DeportesRudeza necesaria

Más grande que Tigres | Columna de El Mojado

Rudeza necesaria

El mame parece incontrolable. Los aficionados Tigres quieren ser reconocidos como el quinto grande del futbol mexicano. En respuesta, se han llevado chascos del tipo “la pelusa que me sale del ombligo es más grande que Tigres”.

En esta época de gigantes adormilados y en la que cada semestre, la baraja de posibles campeones en la Liga MX es diferente, el término grandeza causa escozor en todos.

Algunos especialistas han planteado una solución injusta: decir que en México no hay grandes. “Grandes son Real Madrid, Juventus, Barcelona, Manchester United”, responden casi como mantra, queriendo comparar historias futbolísticas dispares.

Creer que solo los que tienen aficionados en los cinco continentes, pueden hacer contrataciones multimillonarias y facturan fortunas por la venta de camisetas pueden ser considerados grandes, es incluso como negar la existencia del futbol mexicano.

Otros, menos radicales pero -eso sí- más timoratos, han evitado utilizar la palabra grandes para describir a América, Chivas, Cruz Azul y Pumas. Los “cuatro populares” del futbol mexicano, dicen, para evitar discusiones acerca de la grandeza.

Yo no estoy de acuerdo con ninguno. Ni con los que niegan la grandeza para todos, ni con los que evitan la palabra y de paso las confrontaciones. Ni con los Tigres que esperan estar en la lista como “el quinto grande”, ni con los envidiosos que dicen que cualquier cosa es más grande que Tigres.

Entiendo que es un mame, que se trata de la burla muy justa y hasta necesaria, mientras no caiga en la violencia, en las canchas del futbol mexicano y en las redes sociales, pero negar la grandeza actual de la U de Nuevo León es una absoluta ceguera futbolística.

Tigres no solo tiene la nómina más cara del futbol mexicano, sino que cuenta con una plantilla ya histórica, pues aunque no exista para ellos un dominio avasallador (que no ha tenido nadie desde el Toluca de Enrique Meza, y nunca pudo ganar campeonatos espalda con espalda), sí es el club que rompe cada semestre el mercado de transferencias, con incursiones que de un tiempo para acá, solo han logrado sumar y sumar a un plantel bastante completo. Tigres es además un atractivo para el torneo local. Genera interés ir a ver a la escuadra del Tuca Ferreti en los estadios donde se presenta.

Eso, ya habla de grandeza. No en el pasado, pero sí en la actualidad.

Promocional oficial de Tigres con el actor estadounidense Rob Schneider, aficionado al equipo felino

Para los aficionados de Tigres, en cambio, pedir ser incluidos en la lista de los grandes habla de un complejo de inferioridad ante el resto. Las opiniones de grandeza para los clubes no pueden ser convenidas, por las rivalidades existentes en el futbol. Cada equipo es grande o no según la visión subjetiva que tenga una persona por lo que lo haya hecho vivir ese club. La objetividad aquí, como en todos los casos, no existe.

Entonces, cada persona cuenta con su propia visión de grandeza, pero ninguna afición considera al suyo como un equipo chico. Incluso, en el caso particular del futbol mexicano, hasta las franquicias nuevas -sus aficionados, pues- pueden asirse a clubes anteriores y algunos éxitos regionales para hablar de grandeza.

No me estoy contradiciendo con todas las veces que he dicho que Cruz Azul, mi equipo, ya no es un grande. La historia de La Máquina, con los fracasos recientes incluidos, es innegable. A los azules, hasta su serie de frustraciones le ha sumado para su grandeza. Es decir, se ha hecho más grande al dejar de ser grande. Cruz Azul es el más grande para fallar, es a lo que me refiero, porque sus errores son magnificados hasta el tamaño de la burla y la ridiculez.

Por eso, no es bueno estar juzgando los tamaños del resto de los equipos, pero tampoco estar pidiendo que reconozcan la grandeza del propio. Por fortuna, el futbol aún no es asunto de ver quién la tiene más grande.

@RconRMacuarro 

 

También recomendamos: ¡Qué bueno que vuelvas! | Columna de El Mojado

Previous post

#AtléticoDeSanLuis | De la duda al rojiblanco

Next post

Países ricos y felices | Columna de Jorge Ramírez Pardo