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Mexicanos al grito de p*** | Columna de Adrián Ibelles

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Estoy seguro que en LaOrquesta.Mx tenemos gente más capacitada para hablar del tema, pero mientras Jesús Alejandro Tello o Paul Ibarra se pronuncian al respecto, tocaré el tema cuando no se ha perdido entre las aspiraciones del Tri en la Copa Confederaciones 2017 y los memes de Chichadios.

Ya antes el famoso “¡Ehhh… Puto!”, grito que lo mismo sirve (o se ha justificado así) para intimidar al guardameta rival y cotorrear con la banda, se había ganado un lugar especial en la polémica internacional. Basta recordar que en la pasada copa del mundo se hizo visible (y audible) la crítica situación que existe en nuestro país en cuanto a los hábitos y costumbres cuyo significado no dimensionamos.

Yo también lo llegué a gritar en el estadio, y debo confesar que en ese momento no entendía la connotación que llevaba consigo; inocente no, omiso. Lo mismo fuera del ámbito futbolero, donde el puñal, el joto o el ser gay era un mote tan común como despectivo.

Quizás es el tiempo de despertar las conciencias, analizar un poco qué decimos y la razón de ello. Ahora regreso a esos días y me cuesta pensar que una forma de insultar era asumir que se vale menos por tener una preferencia distinta. 

El que la FIFA haya hecho un señalamiento tan fuerte al tema preocupa; el que hayan tenido que dar un ultimátum para que ahora sí se tomen en serio las repercusiones es tristísimo. No creo que el aficionado mexicano deba ser reconocido por su terquedad, ni mucho menos por su intolerancia o una vil ignorancia. No cuando hay aficionados (“incondicionales” les llama el merchandising) que viven con tanta pasión sus colores. Y si no que les pregunten a los del San Luis. 

El no distinguir entre el deporte y la violencia es un vicio deleznable que nos vendría bien cuestionar, más cuando en los estadios hay niñas y niños que crecerán diciendo cosas que sus padres no entendían y jamás se preocuparon por cuestionar.

Hay formas más no sólo políticamente correctas, sino también con más sentido, que pueden utilizarse en el calor de los ánimos futboleros. La prueba estuvo en el partido de ayer, donde los aplausos se intercambiaron por la burda exclamación. 

Un deporte tan bello merece más que cuatro letras y una multitud que no sabe lo que dice cuando las grita.

Sigan en sintonía

@Adrian_Ibelles

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