Cartas de navegaciónNoticias en FA

López Obrador y Jorge Vergara | Columna de Luis Moreno Flores

 

Como buen empresario, sobre sus filias políticas Jorge Vergara habla poco. El único documento en el que recuerdo que haya comentado explícitamente al respecto, fue una entrevista que le realizó, en el 2015, Fernando del Collado para el diario Milenio; en ella, Vergara se dijo apartidista, admitió que votó por Peña Nieto y, justo a la mitad del sexenio, reconoció que las políticas del presidente lo convencían “más que nunca”.

Se podría pensar que el propietario del Club Deportivo Guadalajara y Andrés Manuel López Obrador tienen poco que ver, pues además la mayor zona de influencia de Vergara es la región cercana a Jalisco, en la que Morena desmerece frente a propuestas políticas como la de Movimiento Ciudadano. Sin embargo, el punto de coincidencia entre ambos llega en las sobremesas, fiestas, cantinas y pláticas de cafetería.

Cuando en una reunión se habla de alguno de estos dos personajes, nunca falta el interlocutor que se apresura a soltar como una verdad necesaria y absoluta: <<es un peligro para México (en el caso de Andrés Manuel)>> y <<es lo peor que le ha pasado a las Chivas (para Jorge Vergara)>>. Ahí es donde ambos personajes confluyen, ya que si alguien se atreve a cuestionar al vociferador el porqué de sus opiniones, las respuestas siempre serán las mismas <<está loco, quiere convertir a México en Venezuela… es como Hugo Chávez y Nicolás Maduro>>, <<se la pasa corriendo técnicos (antes de Matías Almeyda)>> o <<Chivas es del pueblo, no debió llevarlo a Chivas TV (en la actualidad)>>. Si quiere hacer rabiar a su amigo pregúntele: ¿En qué se parece López Obrador a Hugo Chávez y Nicolás Maduro? ¿Qué hubiera hecho si sus directores técnicos no daban los resultados apropiados? y ¿Por qué Vergara no debe decidir sobre cómo vende su producto?

Esas tres preguntas suelen ser detonantes de furia incontenible, no es broma: en alguna ocasión desayunaba tranquilo con una chica, cuando se me ocurrió traer a la mesa el tema de las elecciones del próximo año, mi compañera de chilaquiles resultó ser panista (sin ningún sustento ideológico) y partidaria de Margarita Zavala, tras insistir en que me explicara por qué López Obrador es un peligro y ella, al no encontrar cómo responder, dejó la mesa con la cara en llamas. Estuve a punto de echarme a reír, continué con mi comida y al poco rato regresó, pero pidió no hablar más sobre política.

Pocos de los antilopezobrador y antijorgevergara alcanzan a darse cuenta y trascender que su negativa ante ambas figuras es resultado de dos de las campañas de desprestigio más fabulosas que se hayan montado en México, basadas en una sola cosa: La desinformación. Alguna vez alguien me dijo que no votaría por AMLO porque era igual a Hugo Chávez y seguro querría que se dejara de usar el peso para utilizarse puros dólares. Algo similar escuché de Jorge <<es que dicen que quiere meter jugadores extranjeros a Chivas>>.

El teatro contra AMLO, no tiene más que buscar, proviene de la casa de campaña de Felipe Calderón. Durante el 2006, su equipo decidió que si su candidato no podía equipararse en la percepción positiva al del PRD, lo mejor sería ponerlos al mismo nivel por lo negativo y así comenzaron a difundir el miedo entre la población.

El temor es infundado: como gobernante del Distrito Federal, Andrés Manuel siempre fue respetuoso de las instituciones (enfrentó un juicio de político, algo a lo que pocos políticos permiten que los lleven (hay menos de diez casos en la historia de México de desafueros)), realizó movimientos como la construcción del segundo piso, reactivación de zonas comerciales dirigidas a clases medias y altas, “logró” que Carlos Slim “invirtiera” en la rehabilitación del centro histórico… acciones que poco tienen que ver con un outsider antisistema. Siempre ha querido el poder, pero nunca lo ha hecho fuera de la vida democrática, tan es así que formó un partido político antes que lanzarse como independiente o guerrillero.

Es sorprendente que alguien crea la mentira panista, por cierto, qué tal si nos hubiera dicho que con Calderón corríamos el riesgo de que México se convirtiera en una zona de guerra, como finalmente ocurrió.

Lo de Vergara es un poco más complicado. Se remonta al año 2011, cuando inició la que posiblemente sea la crisis más importante en la historia de las Chivas: de forma inexplicable, Jorge decidió destituir como entrenador a José Luis Real, pese a que había alcanzado estabilidad y estuvo cerca de ganar una Copa Libertadores, ahí arrancaron los malos resultados. El aprieto coincidió con el rumor de que Carlos Slim quería comprar al Guadalajara.

La prensa mexicana comenzó una diatriba interminable contra Vergara, hacían parecer que el empresario intentaba joder su negocio, era culpado hasta por los goles fallados y proponían, como solución, que dejara de ser el propietario del equipo, como si se tratara de un jugador o un director técnico que puede ser despedido o vendido a otra escuadra. Algo insólito, pues jamás se ha visto como un remedio que, por ejemplo, Emilio Azcárraga deje al América cuando este va mal. A esto se sumó un bloqueo misterioso de los equipos para no venderle jugadores al Guadalajara.

Carlos Slim se hizo con acciones del León y Pachuca. Chivas estuvo a punto de descender. La crisis terminó con la llegada de Matías Almeyda y un deshielo repentino de los equipos para negociar con Chivas, principalmente de los pertenecientes al grupo Pachuca: entre estos tres hay operaciones tan destacadas como las de Gullit Peña, Dedos López, Toño Rodríguez, Aris Hernández, Rodolfo Pizarro, Avión Ramírez, Gallito Vázquez, Rodolfo Cota…

En su columna “Slim-Chivas, ¿la sociedad secreta?”, que apareció en el diario Récord, Ignacio Suárez se cuestiona cómo es posible que empresas mucho más grandes que Omnilife-Chivas tengan que hacer recortes de todo y la de Vergara pueda invertir 40 millones de dólares en jugadores, cuando enfrenta una demanda millonaria por parte de Bimbo y, se supone, Angélica Fuentes, ex esposa de Jorge, desfalcó por 400 millones de dólares a la compañía. Todo indica que Slim consiguió, aunque sea parcialmente, lo que quería, la crítica contra Vergara cesó y los campeonatos comenzaron a caer.

De forma paradójica, durante los once años en los que AMLO ha tratado de sacudirse la injusta etiqueta de peligro para México, Carlos Slim aparece como aliado en su esquina.

¿Cuántas opiniones tendremos construidas con base en las intenciones de alguien más para mantenernos ignorantes?

@LuisMorenoF_

También recomendamos: Los niños de Palenque | Columna de Luis Moreno Flores

Previous post

De la civilización a la barbarie: bolsas de plástico | Columna de León García Lam

Next post

#SLP | Enercitro e Iberdrola perforan la Huasteca; omiten consulta indígena