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Mi Mejor Enemigo | Columna de Alma Barajas

La Capitana #13

 

Sucede que recientemente, se realizó un encuentro deportivo entre dos grupos que tenían una peculiaridad en su uniforme. Amarillo y guinda. Solo era una cascarita, dijeron algunos. Somos del Barrio, dijeron otros. ¿Por qué esos colores? La duda del millón, o tal vez sea más certero escribir, la duda de los 50. Eran casi 50 espectadores los que presenciaban dicho encuentro amistoso de futbol, en esas canchas terrosas de cierta colonia potosina.

Inició el partido y las playeras, vaya que destacaban, más las amarillas que las guindas. La gente mentaba madres y como es de costumbre, usaban esas especificas palabras insultantes con tendencia homofóbica constantemente. Entonces el público empezó a enfurecerse. El árbitro claramente tenía una inclinación hacia el equipo de amarillo. Eso no tenía nada de amistoso.

Ese encuentro deportivo se parecía tanto a la película “Mi Mejor Enemigo”, qué obra tan interesante: película chilena, argentina y española del 2005. Casualmente en esta trama se desarrolla el encuentro de dos grupos de soldados que cuidan el límite de las pampas de la Patagonia, un grupo chileno y un grupo argentino. La historia, se desarrolla en la guerra por la conquista de las Islas Picton, Nueva y Lenox entre Argentina y Chile.

La película, expone una forma de amistad relativa entre ambos grupos, son enemigos, pero ambos tienen órdenes de no cruzar la línea fronteriza para no iniciar una guerra que aún puede detenerse. Estos soldados dentro de su larga y aburrida espera en aquella frontera, y con el temor a decirse “hola” a su “enemigo”, de manera silenciosa comienzan a fraternizar, todo gracias a un hermoso balón de futbol hecho de trapos.

Acá pasaba algo así, todos eran amigos, todos eran del barrio, pero sus colores seguían causando polémica entre la porra. Será que la gente está ahora tan llena de política en su cabeza que es difícil separar un acto simple y cotidiano de uno político y publicitario. De la nada comenzaron a relacionar aquel encuentro de futbol amistoso con Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, ambos como ya se sabe, precandidatos a la Presidencia del país.

Gritaban por un lado la canción de “Movimiento Naranja” y por otro “Es un honor estar con Obrador”. No negaré que fue terriblemente cómico, pues ambos equipos jamás buscaron propiciar una situación de tal índole, pero lo hicieron. Y como consecuencia, el encuentro se torno un tanto pesado. Las personas no competían ahora en un encuentro amistoso, ahora la competencia era política. Y el árbitro ya tenía el sobrenombre de “INE”.

“¡INE vendido!” “¡INE vendido!” Decían cuando la falta no era justa para el respectivo bando. Esto deja mucho que pensar, apenas va iniciando el camino electoral y por todos lados hay bombardeos subliminales de propaganda política, es increíble que un partido de fútbol se torne en una lucha de gritos sin sentido, cuando se trataba solo de un juego donde el objetivo era recaudar dinero y usarlo para arreglar áreas verdes de dicha colonia.

Esto apenas es el inicio, y si lo ven desde una perspectiva objetiva, el fútbol es un arma fuerte para cualquier hombre mortal en busca de reconocimiento. Tan bello deporte este. Obviamente con sus mafias internas y sus problemas generales, pero aún así es bello, ojalá no pase a mayores, y este encuentro amistoso con tintes “políticos” inventados, no se expanda y llegue a encuentros que realmente incidan en decisiones de públicos mayores, eso sí que sería una tremenda decepción.

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