Licha, la loca (Parte 2 de 3). Historia de Larry Zavala

14:06 07-Octubre-2016
Licha, la loca (Parte 2 de 3). Historia de Larry Zavala

 

EL ÓRGANO DEL TERROR.

loca

Pasaron varios días y después de eso cada que veían a Licha le saludaban. Todo cambio un día viernes, que mientras jugaban ella salió al callejón y los llamó para que fueran a su casa, que les invitaría un vaso con agua y algunas botanas.

Ellos, con la inocencia de su edad, fueron. Los atendió muy bien con botanas dulces y agua de sabor, mientras les leía chistes de unas viejas revistas. Ahí comenzó una increíble amistad de ellos con la loca Licha.

Un día de los que ellos iban a jugar a la casa de Licha, el más pequeño logró ver, mientras que los otros dos jugaban y bromeaba con la anfitriona, cómo un niño corría en los cuartos contiguos al de Licha.

Él se quedó sorprendido pues pensó que algún niño había ido a la casa de ella y le preguntó: “Oye Licha, ¿cómo se llama el niño que está en la sala?” Ella, contrario a lo que uno pensaría que diría, que no había ningún niño. Le dijo: “Él se llama Miguel”, y el menor del grupo, con la inocencia que lo caracterizaba, preguntó: “¿Y por qué no viene a jugar con nosotros?”. Ella contestó: “No, ahora no puede, después él jugará con ustedes”.

Justo cuando dijo eso, la caja de música comenzó a sonar. Licha empezó a reír y dijo “Miguelito ya prendió la bailarina, siempre le gustó mucho”. Ella despidió a los niños reiterándoles que podían ir cuando quisieran.

Licha era de cierta manera normal en la sociedad, tenía un mediocre trabajo en un restaurante, del cual regresaba todos los días cerca de las seis de la tarde.

Le contó a los niños que ella tenía una enfermedad y que el día que dejaba de tomar unas medicinas su problema se hacía más grave. Ellos nunca la habían visto, pero les decía que esas crisis eran muy fuertes, originadas de un trastorno esquizofrénico. Ellos eran unos niños y no entendían, seguían yendo a jugar con ella.

Un día, el mediano de ellos, en la sala logró ver claramente como un niño movía una de las feas tortugas de la sala y le dijo a Licha de ese niño. Ella le dijo “no tengas miedo, ese niño es Alfredo”.

Ellos decían que sí estaba loca, ya que el de la otra vez era Miguel, entonces pues se quedaron sorprendidos, pensando que su locura hacia cambiar los nombres, pero después de que le dijeron que habían visto a Alfredo, ella los invitó a retirarse.

El actual amo del terror aun no sabía muchas cosas acerca de lo sobrenatural, pero podía jurar a sus amigos que ese niño que decían que habían visto en la casa de Licha no era real, porque él no había logrado verlo. Ellos pasaron inadvertido esto, un día tocaron a la casa de Licha porque estaba lloviendo.

Ellos no querían irse a sus casas y tocaron la puerta de Licha para que ella los dejara jugar en su casa. Licha abrió la puerta totalmente desalineada y les dijo que se fueran, que estaba un poco mal y que además sus hijos estaban con ella ese día.

La curiosidad de los niños creció, porque querían conocer a los hijos de su amiga, la loca Licha. Comenzaron a buscar la manera de poder husmear entre las ventanas de la casa. Justo en la ventana de la sala vieron a Licha sentada sola, mientras hacía muecas y hablaba y se movía como si jugara con alguien.

A los niños les dio miedo y se fueron pensando que tal vez era una crisis de las que ella les había contado. Pero Licha no se veía mal, al contrario se veía muy contenta, fue casi una semana después que la encontraron y ella les pidió que volvieran a ir a jugar. Ellos fueron y ese día, mientras jugaban en la sala, se encendió la consola tocadiscos.

Cuando volteó el amo del terror, logró ver a un niño de casi doce años, que bailaba tétricamente en la sala de la casucha. El visitante a la casa  se dio cuenta que no era un niño de verdad, si no un niño aparecido. Le dijo a Licha y ella respondió: “Sí, él es Rafael”.

Yo, el amo del terror, me quedé con miedo porque sabía que ese niño ya no estaba ahí y pregunté a Licha quien es ese niño, pensando en que ya era el tercer nombre que daba, que eran solo figuraciones de ella por estar loca, o que tal vez decía eso por no asustarnos.

Ella me respondió: “Mira Rafael, es mi hijo el más grande, Miguel es el de en medio y Alfredo es el más chico”. Ellos solo vienen a visitarme de vez en cuando, los niños creían que era una mentira pero no, porque cada uno de ellos había visto a uno de los tres niños que mencionó.

Nos fuimos con un sentimiento como de miedo, pero no pasaba de eso de pensar que la loca inventaba las cosas.

CONTINUARÁ…

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