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Las primeras campeonas | Columna de Ana Rodríguez

La fuera de lugar

Una noche de domingo, dos amigas se reencontraron después de algún tiempo. El escenario sería aquel lugar testigo del surgimiento de su ahora década de amistad, una también vieja cancha de futbol, al tiempo que en la cancha ocurría la misma escena que también por una década se ha reproducido: un partido de futbol. Ambas se habrían retirado de las canchas hacía ya algunos años, pero esa noche regresaron a apoyar a su ya también viejo equipo, que como diez años atrás, continuaba luchando en el pequeño (y más importante) torneo femenil local.

Con los gritos, balonazos y silbidos de fondo, regresaron 10 años atrás para recordar cómo, terminado el torneo interescolar, único torneo femenil en su ciudad, tendrían que esperar un año más para volver a las canchas y el momento en que sólo unos meses después, una de sus compañeras convocó a “reunión urgente”: el motivo, se buscaban equipos para un nuevo torneo femenil.

Con nostalgia recordaron hasta el mínimo detalle de lo que en su adolescencia sería una noticia por demás dichosa, el “calvario” para completar el equipo, el “plan perfecto” para sacar permiso de sus padres para jugar por las noches, y la hermana “cachirul” que defendería su arco…

Apenas el año pasado, entre emoción e incertidumbre, México vería el nacimiento de la primera Liga MX Femenil. Nadie sabía si “las niñas”, como equivocadamente algunos se refieren a las futbolistas, lograrían llevar gente a los estadios o si en la cancha ofrecerían buen futbol y espectáculo para los aficionados. Pero lo hicieron, y con condiciones laborales ni cercanas a las de sus compañeros masculinos. Y con el apoyo de sus “hinchas” se jugó la primera liguilla, y las jugadoras de Chivas se coronaron las primeras campeonas en una final épica contra las “Tuzas”.  

Diez años pasaron desde que aquellas adolescentes inauguraron la primera liga femenil local de su ciudad, hasta que México puso en marcha la Primera División Femenil de México. Los obstáculos y las carencias fueron diferentes, pero la ilusión de muchas futbolistas de tener un espacio suyo para competir y la convicción para demostrar que tener ese espacio “valía la pena”, fue la misma.

Así como las veteranas de esa liga local recordaron con nostalgia esa primera liga, así los mexicanos y las mexicanas recordaremos el momento histórico en que oficialmente México dio la oportunidad a las mujeres para jugar futbol. Y aunque es verdad que aún falta un largo recorrido, un arduo trabajo y el compromiso de quienes manejan el futbol en el país, para mantener la Liga Femenil, serán esas primeras jugadoras las que vean el pasado y rememoren aquello que pensaron y sintieron al convertirse en las primeras “tuzas”, “chivas”, “águilas”, “cementeras”, “pumas”, “xolas”… y verán a quienes las sucedieron y con orgullo reconocerán el esfuerzo que hicieron y el que continuarán haciendo las jugadoras mexicanas.

Y al igual que esas dos “viejas amigas”, Tania, Blanca, Arlett, Norma, Brenda, Daniela… revivirán, el glorioso momento, minuto a minuto; los gritos de su afición y la cara de sus rivales, de aquella vez, la primera vez, la primera final, la vez que se convirtieron en “las primeras campeonas”…   

@anitaiamalie

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