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Los gitanos y los inventores | Columna de El Mojado

Historias de mundial

Por años, al menos 18, los medios de comunicación de habla hispana han descrito a la selección de futbol de Croacia de una manera: “son unos gitanos”.

Desde su tercer lugar en la Copa del Mundo de Francia, en 1998, su debut en Mundiales, los croatas han tenido que cargar con el peso de unas “anecdóticas” semifinales… y de ser llamados gitanos.

El adjetivo no fue de a gratis, por supuesto. Después de la Copa de Francia, los croatas fracasaron en su intento de meterse a la Euro del 2000 y el Mundial de 2010. En Copas FIFA no habían vuelto a avanzar a la segunda ronda desde 98 y en Eurocopas, aunque no volvieron a perderse otra en este siglo, su mejor resultado fue llegar hasta cuartos de final.

Entonces era justo llamarlos gitanos, porque así se comportaban. Su gran calidad se contraponía con sus resultados. Algo pasaba en el futbol croata, que el gran salto, como el que habían dado en Francia 98, no había podido repetirse.

Lo de hoy, alcanzar la final de la Copa del Mundo, no tiene explicaciones en sistemas. Lo de hoy para los croatas se define como una excelente generación, una gran conjunción en el campo y mucha suerte, pero no podemos pensar que existe una escuela croata que haga que su pasado haya cambiado.

Los croatas siguieron siendo gitanos incluso el mismo día en que decidieron que el bosnio Zlatko Dalic fuera su técnico para esta Copa del Mundo, hace apenas nueve meses.

Los croatas siguieron siendo gitanos apenas en la eliminatoria, cuando no lograron superar a Islandia y tuvieron que afrontar la repesca europea para meterse al Mundial.

Los croatas siguieron siendo gitanos, como selección, hasta que la Copa del Mundo de Rusia comenzó. Entonces pudieron dar más de lo que de ellos se ha esperado, aunque no podemos hablar de una escuela croata del futbol.

Zlatko Dalic entrena a la selección de Croacia previo al enfrentamiento por la copa

En cambio, un país con escuela y estructura continua desde infantes se quedó en la víspera por enésima vez, pero ahora más en la víspera que nunca. Inglaterra inventó este deporte a partir de muchos otros juegos milenarios y le puso las reglas. Después, cuando la FIFA quiso tomar el control del futbol, los ingleses la despreciaron, como hicieron con los Mundiales muchos años después.

Cuando Inglaterra quiso unirse al futbol mundial ya era demasiado tarde. La frialdad natural de su juego ha contrastado con la historia del balompié. Mientras en Inglaterra se ha buscado una efectividad que se acerca a la eficacia, de acercar la pelota al arco contrario con los menos contactos posibles, con cálculos europeos, las Copas del Mundo han recompensado casi en todas las veces, salvo sus excepciones, a los que más se acercan al desparpajo y la parsimonia del juego latinoamericano, sin tener que ser propiamente de esta parte del mundo.

Sobre Inglaterra pesan no solo 52 años de fracasar en conquistar la Copa del Mundo, la que debería corresponderles por derecho propio. También pesa ser el único campeón del mundo que lo ha logrado con dudas que se mantienen hasta nuestros días.

52 veranos y trece Mundiales después, la Copa del Mundo Is not coming home again. Como una maldición contra el equipo de la Rosa, que tanto le ha dado al futbol y al que la soberbia y la globalifobia de hace más de un siglo le sigue cobrando a jugadores y afición que nada de eso deberían estar sufriendo.

En cambio, deseo que toda Croacia, una pequeña nación en Los Balcanes, definida por la guerra y la separación, disfrute del verano ruso en que se olvidaron de ser gitanos, porque inevitablemente volverán a serlo. El mundo entero ya lo está disfrutando.

@RconRMacuarro

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