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Los priistas se avergonzaron de la victoria | Columna de Óscar Esquivel

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Omisión…el pecado de dirigentes.

Con el mundo a cuestas, un campesino llamado Rigoberto de estirpe muy humilde, de grandes manos y poco atento al camino, tomaba desde su cintura el gran cesto de carrizo lleno de naranjas “la cosecha había sido muy buena”, tenía la oportunidad de llevarlas al mercado más cercano a venderlas, casi todos los días durante este periodo de cosechar lo que se había sembrado vendía todas sus naranjas a menudeo, el resto las mercaba al mayoreo en el centro de abastos de la ciudad capital de su estado, tan rico en la agricultura y la ganadería; pensaba optimista –mis  hijos tendrán un futuro promisorio-.

Un día llegó un hombre al pueblo, sonrisa contagiosa se veía un tipo de “éxito”, todo un revolucionario, acompañado por un puñado de jóvenes, mujeres, empresarios de vanguardia, bajaron de sus grandes camionetas,- estos sí son seres de valía- Rigoberto los miraba de reojo siempre pensando que él podría llegar a ser como ellos.

Este hombre encumbrado, llamó a todos en el pueblo, prometiendo tecnificar el campo, duplicando y hasta cuadruplicando sus cosechas y por supuesto sus ganancias también. La gente enloqueció, los primeros años todo muy bien, se organizaron de tal manera que todo fue felicidad. Pero de pronto, surgieron líderes internos incondicionales al ”revolucionario” y todo cambió, las ganancias de las cosechas comenzaron a nunca llegar a manos de Rigoberto, los apoyos de tecnificación solo serían entregados con una copia de sus identificaciones oficiales, las escuelas ya no eran las mismas, el agua escaseaba, los caminos se acabaron por el tráfico intenso de los camiones de carga y ya nunca se les dio mantenimiento… el pueblo se desmoronó.

Y así, en la tierra de paz comenzó la violencia, llegaron los malos, compraron las conciencias de muchos y entraron al negocio de la droga, otros emigraron al norte o a las ciudades, aquel mundo de tranquilidad de Rigoberto había cambiado, el mismo se hizo flojo, ya no le interesó el campo, pensaba- total, tengo mi PROSPERA- de vez en cuando me regalarán una televisión o la computadora de mi hijo, se decía a sí mismo -ya requiero otro cuartito en casa- solo fue a pedir apoyo al “revolucionario” y lo canalizaron a la Comisión Nacional de Vivienda y su ampliación se hizo realidad.

De este modo Rigoberto se volvió dependiente del “revolucionario”, empobrecido en sus bienes, empobrecido en su conciencia, ya un ente viviente sin expectativas y eso sí, al servicio de los líderes, para continuar ser parte de los 53 millones de pobres.

Hoy los priistas hemos enfermado de poder, ganamos una elección con mucha dificultad la famosa “Joya de la Corona”, en el PRI recurrimos erróneamente a alianzas con partidos de dudosa, no digo dudosa… claramente corruptos, solo para ganar una corona empobrecida y vapuleada, la violencia es una enfermedad crónica degenerativa, a causa de la impunidad y la corrupción, el Estado de México aporta 3.7 millones de pobres a la ya larga lista del país.

Los estrategas ganaron, ganó nuestro candidato, con 345 mil millones de pesos que durante más de un año se “invirtió” en el estado de la “Gente”; obras grandes, carreteras, puentes, infraestructura, pero acaso se les preguntó a los ciudadanos ¿Cuáles son sus necesidades más apremiantes? ¡No!, no se les pregunto, porque los operadores prefieren lo “cortito”, despensa, tinacos, cemento, etc. Las obras duraderas de las colonias, de los barrios son poco rentables, ofrecen computadoras a los muchachos y no tienen ni internet, ni escuelas dignas donde estudiar, se les retiran las becas por no participar en política, sino pregúntenle a los de Antorcha Campesina.

Aun así se ganó, se decía que el abstencionismo era el mejor aliado del PRI, y fue lo contrario, había colas desde temprano para votar, la movilización funcionó, se rompió el promedio de votación.

¿Y el júbilo? Un servidor y algunos amigos colaboradores amantes del análisis de las redes sociales nos dimos a la tarea de revisar los muros, páginas de más de 100 dirigentes al azar, diputados, senadores, locales y nacionales del Partido Revolucionario Institucional, dirigentes del partido, ningún funcionario beneficiado de las victorias y el resultado fue igual.

Desde el domingo 4 junio día de las elecciones en el Estado de México, muy pocos, “poquitísimos” celebraron el triunfo de Alfredo del Mazo, ¿estarían asustados?, no fuera ser, se perdiera la gubernatura o se ganara según el caso y los salpicara la culpa o la vergüenza de cómo se obtuvo el triunfo.

El candidato se le vio en su fiesta solo con sus allegados, líderes priistas del Estado de México, y nada más, la redes callaron los dirigentes callaron, los orgullosos priistas callaron…los invito a que naveguen en las redes y verán lo cierto que estamos…y después los priistas traidores no orgullosos somos otros.

Celebrar victorias es de vencedores, las elecciones no dejan satisfechos a muchos, sin triunfalismos debemos aceptar que ganamos en las urnas legalmente, pero el derroche inaudito nos coloca en la ilegitimidad.

El odio como premisa, no permite alzarnos como un país democrático con millones de pobres, los recursos de campañas políticas mejor deberían ser empleados en obras con “sentido común” de la gente, no del partido y los caprichos de estrategas en el poder.

Los consejos electorales deben ser respetados y honorables, no al servicio del compadre todo poderoso.

En sentido figurado, muchos dirigentes actuaron como San Pedro pecaron de omisión, o como aquellos proclamadores de Cristo Rey todos los días que reciben la comunión y se creen sabedores de toda verdad y en la confesión privada se avergüenzan de sus pecados.

La victoria se festeja, pero recojamos los muertos, reconstruyamos la casa, modifiquemos, PRIISTAS, nuestra manera de pensar y el 2018 ¡No! Estará desafinada nuestra política.

 

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