#4 TiemposColumna de Dalia García

Lipovetsky en la universidad | Columna de Dalia García

Divertimentos

Lo que caracteriza al hombre es el pensamiento, la creación, la búsqueda de libertad, la justicia; estas cosas no son consumibles. Lo que nos enaltece la existencia no es el último smartphone.
Gilles Lipovetsky



Mis lecturas eran más escasas que ahora. No conocía, ni había escuchado hablar de Gilles Lipovetsky. Su nombre me resultaba nada familiar. Sin embargo, el 26 de agosto de 2015 llegué a clase de literatura contemporánea, 10:30 hrs. Al entrar al salón, la profesora nos dijo que la clase se suspendería para asistir a la conferencia que el filósofo y sociólogo francés estaba a punto de impartir: era una oportunidad que no debíamos dejar pasar, nos advirtió.

Llegué al auditorio, tomé asiento y me coloqué los audífonos para escuchar la traducción simultánea. Al poco tiempo, el señor entró a la sala: estatura alta, algunos cabellos blancos y con cierta gracia y autoridad en su andar.

Sus palabras fueron apareciéndose en mi oído como una revelación que mi idealismo agradeció. Eran conceptos que caían como chorros de agua fría y taladraban un túnel de cuestionamientos respecto al medio en que vivimos.

Decidí transcribirlo en tanto me fuera posible, segura de que sería pertinente repensar sus palabras con más tranquilidad.

Por primera vez, hoy releo aquellos apuntes. Las ideas siguen vigentes, frescas, describiendo en gran parte la identidad de nuestras sociedades actuales.

Lipovetsky comenzó con algunas fechas referentes para entender el inicio de dos fenómenos socioeconómicos y culturales: el consumismo y el hiperconsumo. El origen del primero lo sitúa en 1880 en Estados Unidos. Un siglo después, según el filósofo, se originó una fase nueva del consumo moderno, el hiperconsumo: exceso de crecimiento; multiplicación excesiva de marcas, modas, tendencias:

“El hiperconsumo ya no es un asunto de elitismo o sólo de burgueses”, como en épocas anteriores en las que sólo determinadas clases sociales podían aspirar a la posesión o adquisición de bienes y servicios de ocio, lujo y esparcimiento. Ahora, la mayor parte de nuestra sociedad, de clase indistinta, trabaja para tener el último smartphone.

Lo que caracteriza el hiperconsumo es que todos lo tenemos en la cabeza, aunque no lo tengamos en el bolsillo”.

Refirió que la lógica del hiperconsumo puede expresarse en la idea de ahorrar al máximo en transporte, comida o vivienda, para poder comprar otras cosas de menor necesidad pero que proporcionan mayor distinción y placer, lo que describe al modelo de consumo ostentoso:

“No compro porque lo necesito, sino para que me miren, para ser distinguido e integrarme”.

Apuntó que el absurdo del hiperconsumo es que ahora las personas paguemos por hacer cosas que, por naturaleza, no cuestan, como correr:

“Correr no cuesta nada, sólo hay que salir y trotar; pero ahora se paga por correr. En un gimnasio la gente corre viendo la televisión. Los fenómenos más sencillos se vuelven objeto mercantil”.

Un tipo de consumo acuñado por Lipovetsky es el emocional, en el que el consumidor no busca ser distinguido,

sino obtener emociones, placeres y sentimientos; busca evadirse; quiere que la gente le llame, le envíe mensajes; quiere likes de la gente: estamos comprando placer, más que distinción social.

Hablar de consumo emocional es paradójico, ya que el consumidor emocional es reflexivo, nunca había sido tan reflexivo: se informa, entra a internet, busca ofertas y sitios de venta. El consumidor es un profesional al mismo tiempo; entre más placer y deseo, más se informa.

Después  de referir una serie de aspectos negativos del hiperconsumo y su impacto, por ejemplo, en el medio ambiente y la salud, Lipovetsky mencionó que dicho fenómeno social también tiene méritos, como el hecho de que ha permitido vivir más tiempo, tener acceso a la información, viajar y conocer la belleza del mundo, entre otras cosas.

¿Qué actitud tomar? Lipovetsky sugiere que la respuesta a dicha pregunta es no permitir que el consumo se vuelva un valor, un ideal de vida.

“El hombre, como ser natural, debe consumir; lo criticable es vivir para el consumo”.

El tema del consumo en el campo del arte también tuvo lugar en su conferencia. Resaltó que, a través de internet, nos volvemos hiperconsumidores de arte: tenemos acceso a todas las músicas del mundo; es un inmenso repositorio de las disciplinas artísticas. Por tanto:

En el siglo XXI debemos enseñarle al hiperconsumidor de arte a tener un gusto un poco más educado. Por eso es necesario que en la escuela se enseñe el arte, que el arte sea parte de la educación, ya que la gente busca contemplar las bellezas del mundo.

Al terminar la conferencia, saber quién era Lipovetsky era ya irrelevante: estaba ante un pensador necesario. Su anotación final fue la invitación a la presentación del libro La estetización del mundo, escrito en coautoría con Jean Serroy, que se realizaría ese mismo día en la Bibliotecas Virgilio Barco.

La mayor parte de su bibliografía se encuentra publicada por Editorial Anagrama, siendo algunos de sus títulos De la ligereza (2016), La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico (2015), La felicidad paradójica (2010), La sociedad de la decepción. Entrevista con Bertrand Richard (2008) y La era del vacío (2006).

 

 

 

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