#4 TiemposAndante

Las mejores historias sobre gatos | Columna de Irma Carrillo Chávez

Andante

 

¡Saludos y bienvenidos a esta columna amables lectores de La Orquesta! ¿Es usted amante de las mascotas? ¿Qué prefiere, gato o perro? Decía Guillermo Cabrera Infante que el mundo estaba dividido en dos clases de personas: las que aman a los gatos y las otras. Así de categórico: las otras. Y es que no puedo entender a las personas que no caen rendidas ante esas caras angelicales de narices rosas y pequeñas patas acolchadas, las cuales, por si fuera poco, traen un pequeño «motorcito» integrado que calma a las mentes más veloces por medio de la «ronroterapia».

Para aquellos que ya sucumbieron a sus encantos y seducción —me incluyo— hoy traigo a este librero virtual un librito que compré en mis andanzas, nomás por el puro gusto de leer sobre gatos. Las mejores historias sobre gatos, editado por Siruela, en su línea Nuevos Tiempos. El libro está compuesto de relatos breves escritos por autores que tuvieron la dicha de convivir con un gato: Émile Zola, Colette, Lewis Carroll, Rudyard Kipling y Doris Lessing entre otros.

No se sabe con certeza cuándo comenzó el culto al gato, pero sí sabemos de gatos famosos a lo largo de la historia: Bastet, que en Egipto era la diosa felina del amor y la armonía; Si y Am, las siamesas de Los aristogatos; Bola de nieve, de Los Simpson; el gato de Cheshire o Lucifer, el gato de la malvada madrastra de La Cenicienta y Macavity, personaje del poema de T.S. Elliot y luego protagonista de la obra de teatro Cats. Por supuesto, no olvido mencionar a escritores amantes de los gatos como Borges y su Beppo; Herman Hess y Lowe; Gato de Truman Capote o Teodoro W. Adorno de Julio Cortázar. A los gatos por extravagantes, nos gusta ponerles nombres raros, es el caso del cuento Offenbach, el cual se encuentra en este libro que recomiendo, de cubano Cabrera Infante, cuyo protagonista llevaba el real apelativo de Jaime Diego Jacobo Yago Santiago Offenbach, ganando este último ya que el minino cantaba cada noche operetas a granel. La narración de Cabrera es tan peculiar, que incluye un diccionario de maullidos traducidos por él de acuerdo con las necesidades del gato; o aquella narración de Émile Zola que inicia con un antojoso incipit, en donde el autor Zola le da voz al gato de una forma maravillosa: «He heredado de una de mis tías un gato de Angora que es, a no dudar, el bicho más necio que conozco. Esto fue lo que me contó mi gato una velada de invierno, al amor de un fuego de brasas». Y es que no hay lugar común más cálido y gentil, que escribir acompañada de una buena copa o un café caliente en un día lluvioso mientras un gato calienta tu regazo. Se los digo yo.

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