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Licha, la loca (Parte 3 de 3). Historia de Larry Zavala

EL ÓRGANO DEL TERROR.

loca

Seguimos jugando por casi un año con Licha, hasta que esta cayó en una de sus crisis y dejó de trabajar. Nadie sabía el por qué, sin embargo su padre había muerto. Él iba cada mes a cuidar que ella llevara su tratamiento. Su padre murió y ella se quedó sola sin que nadie la vigilara o ayudara dejamos de frecuentar su casa.

Un día apareció por ahí el rentero, ya que derivado de su enfermedad, Licha había dejado de trabajar y no había pagado las rentas de ese tiempo. El rentero tocó cerca de las 6 de la tarde, cuando había gente cerca del callejón. Ella salió muy mal, muy afectada y le preguntó al señor ¿que se le ofrecía? Él le dijo que solo iba a pedirle que pagara la renta o se fuera de la casa. Ella lo tomó con fuerza y lo empujó diciéndole que ella nunca se iba a ir de esa casa.

Nosotros que habíamos visto lo que pasaba, le preguntamos al rentero por qué quería sacar a Licha y le dijimos que ella necesitaba seguir viviendo ahí. El rentero nos dijo que no era su intención sacarla, que solo quería su dinero, que él había conocido a Licha desde joven y que la apreciaba. Incluso dijo que la había ayudado a realizar los trámites del entierro de sus hijos cuando murieron, “bueno, del mediano de los niños”, dijo.

Yo, junto a mis amigos, le respondimos: los niños de Licha no están muertos, nosotros los hemos visto cuando juegan en la sala de la casa. El rentero les dijo: “Eso es imposible, ellos tienen más de diez años que murieron. Licha salió a trabajar y los dejó en casa solos porque no podía cuidarlos mientras trabajaba. El más grande de ellos, Rafita, era el que se hacía cargo de los otros dos. Al calentar una sopa que iban a comer, dejó abiertas  las llaves de la estufa y murieron intoxicados por el gas que se escapó. Cuando Licha llegó los encontró muertos, sus hijos no están vivos”. Fue entonces cuando comencé a pensar “no puedo creer que lo que vimos eran muertitos, ya no hay que ir con Licha”.

El tiempo pasó y un día, jugando, ya cerca de las 9 de la noche, escuchamos la música de la cajita de la bailarina, la música de la consola tocadiscos, nos asomamos por la ventana y vimos claramente cómo Licha estaba en un sillón sentada junto a los tres niños, que habíamos visto de uno por uno. Nos sorprendimos y salimos corriendo, al paso de un par de semanas ya nadie decía ni sabía de Licha. Ella salía por las tardes a la tienda, su condición mental ya era otra vez normal, la veíamos y salíamos corriendo por el temor a que pasara algo, después de un tiempo se escuchaba que Licha era tan agresiva que hasta daba miedo.

En el verano del año 1994 la encontraron muerta en la cama de esa vieja casucha, junto con la cajita de música, una de las tortugas y la radio de su vieja consola tocadiscos encendida. Una vecina de ella que se hizo cargo de los funerales obsequió todo lo que aun servía de la pobre “loca”: la cajita de música, las tortugas y la consola tocadiscos.

Ahora viene lo bueno de la historia, después de que Licha murió, su departamento o casucha duró mucho tiempo sin ser habitada, hasta que un joven matrimonio, en el año de 1999, llegó a vivir ahí.

La pareja comenzó a escuchar cosas y ruidos raros en la casa. Un día escucharon la caja de música, el radio de la consola tocadiscos, sin que estas cosas se encontraran en la casa, acompañado de risas de adulto y de niños. Fueron varias veces porque simplemente esto les causaba miedo y los estaba orillando a irse de ese lugar.

Un día cerca de las 12 de la noche escucharon que llamaron a la puerta. El marido salió a ver quién era y al asomarse encontró una mujer de apariencia rara, la cual le dijo “Yo soy Licha y esta es mi casa. Quiero que me hagan el favor de irse”. El muchacho le dijo “usted está equivocada, yo rento esta casa, no me siga molestando”. Cerró la puerta y al hacerlo escuchó claramente cómo se encendía un estéreo que tenía en donde era la sala.

Él entró a la sala a tratar de apagarlo y su esposa le gritó que porque había prendido el estéreo a esa hora de la noche. El joven volteó a contestar que se había prendido solo y cuando llegó a la parte donde estaba el aparato para apagarlo, vio en el sillón a Licha, la persona que acababa de ver en la puerta, que ahora estaba sentada y rodeada de sus hijos, jugando con ellos.

Cuando él la vio se sorprendió y le dijo “señora, tiene que irse”. Ella se paró rapidísimo, como si flotara, y le gritó: “Ya te dije que aquí es mi casa, y el que tendrá que irse serás tú”.

El muchacho corrió a la alcoba a decirle a su esposa que tenían que irse por lo que había visto. Al día siguiente se fueron y hasta la fecha no hay nadie que logre vivir en ese lugar sin que diga que vio a La Loca Licha y a sus hijos. Aún hay gente de los vecinos que dice seguir escuchando la cajita musical de la bailarina y la consola tocadiscos, e incluso algunos todavía la han visto rondar por el callejón, tomada de la mano de sus hijos.

“Y recuerden, que el terror invada sus sentidos, pero jamás el amor de sus corazones”.

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