#4 TiemposDesafinando

Los alias de los candidatos | Columna de Oscar Esquivel

Desafinando

La felicidad de los políticos no es la misma que la de los demás.

Hay motivos siempre para festejar, cualquier día: con una gracia de los hijos, alguna travesura, ver a la novia, saber que habrá alguien que siempre te espera en casa, la compra de algún objeto para adornar tu lugar favorito. La felicidad no es siempre estar en busca de ella, sino más bien disfrutar lo que uno tiene hora tras hora, es estar satisfecho con lo que haces, lo que aportas a la sociedad, a la comunidad donde convives.

Es paradójico que algunos medios de comunicación nos hagan creer que la felicidad está en sus contenidos llenos de ficción, nos dicen que se vale soñar con las historias de alguna novela, de esa de amor donde la chica pobre se enamora de un rico, y resulta que era robada y trae “linaje” de nombres de alcurnia, familias de acaudalados y todos contentos alcanzan la felicidad con tan solo saber que es una potentada heredera de grandes fortunas.

Pues bien, la vida real, la del encuentro diario con la realidad, es totalmente opuesta a lo presentado en los mediocres nefastos contenidos televisivos, de esa, la “tele” abierta. A los creadores de programas o les falta creatividad o están coludidos para mantener al pueblo idiotizado: aquel que no puede pagar televisión cerrada. Quietas, sin moverse, a merced del primer mercader político que se les presente.

En los últimos días vemos propuestas de los ya prácticamente candidatos a la Presidencia de la República. Planteamientos que pareciera vivieron inmersos en el mundo paralelo, la tercera dimensión, donde su mundo es solo su partido, la convivencia con políticos encumbrados, el codearse con el presidente, senadores, los ricos del país que acaparan el 80% de la riqueza.

Don Andrés Manuel López Obrador, alias El Peje, no termina de aterrizar sus ideas, comunica algunas como lo de amnistía a delincuentes para acabar con la violencia, después su portavoz dice que no es amnistía, que es un diálogo social donde existan acuerdos entre todos para alcanzar la paz y la armonía entre los mexicanos, ¿y cómo?, si la violencia está en todas partes, delincuentes al por mayor, no se ve cómo resolverá este problema.

En economía no concreta nada, algo sólido que haga que la gente común, la clase media donde no ha podido permear, deje de tener miedo por la incertidumbre de lo que sucederá en el caso de llegar a ser presidente. Pretende, como ejemplo, cancelar la inversión del nuevo aeropuerto de CDMX, según él, por inviable. Independientemente si está bien ubicado o no, sería una perdida millonaria para el país, ¿qué hará con el empleo mal pagado?, con el tema fiscal, etc. Son preguntas que hacen dudar de su consolidación de proyecto de nación “amorosa”.

Ricardo Anaya Cortés, alias “el Cerillo”, a este chicuelo nadie le quita lo astuto, rebasó por la izquierda, para quedarse en la derecha, y hacerse de una naranja al estilo salinista. Todos caben en el poder. Este imberbe muchacho, escupe bondades sin reconocer que es cómplice de la guerra contra el narco, donde se han cobrado miles de víctimas. Apoyó al expanista Felipe Calderón en todas su acciones en esta guerra sin sentido, ahora nos hace creer que tiene la fórmula para acabar con estos asesinatos a granel diseminados en todo el territorio.

Dice que los priistas se muerden la lengua cuando hablan de anticorrupción, y él se morderá la cola. El Cerillo la tiene muy grande, de simple secretario particular del exgobernador de Querétaro compró terrenos en centavos y vendió en dólares. Un sujeto que se ufana de mexicano, pero vive en el extranjero con toda su familia, denostando cierto estupor por su país y así quiere gobernarnos.

La incongruencia es un defecto personal, es la virtud de los políticos sometidos al cinismo de su vida feliz.

José Antonio Meade, alias Pepe Toño, amigo de todos, no priista y vive en casa de priistas. Formula una propuesta interesante anticorrupción: “certificación de honestidad”. La honestidad se mama, se aprende, no se da por decreto, además que altos funcionarios del Poder Ejecutivo Federal, diputados y senadores, demuestren “el origen lícito de la evolución de su patrimonio”. Al parecer le faltó incorporar lo más importante: seguimiento a la riqueza de los funcionarios al dejar el cargo, es decir, todos de alguna manera conocemos a un fulanito que llega a un cargo público, se maneja de bajo perfil, gana $25 mil al mes, termina su encargo, continúa en bajo perfil un año, al siguiente año es un constructor de vivienda, o empresario. ¿Cuántos conoce usted?… y así alcanzan la felicidad que el cargo público les deja.

El político corrupto será feliz siempre que el cheque de nómina le llegue, eso para pasar el rato, mientras “ahorra” su propio fondo de retiro millonario. Meade, debe saber que en sus diferentes etapas, hizo poco o nada, o simplemente le falto alzar la voz.

Nos saludamos la próxima semana.

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