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Lo mejor de la vida cultural potosina, en el exilio | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Están por cumplirse 30 años del surgimiento de la revista potosina “Jaque”, comandada con tino por Salomón Leiva Saiz. En su número 3, de 1988, dedicó su texto principal para consignar el fenómeno de “La Cultura potosina en el exilio”, esto es, los más destacados creativos locales vivían fuera del Estado.

Lo consignó entonces y el fenómeno se ha exacerbado. La pervivencia de la mayoría de los mejores creativos potosinos se da en condición de exiliados, por voluntad propia para completar su formación y expresión en escenarios de relieve significativo u obligados e, incluso, conminados a condición de expulsados por distintas causas.

Las revistas Jaque, en números subsiguientes, hasta llegar a 50, retrató hace 30 años la conducción de la vida cultural en formato caciquil. Ese esquema existe, edulcorado. Ya no es una figura personal predominante, aunque haya una cabeza formal, es un conjunto de burócratas (se suman a los existentes algunos provenientes de “legión extranjera”, como la glosa local les denomina hace años) que, a partir del gobierno de la administración estatal 2003-2009, con la nomenclatura de Secretaría de Cultura, redoblaron puestos directivos con sueldos privilegiados del mismo grupo que iniciara una década antes (1993-2003) con un mismo grupo durante dos gubernaturas estatales. Esto es, hay reciclaje de burócratas en la misma nómina alta desde hace 24 años, cuando parecía que el cacicazgo cultural se había superado.

Entonces, el abogado/poeta Enrique Márquez, dijo a este consignatario: “No se puede o no se debe tratar de discutir el problema de la cultura potosina desde el interior de la misma. Lo que se apoye o que se deje de hacer en ese renglón, tiene que ver, es un reflejo del deterioro político e institucional. Por qué habríamos de estar bien en cultura si estamos mal en todo lo demás. (…) Esta sociedad no ha recibido entre otros bienes la cultura (…) tiene que ver con una tradición autoritaria, de hacer las cosas verticales, es experiencia caciquil (…) El cerrar las puertas, no sólo es problema de carencia de recursos, sino de cultura política, conservadora y patriarcal. Puedes tener obras producidas, incluso reconocimiento nacional, y no merecer la aprobación aquí. Es violeta la confrontación de creadores de izquierda contra viejos conservadores y priistas”. ¿Habrá algo nuevo bajo el sol?

ALGUNOS REINCORPORADOS

Regresaron del exilio, los hermanos Ignacio y Fernando Betancourt, destacados por su ejercicio teatral con el Grupo Zopilote de su inventiva, después del terremoto de la ciudad de México en 1985. Pero antes de su retorno, realizaron una labor excepcional al frente de la Escuela de Arte Popular (apoyada por la Unión de Vecinos y Damnificados, UVyD, fundada por ellos en una zona de la Colonia Roma,  afectada por el sismo mencionado. En esa escuela se impartían, de manera prioritaria a niños, talleres de diversas disciplinas artísticas. Se editaron libros “ópera prima” de caricatura crítica a dibujantes mexicanos hoy en primer plano, como El Fisgón, Hernández y Helguera, y de Rogelio Naranjo.

Tal escuela de arte, contaba con la galería Frida Kahlo. Se singularizó también por exponer obra de fotorreporteros destacados. Algunos discípulos de Nacho López, y docentes de la Escuela Activa de Fotografía de Coyoacán. Marco Antonio Hernández Cruz (fundador de la agencia Imagen Latina), Elsa Medina, Andrés Garay, Ángeles Torrejón, Ireri de la Peña, Rubén Pax, Ulises Castellanos; Pedro Valtierra, fundador de la agencia y revista Cuartoscuro, Héctor García intergeneracional.

Las exposiciones fotográficas de la galería Frida Kalho, las enviaba su director Fernando Betancourt a San Luis Potosí. Acá las recibía otro promotor cultural/mecenas y  fotógrafo, Luis Antonio Vallejo, quien invitaba a sus autores a dar una charla y exhibir sus carpetas en la fotogalería “Nacho López”, ubicada en un tapanco del restaurant “Tropicana”. Ahí también se hacían charlas, conferencias, presentaciones de libros y revistas. Entre ellos los editados por la UVyD, incluida la revista “Zurda”.

La escuela de Artes, consolidó a Fernando Betancourt como promotor y gestor cultural. Haber que desarrolló a satisfacción de regreso a la capital potosina antes de su jubilación. Hizo a un lado el ejercicio teatral y la posición contestataria, pero mostró ser uno de los escasos directivos de cultura con un quehacer profesional ejercido, inventiva y capacidad de convocatoria a creadores nacionales destacados. Nacho Betancourt afianzó su ejercicio literario lo mismo como escritor, investigador y tallerista.

LOS EXILIADOS DE HOY

También hay, ahora, notables creadores potosinos exiliados: pintores, escritores, músicos, realizadores de cine y disciplinas colaterales, bailarines.

Como hay foráneos avecindados (sin notable relieve), y potosinos repatriados. Los menos, aprovechados y en ejercicio notable, los más realizando trabajos marginales o haciendo, por encargos temporales, el trabajo que debiera realizar la pléyade de directivos sin perfil y en nómina privilegiada.

Ya son más de dos años de cambio de una administración de la Cultura iniciada a fines de 2015 con expectativas altas como nunca para la dispersa comunidad de creativos y promotores. También como pocas veces hoy en un momento de desencanto.

De ello obliga dar cuenta, sin deponer una postura crítica argumentada, con todo el contrapunteo que ello provoca y con aspiraciones a un ejercicio genuino de creatividad, tolerancia y pluralidad. Toca hacer microhistoria. En espera también de sucesos reseñables.

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