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¿Los pollos nadan? | Columna de Jorge Saldaña

Tercera Llamada

El martes, Ricardo Gallardo Cardona, con su adiós al PRD y en consecuencia la sacudida que dio al tablero político, me hizo pensar en un cuestionamiento náutico-aviar, ¿los pollos nadan?

Luego de su anuncio, en lo local las reacciones fueron inmediatas (unas muy desorientadas y mezquinas, por cierto) contrario a la reacción nacional del propio partido del “Sol Azteca”, al que le tomó unas 10 horas emitir un posicionamiento en relación a la salida de su coordinador parlamentario y 8 más de sus legisladores federales.

“Aquí no lo queremos”, dijo el coordinador estatal de Morena, Sergio Serrano.

“Previsible por su poca capacidad”, dijo el respetado notario Martínez Benavente.

“Bienvenido el voto de Gallardo para la guardia nacional,” dijo más cauto Leonel Serrato.

En las redes, como era de esperarse, se ha dicho barbaridad y media sin ningún fundamento (como suelen ser las barbaridades) que si inició la carrera por la gubernatura, que si las denuncias en la PGR, que si se cambiaría a Morena y otras que no tienen, desde mi punto de vista, mucho sentido.

Lo que sí hizo Gallardo, en plena consciencia o incluso sin ella, fue entrarle a la Teoría de los juegos aplicados a la Ciencia Política, y elevar con su salida lo que el matemático colombiano Guillermo Owen denominó en 1977 el índice del “Valor Coalicional” de su universo de diputados.

De acuerdo a estos estudios y otras publicaciones de reconocidos matemáticos, ese indicador es una expresión numérica del valor que logran ciertas combinaciones de coaliciones en un grupo parlamentario.

No es que se pueda, con dichos valores predecir o reducir a números y fórmulas las complejas relaciones políticas, sin embargo sí logran dar un componente racional al análisis político en este caso de los apoyos de grupo.

Para entender mejor: ¿Cuánto valía para lograr una reforma constitucional el grupo parlamentario del PRD? En términos simples, mucho, pero en términos reales nada o muy poco.

Me explico: el PRD, como es bien sabido por todos, se encuentra en una profunda crisis en todos los sentidos, no son tampoco un partido de militantes suavecitos ni de grupos callados, todo lo contrario, y por si fuera poco su dirigencia y estructura está en las últimas en términos financieros.

Y es que el PRD después de julio se convirtió, entre otras cosas, en un partido “urgido”, sobre todo de lo mundano del dinero, y como las urgencias son poco elegantes, se percibía desde hace tiempo que la estrategia parlamentaria dictada desde la cúpula tenía más ánimos de “apretar” al gobierno federal bloqueando todas las iniciativas importantes para la presidencia para así “forzar” una negociación de recursos indispensables para su sobrevivencia.

En medio de la desesperación, se llegó al absurdo de que la cúpula perredista pidiera a sus legisladores votar en contra de sus propias iniciativas sobre todo en aquellas que “se parecían” o iban en el mismo sentido de las que proponía el grupo parlamentario de Morena.

Total que, cegados por la necesidad, los perredistas de la cúspide olvidaron medir su índice coalicional y apostaron a la rebeldía sin causa intentando hacer manita de puerco al presidente sin tener fundamento alguno.

Alguien se dio cuenta de la crisis y por tanto de la oportunidad. Y sí, como seguramente se podrá calcular con la Teoría de Juegos aplicada a las prácticas parlamentarias, un grupo de “independientes” con 9 integrantes, se volvió mucho más valioso que un grupo de “alineados” de 19 miembros.

Al menos para aprobar las reformas al artículo 19 referentes a la prisión preventiva oficiosa, como sucedió ayer, y seguramente para la discusión de la guardia nacional, esos nueve votos, coordinados por Gallardo, valdrán oro, sobre todo si se considera que están libres de cualquier yugo partidista.

¿Se vendieron al mejor postor? ¿Hubo traición a los ideales?

No necesariamente, cada uno tendrá la libertad de votar en conciencia en cada tema, y el hecho de que conformen una fracción no es garantía de votos obligadamente en bloque ni que voten a favor en todos los temas enviados por el presidente.

Tampoco se trata de estar alejado de los ideales, cuestión además fundamental en la medición del índice coalicional, pues uno de los factores para determinar su valor es justamente la afinidad entre los grupos. Solo para recordar ¿De qué partido fue candidato el hoy presidente de la República en 2006 y 2012? Se quiera o no, López Obrador, está mucho más cerca ideológicamente de experredistas, que del PRI y PAN. Ni duda cabe.

Con una línea directa con la presidencia de la república, que reconoce el valor de la maniobra de Gallardo y la fracción que lidera, ¿estará de verdad muriendo de ganas el “Pollo” en pedirle una credencial de afiliación a Sergio Serrano?

¿Serán signos de poca capacidad que la nueva y valiosa fracción sea coordinada por el exedil potosino que será el vínculo directo con la presidencia de la república?

Por supuesto que será bienvenido el voto de Gallardo y sus aliados como anticipó el delegado metropolitano, Leonel Serrato, tanto en este par de temas de la más alta relevancia para el gobierno que representa… pero también en los que vienen de cara a la elección intermedia.

El Pollo saltó al agua y los pollos, Culto Público, no nadan… pero tampoco se hunden, y eso definitivamente ayuda a cruzar océanos ya sea con, o sin tempestades.

@jfsh007

 

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