#Si Sostenido

#LoMásRelevanteDe2017 | Acuchillada y violada en un autobús: la historia de Berenice

Dos crónicas sobre el mismo caso, una conclusión: algo malo pasa en SLP

Por Blakely Morales y Luis Moreno Flores

En agosto de este año, un crimen terrible tuvo lugar en el municipio de Soledad. Una mujer fue acuchillada en reiteradas ocasiones y violada al interior de un camión de transporte de personal, para luego ser abandonada en un paraje cercano al Río Santiago.

Dos reporteros de La Orquesta se dieron a la labor de recolectar los testimonios de personas que de alguna u otra forma tenían información para reconstruir los hechos. Son dos visiones de un mismo comportamiento criminal. Dos crónicas que concluyen en la misma penosa realidad: algo terrible pasa con San Luis Potosí.

 

“ELLA DECÍA QUE NO SE QUERÍA MORIR; QUERÍA VIVIR POR SUS HIJOS”

Por Blakely Morales

Una mujer la vio pasar en la esquina de Francisco I Madero y Fausto Nieto, ensangrentada y con el cuerpo desnudo, sosteniendo con su mano la quijada caída, con apenas voz para pedir ayuda. Del puro espanto la mujer mejor se metió a su casa. Eran las seis de la mañana cuando Berenice daba la vuelta a la esquina del Centro Comunitario Las Huertas, después de haber sido arrojada desde un camión de transporte de personal.

Francisco I Madero en la colonia El Morro, es una calle a medio pavimentar. Incompleta. Martín, un hombre de unos cuarenta y cinco años, que ayudó a Berenice a llegar al Centro Comunitario, señala el lugar donde fue arrojada: “ahí donde termina el cemento”. Sabe que fue ahí, porque de ahí la policía se llevó evidencia: un uniforme industrial. Berenice venía de trabajar.

Ahí donde termina el cemento, la calle se vuelve una trampa llena de charcos imposibles.

“Esa muchacha vive de milagro; la dejaron casi muerta”. Martín ayudó a Berenice primero con una sábana, que resultó insuficiente por la cantidad de sangre. Entonces le pasaron la cobija.

Hay mucha actividad en ese punto de la colonia El Morro. A la vuelta del Centro Comunitario sobre la calle de Negrete, se encuentra la escuela primaria Niños Héroes. Rondando el mediodía las personas habitan las calles. Todos los camiones dan vuelta ahí.

El Morro es una zona habitacional popular donde coexiste el sentido de vida rural con el citadino; aquí toda la gente se entera de lo que pasa. La colonia abarca desde el Periférico Oriente hasta la avenida Libertad, antes de la otrora avenida San Pedro; el Río Santiago la atraviesa en un extremo.

El lugar en donde Berenice fue arrojada por su agresor, es una especie de frontera donde comienzan los plantíos de rábano, los patios que son corrales; la maleza cubriendo canales de agua negra. Es Soledad de Graciano Sánchez. Otro de los municipios donde se ha decretado la Alerta de Género.

El policía guardia del Centro Comunitario Las Huertas, que auxilió a Berenice y la recostó en la jardinera, es un “joven de a tiro”; de unos treinta años. “Reaccionó muy bien –recuerda Martín-, mis respetos; otros se duermen y no salen. Aquí he presenciado yo algunos ataques y no salen”.

“Cuando la vi me asusté; fui y le toqué la puerta al policía; el policía la agarró; y ya cuando la agarró yo le llevé una sábana”.

La gente empezó a pasar a las siete de la mañana y todavía la vieron ahí, recostada en una jardinera. La ambulancia tardó media hora en llegar. La policía más.  Mientras tanto el guardia, narra Martín, “le hablaba para que no se durmiera”.

“Ella decía que no se quería morir; que quería vivir por sus hijos”. Según el testimonio recabado por este medio, Berenice alcanzó a contarle al policía que fue subida al camión a la fuerza, y una vez adentro sintió los piquetes en la espalda.

Entre la calle incompleta de Francisco I Madero y el punto donde fue encontrado el camión con la leyenda de BMW, en el que presuntamente fue agredida Berenice, existe una distancia de al menos cuatro kilómetros.

Para llegar hasta ahí la persona que condujo el camión blanco International, tuvo que atravesar de nuevo El Morro, salir a la calle de Negrete, bajar por el Río Santiago, tomar el periférico Oriente hacia el sur, dar un retorno y después entrar por el camino al lado del canal de drenaje donde termina el Río; por ahí llegó hasta un punto rural conocido como Pueblo Libre, donde las máquinas que construyen la planta tratadora El Morro tapan el camino, y no lo dejaron continuar.

DOS HORAS TARDE

Por Luis Moreno Flores

 

La siguiente narración fue construida a partir de las entrevistas realizadas a las personas que aparecen en ella. Los nombres han sido modificados por seguridad de los declarantes.

Martín pinta las paredes del negocio que hace unos días inauguró, está en la calle Fausto Nieto del municipio de Soledad de Graciano Sánchez en San Luis Potosí. Son las seis de la mañana del martes 29 de agosto del 2017. Solo su gatita Blandi le hace compañía. La poca edad lleva a que la felina se desplace curiosa e insegura entre las cajas de mercancía apiladas al centro del local para no ser manchadas con pintura.

Un ruido en la calle interrumpe las labores de Martín y Blandi, quienes aguzan el oído para descifrar de qué se trata. No hay duda, son gritos. Martín abre la cortina de su tienda, ubicada en la parte delantera del terreno que ocupa su casa. La imagen en la acera de enfrente es brutal. Una mujer, forrada solo con un paño formado por su propia sangre, apenas logra caminar mientras lanza aullidos en busca de auxilio.

Ante el cuadro, Martín se paraliza. Luego cruza la calle y se precipita a la caseta de vigilancia del Centro Comunitario Las Huertas. Eugenio, policía municipal, está de guardia hasta las siete de la mañana. Mientras Eugenio corre para ayudar a la mujer, Martín lo hace de regreso al negocio, le pide a su esposa una sábana y regresa a donde el policía sostiene a la herida. La tapan con la tela que al instante se entinta. Martín vuelve por una segunda cobija. El oficial pide una ambulancia y refuerzos.

Recuestan a la mujer sobre la banqueta. Fue violada y tiene la espalda esculpida a golpes de cuchillo. Una herida le atraviesa el cuello de oreja a oreja y le impide sostener la cabeza, se ayuda con las manos para mantenerla en su sitio. Una sobre el glúteo izquierdo deja ver grasa y carne. De la espalda baja hasta la nuca, otras dos exponen los músculos. Tiene más a los costados de estas y en los antebrazos.

La pérdida de sangre podría matarla. Eugenio lo sabe y mientras espera a que lleguen los paramédicos insiste en mantenerla despierta. Le pregunta qué pasó. Cada vez menos consciente, ella repite que no quiere morir. Tiene 25 años y dos hijos. Esa mañana salió a trabajar, tomó el autobús en la avenida Ricardo Gallardo y al instante sintió el filo que la atravesaba. No alcanza a explicar quién o quiénes los hicieron.

A unos metros, en la calle Francisco I. Madero, que hace esquina con Fausto Nieto, está desperdigada su ropa sobre un mezquite. Ahí la abandonaron.

Los vecinos de zona están acostumbrados a ver peleas, vendedores de drogas y detonaciones de armas. Nunca algo como esto.

Su agresor o agresores han escapado. Siguieron por la calle Fausto Nieto, giraron a la izquierda en Galeana, tomaron Negrete y bajaron al bulevar Río Santiago. Avanzaron hasta llegar al anillo periférico, dieron vuelva a la derecha. Un kilómetro y medio después tomaron el retorno de la avenida Ricardo Gallardo, volvieron sobre el periférico. Se internaron en un camino de terracería que conduce a la colonia Pueblo Libre. Son las 6:30 de la mañana.

Ana escucha el autobús. Despertó hace por lo menos veinte minutos, mientras su hermana despedía a su esposo. Hay pocas casas en el lugar y tienen como vecino a un canal de aguas negras. La suya es la penúltima vivienda del camino, a un costado vive una familia cuyo abuelo se dedica a la recolección de basura. Tienen un corral donde duermen algunas gallinas y un caballo negro, que era quien tiraba del carretón antes de ser sustituido por una motocicleta.

Quien conduce el camión encuentra que no hay a dónde seguir. La maquinaria de los trabajadores que construyen el colector pluvial, una obra complementaria del Río Santiago, bloquean el paso y han hecho un agujero de varios metros de profundidad. Decide abandonar el autobús.

A cuatro kilómetros de la casa de Ana, la víctima sigue sobre el pavimento de la banqueta del Centro Comunitario. Los servicios de emergencia no han llegado, el sobrino de Martín no ha colgado el teléfono e insiste en el 911 sobre la gravedad de la situación. Hasta que a las siete de la mañana una ambulancia lleva a la mujer a un hospital.

Para las ocho, los primeros trabajadores llegan a donde se construye el colector. Les extraña ver el autobús. Jaime asoma la cabeza adentro en busca del chofer. Lo único que encuentra son charcos de sangre. Da aviso a los encargados del proyecto y estos a su vez a la policía. Unos minutos después, los reporteros del portal de noticias La Roja arriban, hacen preguntas, toman fotos y se van. Media hora más tarde llegan algunos policías municipales.

Hace más de dos horas que el culpable se fue.

También recomendamos: #LaOrquestaRewind | Quique y Eugenio; dos historias de asesinatos

 

Nota Anterior

"Les pides la credencial y desconfían", el drama de juntar firmas en SLP

Siguiente Nota

Este es el clima de hoy 19 de diciembre para SLP