Sin partitura

Los rostros de la trata | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

¡Van a venir por ti las Poquianchis!, era el grito para infundir terror en niñas y niños durante los 80’s y así lograr su obediencia en indicaciones de papá y mamá. Las Poquianchis fueron sinónimo de “el coco”, “el señor del costal” o algún otro artífice como recurso didáctico para dar indicaciones de lugares, horarios y juegos que debían evitar los infantes. Con la diferencia de que las proxenetas o madrotas sí existieron y pese al amarillismo que rodeó la investigación desatada en 1964, las evidencias fueron contundentes para recluir a cuatro hermanas por los multihomicidios y otros delitos derivados de su oficio de tratantes.

Por si le pasó desapercibido, cada 30 de julio se pretende recordar como el Día Mundial contra la Trata. Proclamar un día especial tiene la finalidad de concientizar, llamar la atención y sensibilizar de un problema que debemos resolver. En nuestro estado esta y otras conmemoraciones pasan inadvertidas y tiene una explicación: las autoridades niegan que exista el delito, por eso no esperamos hagan acciones acordes a este día, señalado por la ONU y signado por nuestro país.

En una investigación reciente, Hispanics in Philanthropy, organización sin fines de lucro, presenta un informe denominado “Trata de Personas en México”, en el que visibiliza la problemática, señalando que el delito está vinculado directamente con la presencia del crimen organizado, quienes lucran principalmente a través del trabajo forzado y prácticas análogas a la esclavitud en casos de prostitución forzada y explotación sexual. Valdría la pena que autoridades se acercaran este material, pues citado está nuestro querido San Luis.

A nivel nacional tenemos testimonios que apuntan a Tenancingo, Tlaxcala, localidad donde hay redes familiares de tratantes que obligan a prostituirse a miles de mujeres. La sobreviviente Karla Jacinto dio su testimonio, señalando que a los 12 años conoció a un hombre quien la enamoró y obligó a prostituirse. En su desgarrador relato menciona la existencia de menores de edad víctimas. La falta de desarrollo físico no les importa a los usuarios, como tampoco toman en cuenta los rostros tristes que delatan la violencia por la que son explotadas. Karla fue testigo de cómo las cuidadoras golpeaban a mujeres, incluso obligándolas a consumir alcohol y drogas. A base de patadas y puñetazos se provocan abortos clandestinos y muchas sufren la separación de sus hijos.

La periodista Lydia Cacho, especialista en el tema y que ha sufrido tortura, secuestro, amenazas de muerte y persecución desde la publicación de su obra Los Demonios del Edén, menciona que “en nuestro país aún estamos en una fase de comprensión de la problemática, quien crea que México está listo para reaccionar y abatir la trata de personas, se equivoca”. La trata es el negocio ilegal más lucrativo actualmente, de tal suerte que quienes se dedicaban al tráfico de drogas y venta ilegal de estupefacientes han preferido variar el giro hacia este delito. “La droga la vendes una sola vez, a una mujer la puedes vender muchas veces”, reflexionan los delincuentes.

La trata de personas y no “trata de blancas” como arcaicamente se hacía llamar, está sancionada por la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los delitos en Materia de Trata, y se define como “cualquier acción u omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar, transferir, retener, entregar, recibir o alojar a una o varias personas con fines de explotación”.

Los rostros de la trata, aunque pasen invisibles para autoridades y la sociedad en general, están presentes en la condición de siervo, cualquier forma de explotación sexual, el trabajo o servicio forzado, la mendicidad forzada, la utilización de personas menores de 18 años en actividades delictivas, la adopción ilegal, el matrimonio forzoso o servir al tráfico ilegal de tejidos, órganos o células de seres humanos vivos y la experimentación biomédica ilegal en seres humanos. Esto nos ayudará a pensar en niñas y niños en la pisca, corte de caña o jitomate, migrantes de paso usados para trabajos forzosos, trabajadoras del hogar incomunicadas con su familia o productores de mezclilla en condiciones insalubres, jornaleros indígenas y un gran etc.

Enlistado lo anterior, más no de forma exhaustiva, dígame usted si se requiere una investigación profunda o no sobre los diferentes rostros que circulan en nuestra ciudad capital y el resto de las regiones potosinas, para después de un estudio serio y minucioso poder afirmar categóricamente que en San Luis Potosí no hay personas en situación de trata, como de forma irresponsable lo ha hecho el procurador.

Imagen del filme de Felipe Cazals, Las Poquianchis.

Quizá las autoridades tienen como argumento la inexistencia de denuncias, pero los especialistas señalan que ocho de cada diez casos de trata no son denunciados, esto por la falta de confianza en las autoridades, por la situación de vulnerabilidad de las víctimas quienes viven sometidas bajo amenazas y porque históricamente se ha demostrado en muchos casos que los tratantes actúan bajo la anuencia de autoridades locales.

A la Procuraduría General de Justicia en el Estado: ¿cuántos operativos coordinados con especialistas en diferentes áreas han realizado con fines de localizar mujeres en situación de trata? ¿Cuántas investigaciones a fondo, después de localizar mujeres desaparecidas donde están involucradas redes se han logrado concluir con detención de delincuentes? En San Luis Potosí hacen falta acciones para la prevención el delito, pero lo más grave es la falta de voluntad para reconocer la problemática. No nos hagamos de la vista gorda. El día que el procurador recorra a pie un perímetro de tres cuadras al edificio de seguridad, seguro cambiará su percepción .

Usted, amigo lector, podrá hojear Las Muertas, obra cumbre del desaparecido Jorge Ibargüengoitia, verá el filme Las Poquianchis en la versión de Felipe Cazals, pero ambas historias, en su crudeza, jamás serán tan desgarradoras como los testimonios directos de personas víctimas de este delito.

 

También recomendamos: Felices vacaciones | Columna de Ricardo Sánchez García

Previous post

John Kelly jura como secretario de la presidencia

Next post

Aguilar Camín tiene razón sobre AMLO | Columna de Luis Moreno Flores