#4 TiemposDesde mi clóset

Los holones de la sexualidad | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

La sexualidad es un concepto polisémico. Por tal motivo, es posible encontrar significados incluso dispares para esta categoría. Es distinta a la genitalidad, ya que no sólo atiende a los órganos sexuales externos de la especie humana, sino incluye al cuerpo en su totalidad.

Tampoco puede equipararse con la reproducción. Si bien esta función biológica es un elemento importante, la sexualidad va más allá de la capacidad biológica de fecundar. La sexualidad es histórica. Su historicidad permite entender los procesos socioculturales que han incidido de manera directa en la  conceptualización de la misma. Además de una historia, la sexualidad tiene una geografía, está situada. El ejercicio de la sexualidad de una mujer somalí es distinto al de un hombre estadounidense.

Dicho lo anterior, la sexualidad es un aspecto central de la vida de las personas. La OMS (2006) la define como un proceso que comprende distintos elementos estructurales de la especie humana. Es así que los componentes de la sexualidad son tanto biológicos como sociales, económicos, culturales, geográficos e históricos. Cada persona humana se constituye en un ser sexuado que incorpora a la estructura de su personalidad herramientas identitarias que le dan pertenencia a  determinado grupo.

La sexualidad es un sistema complejo, a su vez cuenta con diversos sistemas que, de manera conjunta permiten a una persona ejercerla. En tanto régimen, el ejercicio de la sexualidad mantiene una serie de principios que han permitido mantener el control de las colectividades. Las reglas emitidas por el patriarcado son fundamentales para entender la historia de la sexualidad y desentrañar los mecanismos que la han posicionado entre las cloacas de la cultura.

La sexualidad es una construcción social a través de la cual circulan una serie de reglas y normas que regulan los comportamientos humanos (Weeks, 2018). A lo largo de la historia, la regulación de las conductas sexuales ha facilitado la dominación de los cuerpos y de las relaciones humanas. Aquellos comportamientos considerados como tabúes dentro de las distintas sociedades incorporan alguno de los subsistemas de la sexualidad.

El placer, resultado de la activación de un estímulo sexual, que luego culmina en un orgasmo, está fuertemente controlado por la sociedad. Por tanto, prácticas como la masturbación y el sexo premarital están condenados por las normas morales. Para el caso de la vinculación afectiva, existen mecanismos especializados para regularle.

El enamoramiento fisiológico (Taboada, 2011) tiene una finitud, sin embargo, existen mitos referentes al amor, que han llevado a las personas a entablar relaciones monógamas perpetuas. Así pues, la vinculación afectiva está determinada por un canon preestablecido, no está permitido experimentar.

El sexólogo Eusebio Rubio (1994), refiere que la sexualidad está compuesta
por cuatro holones. La reproductividad, la vinculación afectiva, el erotismo y el sexo/género.

Los cuatro sistemas que a su vez conforman a la sexualidad pueden estudiarse de manera separada, o bien de forma conjunta. Lo cierto es que son interdependientes. Sin embargo, el ejercer de alguno de ellos, no implica el ejercicio de los demás.

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