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Los hombres de llorones y las mujeres limpiándoles las lágrimas | Columna de Alma Barajas

Capitana #13

 

Cansada de escuchar quejas sobre la rudeza en las mujeres, lo poco femeninas que las hace ser fuertes, altas, muy chaparras, con más musculatura, etcétera, comencé a preguntarme si habrá algún modo de cambiar el prejuicio que se tiene respecto a este tema de una manera sencilla y veloz. No encontré otra opción más que la de vivir en carne propia una experiencia que de cierta forma, me hizo ver un mundo totalmente diferente en el deporte femenil.

 Escucho por ahí decir que las mujeres somos más lloronas en el deporte comparadas con los hombres, pero el ver cómo los hombres cuando son rozados por el viento en la nariz se caen de dolor porque seguramente el viento traía navajas, me hace pensar que tal vez esta opinión debe ser cambiada de perspectiva. Pregúntenle a Neymar. 

Así que, después de toparme con tanto drama y sufrimiento en esos fuertes y varoniles pies de nuestros feroces y gallardos caballeros deportistas, me encuentro con un ambiente totalmente diferente a lo que yo conocía en el soccer. El ambiente de los cascos, las tacleadas y los pañuelitos amarillos.  Un mundo donde sabía los hombres eran famosos en aquel país lleno de pizza, hamburguesa y culturas robadas, porque mientras yo no sabía que era un Quarterback, niños de 7 años ya querían ser Tom Brady (no sé si así se escriba).

El punto aquí, aparte de quejarme un poco de los Estados Unidos ladrones de talento, era destacar la valentía no de los hombres, más bien de las mujeres en el football americano, ya sé que es lo mismo para ellos y para ellas, pero sinceramente, entrego mi respeto a mis iguales por el esfuerzo y dedicación que dejan al practicar el deporte. No lo digo por los golpes, eso ya todos los saben, eso pasa con ellas y ellos, lo destaco porque sé que si en el fútbol soccer femenil se lucha por ser visibles, en el americano y por las estadísticas que encontré, se lucha aún más.

Me tocó el pasado 07 de abril ver al equipo de Búfalos Femenil tener su primer partido de Football americano en áreas del Parque Tangamanga I. Me tocó ver gritos, enojos y regaños por parte de sus coaches a los cuales agradezco por creer que las mujeres podemos ser grandes en algo tan fuera de lo tradicional, recuerdo el nombre de Virgilio, aquel que reclamaba al árbitro a toda voz algo que yo no entendía. Recuerdo a la número 11 a la que gritaban “bien Cabe bien” taclear sin descanso, caer y levantarse para ir de un extremo a otro con el afán de detener a la rival. Recuerdo a la porra, que no paraba de animar a pesar del abrazador sol.   

De manera inesperada me sorprendió un deporte que de buenas a primeras cautivó mi razón, atrapó mis sentidos, y no precisamente porque quisiera practicarlo. Fue la entrega de esas chicas con casco, Jersey blanco, azul y rojo, lo que me dejó atónita, la seriedad con la que compiten, la concentración que emitían, la tolerancia y compañerismo que emanaban. Ya había ido alguna vez a ver jugar a los Venados Azules, solo lo hice porque apoyo a mi Coach. Pero ciertamente, puedo decir que en mi caso, el football americano es el mejor ejemplo de que el amor no siempre es a primera vista, porque maravillarse con un equipo como el de aquel domingo de arduo sol, fue algo totalmente inesperado para mí.

 

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