#4 TiemposSan Luis en su historia

Los primeros años de Jaime Nunó | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

 

Según los archivos parroquiales de San Juan de las Abadesas, el genearca del apellido Nunó,  que originalmente era Nonó, fue Miguel Nonó que nació en ese pueblo el año de 1550 y engendró con su mujer, de nombre Gracia, 14 hijos. Durante 4 generaciones se conservó el apellido Nonó hasta que Francisco que nació en 1779 y que casó con Magdalena Roca y Joncar cambió la primera “o” por “u” y así impuso a sus 7 hijos el apellido de Nunó en vez de Nonó porque, se decía que, era un apellido de origen francés y con el cambio pretendía castellanizarlo, y en efecto, descendían de una familia del Rosellón que en un tiempo fue provincia francesa, actualmente es un Departamento de los Pirineos Orientales. Seguramente Francisco ignoraba que el año 1550, en que nació quien dio origen a su apellido, el pueblo de San Juan de las Abadesas pertenecía a Cataluña y que en 1659 como resultado del Tratado de “Paz de los Pirineos” pasó a formar parte del territorio francés, situación que duró hasta 1678 en que pasa a formar parte de Gerona, distrito de Ribas en Cataluña, España.  

Este hombre quien, cambió el apellido, fue el padre de nuestro ilustre Jaime Nunó que nació en séptimo lugar el 8 de septiembre de 1824 en San Juan de las Abadesas.

La familia Nunó Roca y Joncar, vivía pobremente manteniéndose de una pequeña fábrica de la tela que llamaban estameña y que consistía en un tejido basto de estambre que se utilizaba principalmente para confeccionar hábitos religiosos; Francisco tejía y Margarita hilaba.

Un día que Francisco salió al bosque cercano por leña, fue picado por una víbora y murió momentos después dejando en la miseria a su esposa y a sus tres hijos: Teresa de 14 años, Juan de 9 y Jaime de 5.

Tres años después de la muerte del padre de Jaime, apareció en San Juan de las Abadesas y en los pueblos aledaños, el cólera que causó muertes sin cuento al grado que esos pueblos quedaron casi desolados por tanta muerte y porque familias enteras abandonaban los pueblos para establecerse en otros donde se creía que estaban a salvo de dicha enfermedad.

Margarita, emigró también a Barcelona donde tenía parientes, pero solamente Jaime la acompañó al destierro voluntario porque sus dos hijos mayores se negaron a abandonar su tierra natal. Grande fue la  sorpresa de Margarita y Jaime al llegar a Barcelona y enterarse que también aquél pueblo estaba siendo víctima de la peste. Tamaña impresión y al ver que ahí encontraban también aquel jinete del Apocalipsis del que venían huyendo, Margarita fue víctima de una incontrolable depresión y pronto se contagió del cólera que en pocos días se la llevó a la tumba sin que Jaime se hubiera dado cuenta porque sus tíos la sacaron antes de morir para curarla.

Bernardo Nunó, que así se llamaba el tío de Jaime, de acuerdo con su esposa, adoptaron a Jaime como hijo debido a que no tenían descendencia. Sus padres adoptivos le ocultaron todo el tiempo que fue posible, la muerte de su madre a la que con el tiempo y el gran cariño que recibía de sus nuevos padres olvidó por completo.

Jaime, muy pequeño aún en su pueblo natal, había recibido de su hermano Juan que era organista en la iglesia parroquial, las primeras lecciones de música. Bernardo al ver que su sobrino, ahora su hijo adoptivo, tenía dotes musicales le consiguió acomodo en el coro de la catedral en Barcelona. Al poco tiempo de haber ingresado, quedó vacante la plaza de soprano solista y por su destacada actuación se le permitió tomar parte en el concurso para ocupar esa plaza, en esta competencia Jaime salió airoso y durante 7 años ocupó tal cargo, hasta que la edad lo hizo cambiar de voz, por esta razón ya no había lugar para él en el coro catedralicio, pero el obispo y el capellán de la catedral se habían percatado de sus excelentes dotes para la música, lo tomaron bajo su protección y lo enviaron a Italia para que tomara lecciones de composición con el notable maestro Saverio Mercadante.

Concluidos sus estudios de composición regresó a Barcelona y se estableció, primero, en Sabadel y luego en Tarrasa, poblaciones cercanas a Barcelona, donde se dedicó a escribir música y a dirigir pequeñas orquestas.

Al poco tiempo regresó a Barcelona porque consideró que allí podía ejercer su profesión con mayor éxito.

Para entonces ya había compuesto aproximadamente 200 piezas para baile, un buen número de ellas eran valses. También compuso música clásica alcanzando hasta 40 composiciones de este tipo entre éstas se encontraban misas, motetes y arias.

Su fama como compositor y director de orquesta creció de día en día pero más famoso se hizo como ejecutante del cornetín de pistones que dominaba con gran maestría debido a que a partir de 1845 y durante varios años sirvió a España en los regimientos militares de reserva. En 1851, en reconocimiento a sus méritos musicales, el gobierno lo nombró Director de la Banda del Regimiento de la Reina. En octubre de este mismo año fue enviado a la Isla de Cuba para que aquí organizara las primeras bandas militares que se consideraban indispensables en los cuerpos que guarnecían esta posesión española. A Jaime Nunó se debe la creación de la primera banda militar que dirigió y organizó para el Segundo Regimiento acantonado en la Habana en donde también por primera vez él introdujo el uso de los instrumentos de metal, con boquilla circular.

También recomendamos: Juan de Zavala: Primer impulsor de la educación superior en SLP | Columna de Ricardo García López

 

Nota Anterior

El papá y su hija futbolista | Columna de Alma Barajas

Siguiente Nota

El sufragio, un deber | Columna de Ricardo Sánchez García