y su equipo, no solo por fraude electoral sino por represores del Pueblo. Traición a la Patria”.

México requiere recuperar su identidad, símbolos y haberes de los que fuimos despojados: producción agropecuaria, soberanía, salarios justos, petróleo, ferrocarriles, seguridad pública, educación de calidad, creación y consumo artístico al alcance de todos.

***

Es hora de superar el trauma histórico de perdedores y resignados. No sólo México, el mundo requiere de nuevos paradigmas. Ensayos de futuro/presente son más factibles en una nación joven, como la nuestra. Y hasta la milenaria China se atreve.

Tenemos el recurso humano, el capital científico, la diversidad biótica. Mal repartidos, pero existen. La peor democracia posible y los máximos índices de corrupción e impunidad. Eso tiene remedio. Asunto de inteligencia y tamaños. La paciencia está agotada, la desconfianza no.

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