#4 TiemposBalcón Vacío

Lo dejaron hace tiempo | Columna de Alex Valencia

Balcón Vacío

Complete las oraciones: Nos dejamos hace tiempo, pero ____

Tú tenías mucha razón _____

Y me muero por___

Si contestó de manera correcta, tiene usted una estrellita en el conocimiento de los himnos nacionales populares de México, tal vez también acierte si se pregunta sobre el autor del tema, Fernando Z. Maldonado, pero ¿Sabía que este 20 de agosto se celebra su natalicio 100 años atrás en Cárdenas, San Luis Potosí?

Las biografías disponibles coinciden en señalar la precocidad de su talento al componer a los siete años de edad un vals dedicado a su madre, Catarina. La práctica de dicho talento fue cortada de tajo de una manera desafortunadamente muy mexicana, fue asesinado junto a su esposa el 23 de marzo de 1996 durante un asalto a su casa. Para fortuna de todos, su música es imperecedera.

Con seguridad todos hemos escuchado en repetidas ocasiones sin saberlo el Tema para Eglantina mientras recibimos con fuerte aplauso en el salón a los novios o la quinceañera; hemos llevado en alguna serenata a la madre o pareja con Hermoso cariño cantada a todo pulmón o recordamos Amor de la calle, dramático tema que aprendimos con Chelo Silva, Vicente Fernández o Los Panchos (en su mejor versión) y fue hecha popular por Fernando Fernández al grado que en 1950 fue premiada como la mejor canción del año y adaptada al cine en una película homónima de Ernesto Cortázar protagonizada por Meche Barba.  

Para ese momento ya había alcanzado el éxito tras arribar a la capital del país en 1945 junto a su esposa, la cantante María Alma y convencer nada menos que a Emilio “El Tigre” Azcárraga de integrarse al elenco de la XEW como compositor,  pianista o arreglista y teniendo enfrente competencia de la talla de Gonzalo Curiel y Agustín Lara. La versatilidad de géneros en los cuales se desplazaba le valió distinguirse ya sea en las baladas, rancheras, boleros, vals y cumbias -género del cual se rumora él introdujo al país-, lo cual contribuyó a que el número de intérpretes de sus composiciones se multiplicara, aunque, como es el estigma de los compositores, sus obras fueran más conocidas que él mismo, lo cual le condujo a buscar espacio en el mercado internacional bajo el seudónimo de Fred Mc Donald, eso le valió un contrato con la CBS y dio pie a una situación curiosa, pues según se puede apreciar en varios videos, le anunciaban con ambos nombres en los shows televisivos.

¡Qué va! El grito distintivo de Javier Solís, se atribuye según versiones a la amistad que el Rey del bolero ranchero tuvo con Maldonado, para quien compuso una canción con ese nombre y también Payaso, un gran éxito del cual Myrza, hija del compositor, relata tuvo su origen en una ocasión cuando su padre acompañó a Solís al circo y se encontraron un payaso sumamente dolido pues lo había abandonado su esposa. Javier le preguntó si pese a las circunstancias saldría a escena y el payaso respondió haciendo su show de manera normal aunque por dentro estuviera quebrado; ese era el triste payaso que por la noche se pierde en la penumbra con su risa y su llanto.

Aún fuera de su patria chica nunca la dejó en el olvido, Vamos a Cárdenas es una canción ranchera de gran alegría en la cual hace referencia a su iglesia, los paseos y serenatas con los amigos, la estación del tren y las delicias gastronómicas de la zona, “cuando vayas a San Luis Potosí/ no dejes de ir a Cárdenas/ ahí mi pueblo donde alegre viví/”, dice la letra. Y hace honor a la característica principal de los potosinos, la tuna, en Soy tunero, que alegremente canta “Al andar cortando tunas/ una tunera encontré/ de su boquita espinada/ con la mía se la quité/”.

En cambio, acá parece que el centenario de su vida pasará desapercibido. El año anterior  se inauguró una Casa de Cultura con su nombre en Cárdenas y se llevó a cabo un concierto conmemorativo en el Teatro de la Paz en el cual participaron entre otros Myrza Maldonado, Rosa Gloria Chagoyán y Lorenzo de Monteclaro. Para este año no hay visas de celebración, salvo la iniciativa que en uno de sus muy breves lapsus de lucidez presentó a inicios del pasado febrero el diputado perredista Sergio Dessfasiux para que la música de Fernando Z. Maldonado sea declarada patrimonio cultural intangible del Estado; cuya competencia atribuye, naturalmente, a las Secretarías de Cultura y Turismo y que, pese a lo innegable del mérito, permanece sin resolución en la infinita pereza y lasitud del pleno del Congreso del Estado.

El entrañable Adrián René Contreras relata que la colonia a un costado del Centro Histórico conocida como Alamitos lleva en realidad, merced a un decreto incumplido de 1982, el nombre de Fernando Z. Maldonado y constancia de ello podemos encontrarla en una placa de cantera cubierta ahora por una mampara publicitaria propiedad de un ex funcionario municipal y publicista justo en la esquina de Zenón Fernández y Mariano Jiménez, a un costado de la Estación de Bomberos. Ahí queda relegada desde el oficialismo la contribución del compositor a la música nacional y la memoria internacional; recordemos que en competencias mundiales y con intérpretes de todas las naciones se ha escuchado fuerte el “Y volver, volver, volver…”

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