Rudeza necesaria

Los años no pasan en la casa Pérez. Columna de El Mojado

RUDEZA NECESARIA.

conejo con el chucky

Pocos profesionales del futbol se mantienen activos a los 43 años de edad. A esa edad, la mayoría solo aspira a jugar unos minutos, desde la banca, con la esperanza de ganar un sueldo digno un añito antes del retiro, que les permita afrontar los retos después de dejar las canchas. Unos cuantos meses de desempleo.

Otros cuántos tendrán ya algún tiempo y hasta más de diez años retirados al cumplir los 43. Por lo general, a esa edad, el futbol tendrá pocas sorpresas para sus veteranos y las satisfacciones irán reduciéndose hasta que el jugador vaya despareciendo paulatinamente de las alineaciones.

Para Óscar no. Por eso El Conejo es un histórico y eso, contra mis principios periodísticos, es irrebatible.

Óscar Pérez cuenta con dos mundiales en la cancha, uno más desde la banca y otro, el de Alemania, al que pudo haber ido sin problemas, pero en el que Ricardo Lavolpe prefirió no contar con él, porque consideró que podría hacerle sombra a Oswaldo Sánchez, quien fue elegido como titular para ese certamen.

Es el guardameta mexicano que más partidos de Copa del Mundo ha jugado en los último 30 años, junto con Jorge Campos, pero mi idolatría hacia él, a nivel personal, surgió incluso antes de que se calzara los guantes para enfrentar a Croacia en el Mundial de 2002, en el único campeonato de la FIFA que se ha disputado en dos países, Corea y Japón.

Desde antes, mucho antes, Óscar Pérez era ya un ídolo personal. Prácticamente desde sus 23 años, el mismo torneo en el que ganó la titularidad con Cruz Azul, para la liguilla, pues se la habían intercalado entre él y Nicolás Navarro y se la prestaron para algún juego a Jorge Campos.

Su entrega, su espectacularidad, sus reflejos, su peculiaridad (un portero de 170 centímetros de estatura es una rareza), su liderazgo y su eterno amor por Cruz Azul, pese a lo mal que lo tratamos en sus épocas difíciles, lo hicieron una de esas personas que admiro y admiraré siempre.

Esos mismos reflejos, improbables para alguien de su edad, los mostró hace apenas semanas, cuando ante el ojo incrédulo de millones de mexicanos y la visión emocionada y nostálgica que tuve durante los 180 minutos de la final, demostró que la calidad no está relacionada con la edad, ni siquiera en la cancha y logró regalarse su segundo campeonato de Liga, aunque no haya sido con el club de sus amores, sino con el Pachuca que le dio un lugar a un hombre que muchos consideraron acabado.

Me gustaría decir que volverá a Cruz Azul, pero sé que no pasará. Ojalá siga con los éxitos con los Tuzos, lo deseo de verdad, pues a falta de triunfos con La Máquina he tenido que refugiarme en las victorias de mis ídolos.

Después pasará el tiempo, el que aparentemente tampoco ha pasado sobre El Conejo. Cuando llegue el momento, volverá a Cruz Azul. Eso lo aseguro

JUSTIFICACIÓN
Prefiero escribir del Conejo que de la selección. Disculpe usted esta decisión, ya tendremos tiempo de hablar de esa histórica y ridícula derrota.

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