#4 TiemposDesde mi clóset

Los derechos sexuales y la emancipación con el cuerpo | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Existe una prescripción ética que obliga a actuar en consecución a lo dispuesto por el régimen heterosexual, en tanto más cercano al cumplimiento de la norma sexo-genérica, más humanizado se está dentro del sistema. Es decir, la humanización se halla en correlación al ejercicio normalizado de la sexualidad. Por tanto, es necesario comprender la historia como una “apropiación de posibilidades que permite comprender los derechos humanos desde la praxis de los pobres, los excluidos y los oprimidos” (Rosillo, 2009, pág. 273). Ya que, la humanización de un cuerpo está directamente relacionada con la forma en la que enuncia una identidad sexual.

Si bien, los derechos humanos germinan como herramientas para la respuesta orgánica frente al sistema hegemónico, lo cierto es que existe una línea de acción determinada por las necesidades del sistema-mundo globalizado. En específico, los derechos sexuales se han colado en la agenda tras el incremento en la visibilidad de problemas sociales, de salud, económicos, y políticos que mantienen determinados grupos de la población en situaciones de exclusión. Para el caso de las identidades sexuales disidentes, no existen mecanismos homologados vinculantes entre los estados que lleve a priorizar acciones integrales de promoción de los derechos.

El esfuerzo de la Secretaría General de las Naciones Unidas por poner en el ojo internacional el tema de los derechos humanos, en específico de los derechos sexuales de las poblaciones de la diversidad sexo-genérica, es el texto plasmado en los Principios de Yogyakarta (2007). Si bien no tienen carácter vinculatorio, favorecen la reflexión internacional sobre las necesidades de las poblaciones de homosexuales, lesbianas transexuales, bisexuales e intersexuales alrededor del mundo. Este sexto establece parámetros de acción, recomendaciones para las naciones e intenta dilucidar algunas dudas sobre la condición pragmática de la diversidad sexual.

A nivel regional, también existen esfuerzos por visibilizar las condiciones de violencia que existen en los países americanos hacia personas con identidades sexuales diversas. Estos instrumentos que documentan la discriminación, concluyen que, ser homosexual es visto desde un crimen con una pena de 25 años de prisión, hasta una identidad reconocida, con limitados derechos y sin representatividad política.

En conclusión, hoy en día resulta fundamental hacer un ejercicio concienzudo sobre la historicidad de la homosexualidad. De los procesos colectivos que surgieron hace más de cincuenta años, han quedado solo rescoldos mal trechos que buscan a través de distintos foros resistir al vendaval del sistema. La cooptación de espacios e identidades es un problema de sentido que ha llevado a una severa crisis. Hablar de movimiento de liberación es bastante aventurado en estos tiempos de éxtasis consumista.

La misoginia ha logrado guarecerse en algunos sectores que promueven el odio, la homofobia y el racismo. La lucha por la reivindicación de la homosexualidad como categoría emancipadora del cuerpo es un desafío para activistas de la corriente crítica. En este sentido, la educación en derechos humanos es una herramienta oportuna que permite dotar de habilidades a las personas para el respeto a la diferencia. Lo que permite el reconocimiento de los derechos sexuales, como agentes de cambio que proveen a las personas de una serie de mecanismos de acción individual y comunitaria que facilitan la inclusión.

La voluntad política por su parte, es un reto superior. En la actualidad, luego del auge de las políticas pro inclusión del matrimonio entre parejas del mismo sexo en las normativas familiares de los estados, ha provocado, por un lado, una tendencia por normalizar la condición homosexual, y por el otro, una fuerte cruzada para desacreditar las habilidades sociales de los homosexuales.  

En resumen, los derechos humanos y el ejercicio de la sexualidad en occidente son conceptos que requieren de procedimiento de conciliación y mediación. La pugna entre lo natural-cultural del ejercicio sexual está presente en el discurso de los derechos humanos. La sexualidad como sistema humano está en busca de justicia, de mejores condiciones de vida que le permitan reproducirse como categoría fundacional de la especie humana.

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