#4 TiemposColumna de Xalbador García

De los asistentes a las presentaciones de libros | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra

Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com

 

Desde hace muchos años dejé de interesarme por las presentaciones de libros. A menos que el autor sea un amigo o el material realmente me interese o, en los peores casos, yo sea el chambelán literario (presentador) o la quinceañera del evento (el escritor) o, en los mejores casos, el maestro de maestros, Jorge Humberto Chávez, me invite a uno de sus actos con la promesa de cena y borrachera luego del evento, yo rehuyo a tales shows.

No es por mamonería (un poquito, sí), sino más bien porque considero a las presentaciones de libros como lo más alejado del verdadero hecho literario. Se trata de un evento social destinado a vender ejemplares. “Gente” y “mercantilismo”, dos de los aspectos por los que decidí estudiar Literatura, pues entre libro y libro creí inocentemente que jamás me los toparía y menos juntos. Estaba equivocado.

A pesar del rechazo a las actividades donde dos o más expertos hablan, casi siempre bien, de la obra presentada pese a que ésta sea una verdadera mierda (siempre hay que elegir a los compas cuando uno es el autor, a fin de evitar algún desaguisado), hay hechos destacables entre los cuales siempre me ha dado curiosidad una suerte de estereotipos que se repiten entre los asistentes, sin importar ciudad o evento. Acá seis de los más reconocibles:

1) Don Quesos: Es el más fiel de los asistentes. Va a todas las presentaciones sin importar tema o género del libro. Si bien se enfoca en comer los quesos, el jamón o los diversos refrigerios que ofrecen los anfitriones, de la misma forma conoce su responsabilidad como público y, cuando se abre el micrófono, pregunta, cuestiona o simplemente matiza lo dicho por los presentadores. Es común que en sus intervenciones salpique poquito queso a quienes se encuentran a su lado. Si se corre con suerte, el evento puede contar con más de un Don Quesos que se organizan para no arrebatarse la palabra. Suelen ser legión. Si usted es promotor cultural o responsable de algún recinto del mismo corte, urge que se consiga a su o sus Don Quesos de cabecera para que los eventos nunca luzcan vacíos. Son eso que se llama “público cautivo”.

2) Don Quesos Amateur: Lo mismo que lo anterior, pero estos suelen ser estudiantes de Artes o de Letras y lo denotan en su poco profesionalismo al actuar. Sólo comen, no preguntan. Mucho menos compran el libro.

3) El Acertijo: Hay personas que, si van a una presentación, consignan como obligación preguntar a los expositores. ¿Y qué preguntan? Lo que sea, sin importar de lo que trate la obra. Cuando se habla de una novela negra, cuestionan: “¿Y por qué los personajes son tan sórdidos?” Cuando se presenta un estudio sobre revistas de los años treinta del siglo XX, preguntan: “¿Y Manuel José Othón qué tiene que ver con esto?” Cuando hay un nuevo libro de ensayos que aborda el amor en las cantinas, no pueden dejar de señalar: “¿Y por qué en tu libro no mencionas nada de la comida yucateca?”

4) El(la) autor(a) alterno(a): este tipo de asistentes siempre tiene la osadía de hablar, no sobre el libro presentado, sino sobre uno que sólo existe en su pinche mente. Son los que, con voz autoritaria, reclaman: “¿por qué tu final es tan triste habiendo tantos otros desenlaces?”, o “¿no crees que hubiera sido mejor que tu historia se desarrollara en Praga a final del XIX?” Y ya en casos extremos, exigen: “¿cuándo vas a escribir algo feliz como lo hace Disney?” (Nota: la última vez que un personaje de este corte me cuestionó sobre lo decadente de mi obra, cuando podía hacer textos maravillosos con mensajes positivos, le respondí: tú no estás buscando arte, sino más bien una terapia de superación personal. No compró mi libro).

5) El Mamonazo: casi siempre es el gran poeta del municipio y también profesor de la universidad del municipio o tallerista de la casa de la cultura del mismo municipio. No aguanta que alguien más sea la quinceañera de la noche, por lo que siempre hace ruido, gestos o movimientos para llamar la atención de los asistentes que no lo fueron a ver a él, porque el libro es de otro escritor que, casi siempre, no es del municipio. Cuando se abre el micrófono embisten al autor con, más que preguntas, afirmaciones muy culeras, al tipo de: “tu libro tiene muchas deficiencias, no sé por qué te ganaste el Aguascalientes”, “todos los narradores mexicanos de estos momentos son mediocres y tú eres el mejor ejemplo” o “tu éxito en el mundo habla de la crisis que padece la literatura”. Nunca compran el libro presentado (a menos que se lo regalen), porque ellos no leen a sus contemporáneos.

6) El capitalista: Ahora que radico en Miami me he encontrado con un espectador insólito, es algo así como el socialité máximo de las presentaciones de libros. Se trata de los asistentes que pagan por entrar a la presentación. En serio, P-A-G-A-N por la entrada. El costo no les asegura la obra, ni un separador, mucho menos una bebida de cortesía. Aún así, pagan. Desde mi perspectiva matizada por el paternalismo de Conaculta, esta es la máxima prueba del mercantilismo literario. Los asistentes capitalistas tampoco compran libros.

También recomendamos: ¡Patria o Muerte! | Columna de Xalbador García

Nota Anterior

Así amanece el precio del dólar hoy 28 de marzo en SLP

Siguiente Nota

Sobre el buen uso del reloj | Columna de Juan Jesús Priego