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Las representaciones simbólicas de la homosexualidad en la periferia | Columna de Jeús Paúl Ibarra

Desde mi clóset

La vivencia de las sexualidades se vuelve compleja en la medida que la globalización se apodera de las existencias individuales. Para las identidades homosexuales ha sido un devenir de símbolos que circulan a lo largo de un sistema de mensajes que hoy se magnifica con el uso de las nuevas tecnologías a través del internet.

Durante la socialización de género se consensa que el significado de la locución homosexual viene acompañada de cierta carga homofóbica, esto tal vez porque proviene de un uso médico que hacía referencia a aquellos hombres con un trastorno sexual que les volvía sodomitas. Mientras que la palabra gay se posiciona como un símbolo que identifica a este grupo de personas como parte de una cultura, un movimiento y una serie de características específicas que les hace pertenecer a determinado grupo social. En el transcurso del devenir cotidiano, durante la adolescencia se puede observar cómo es que los sujetos entienden que ser gay y ser homosexual no es lo mismo. Un homosexual es “alguien que no se acepta del todo”, según palabras de los propios sujetos. Un homosexual para ellos podría ser un hombre que vive una doble vida en sociedad, ya que puede tener una esposa y descendencia, pero al mismo tiempo establecer relaciones eróticas con otros hombres, lo cual para él representa un conflicto, ya que vive este aspecto de su vida con miedo, vergüenza y culpa. Por el contrario, un hombre gay es un sujeto que pertenece a determinada cultura, “una cultura que incluye una bandera multicolor, ciertas prácticas, ciertas imposiciones, cierta resistencia también”. Lo gay, es un estilo de vida importado (como casi todo) del consumismo industrial. Proviene de las grandes urbes como New York, París, Londres, donde los grandes emporios imponen tendencias. No se tiene claro cómo es que en un lugar como San Luis Potosí, perteneciente a la periferia del imperio, un individuo puede forjarse una identidad gay. Lo que sí queda claro es que, luego de las sesiones grupales con los sujetos de estudio, se llega al consenso de que no existe un modelo visible de cómo ser o parecer gay. Es una suerte de introyecto imperceptible, un fantasma que se introduce en la mente del sujeto. Queda claro cuando mencionan que “fue a través del sexo” como conocieron a sus amigos y compañeros. Luego, al tener sentimientos de enamoramiento, asumieron que son diferentes al común de las personas.

Un hombre homosexual atraviesa por un proceso de deconstrucción que lo lleva a renunciar a expectativas y uno que otro privilegio que la heterosexualidad trae consigo. El proceso comienza con la toma de un sendero en el cual hay que franquear diversos retos. El primero de ellos será el reconocer la existencia de una atracción erótica hacia personas del mismo sexo-género. Una vez atravesado ese espacio, incluso existirán contactos sexuales con personas de sus redes cercanas, por los que pueden o no surgir enlaces afectivos que le llevarán a procesos de primeros enamoramientos. Esta etapa puede durar bastante tiempo dependiendo del contexto en el que se desenvuelva, hay sujetos que nunca logran superar ese reto. Hay otros que no les conviene atravesar el camino, ya que no les interesa renunciar a los privilegios que el estatus heterosexual les proporciona. Es en este momento cuando existe una ruptura entre lo gay y la homosexualidad como una orientación sexual. Es por ello que “un hombre homosexual no siempre se identifica con la cultura gay, hay homosexuales que inclusive la rechazan”, ya que ven en ella una amenaza latente que trastoca los roles establecidos en la sociedad, y a estos individuos no les conviene el transgredir al sistema para de esta forma mantener las dádivas que el régimen les otorga. Esto no significa que el homosexual sea malo y el gay bueno, incluso culto e interesante, no. esta polarización es un síntoma de la necesidad de generar un sentido de pertenencia por parte de la comunidad gay, de generar una otredad, incluso tiene nombre, en México son los bugas, aquellos que se relacionan con el sexo opuesto.

Una vez identificada la otredad (los bugas) y reconocido el espacio que le corresponde, un sujeto que pretende adentrarse en el mundo de lo gay, necesita realizar un segundo reto: la salida del clóset. Lo cual implicará además de la renuncia a ciertos privilegios heterosexuales, el atravesar por un proceso de duelo tanto individual como familiar (proceso del que se profundizará más adelante). La salida del armario es un proceso que fue cuestionado desde diferentes perspectivas durante la elaboración del discurso colectivo. Se cuestionó debido a que se le catalogó como un proceso violento de carácter innecesario que pone en un lugar vulnerable a la persona, sin embargo, se llegó a la conclusión de que actualmente este proceso es oportuno en la medida en que se vuelve una herramienta de lucha que funciona para visibilizar. El hombre gay es un personaje visible, que de alguna forma irrumpe en la cotidianidad heterosexualizada. Esta transgresión no pasa desapercibida para el sistema, incluso ha encontrado los mecanismos para abatirla, a dichos mecanismos es posible denominarlos homonormatividad.

En la actualidad, pareciera que hay una sola forma de ser gay, y la forma correcta es la que visualiza al gay como un hombre productivo para el sistema, profesionista, con poder adquisitivo, monógamo, con un proyecto de vida encaminado a formar una familia nuclear (esa donde van por los hijos en una camioneta, sacan a pasear al perro y riegan el jardín por las tardes), en general suena bien (para el sistema capitalista), sin embargo, esta homonormatividad sienta las bases para irrumpir en la dinámica caótica de la cultura gay, en principio la normativiza con el fin de darle orden, para después apoderarse de ella de manera frenética.

Por lo tanto, las opciones para el sujeto gay dentro de la dinámica social se reducen drásticamente; o cumple con los mandatos del sistema, que además incluyen el no ser afeminado sino en todo caso generar una nueva masculinidad inscrita dentro de la androcracia, o se refugia en los suburbios de la sociedad donde los excesos son la principal herramienta utilitaria.

Por lo tanto, es posible señalar que la diferencia sustancial entre el concepto homosexual y gay es una trampa dialéctica, ya en esencia hace alusión al mismo significante, sólo que de manera distinta. Por tanto podemos afirmar que son conceptos sinónimos. La diferencia entre uno y otro radica en que el primero (homosexual) mantiene una carga negativa en tanto sustantivo utilizado por la ciencia médica para hacer referencia a un trastorno mental a principios del siglo XX, que con el tiempo se ha utilizado en sentido peyorativo para ofender a este sector de la población. En cambio, el vocablo gay, al ser adoptado por la propia comunidad en la década de los sesentas del siglo pasado, genera un sentido de pertenencia entre los miembros del colectivo. De tal suerte que dentro del mundo gay, el concepto homosexual alude a aquellas personas que de alguna forma no viven su sexualidad de manera libre, sino que siguen permeados por un velo de culpa y miedo por asumir una orientación sexual. Desde fuera se interpretaría distinto, ya que en concreto lo que no se asume es una identidad gay, ya que las atracciones eróticas y afectivas están presentes, de lo que se carece es de un sentido de pertenencia al grupo autodenominado gay.

Es importante hacer énfasis en el análisis interno y externo, ya que los discursos colectivos generados en el “ambiente gay” permiten desentrañar ambas posiciones de manera objetiva, ya que al interior de los discursos existe una diferencia clara entre lo gay y lo homosexual, donde un concepto tiene una carga positiva y el otro una carga negativa respectivamente; mientras que durante el análisis externo es posible detectar la presencia de trampas dialécticas que llevan a conclusiones disímiles. Donde lo trascendente involucra el análisis de las identidades y la cultura dentro de un contexto específico de interacción.

@paulibarra06

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