#4 TiemposDesde mi clóset

Las batallas que nos esperan | Columna de Paul Ibarra

Desde mi closet

El presente periodo electoral ha traído consigo una suerte de territorio hostil para las personas sexualmente diversas. A nivel federal ningún candidato, ni la candidata se han manifestado abiertamente a favor de proteger los derechos de lesbianas, trans, bisexuales ni gays. Cada que se les pregunta de manera directa, contestan con evasivas, anteponiendo sus convicciones personales. Lo cual es una muestra clara de la homofobia social que permea en México. La cobardía por asumir una postura a favor de la protección de los derechos humanos es preocupante, pero predecible.

En San Lázaro la cosa tampoco pinta bien. Si el voto en cascada favorece al Partido Encuentro Social, por lo menos tendrán 44 escaños en la cámara baja, que le llevará a legislar con las sagradas escrituras en mano. Recuerdan a la legisladora que públicamente se oponía al matrimonio homosexual, con el argumento de que en un futuro próximo nos estaríamos casando con delfines o laptops, pues pertenece al PES.

Sin embargo, hoy quiero enfocarme a San Luis Potosí. En primera instancia, en el estado, ninguno de los partidos políticos tiene voluntad política para posicionar una agenda LGBT tanto a nivel legislativo como ejecutivo. Incluso de manera displicente, políticos como el candidato a senador Marco Gama Basarte, expresan su interés por chingarnos. Y es que no encuentro otra expresión que explique mi sentir hoy en día.

Eso que se llama izquierda en el estado potosino en definitiva no existe. Quienes creyeron las promesas de campaña del abanderado del sol azteca a la presidencia municipal hace tres años, hoy deberían estar pidiendo rendir cuentas del trabajo realizado por el municipio a favor de la comunidad LGBT. No hubo nada. Ni siquiera voluntad para realizar acciones ejecutivas que facilitaran el acceso a derechos ya discutidos en el máximo tribunal del país. Si Gallardo hubiera querido, hoy las parejas del mismo sexo nos podríamos casar sin necesidad de amparo, a través de una simple instrucción a las oficialías de la metrópoli para inaplicar la norma familiar, que ha sido declarada inconstitucional en casi un centenar de ocasiones.

En materia legislativa, estamos por concluir el periodo más vergonzoso que el recinto de Vallejo haya vivido. Con una asamblea local, así en minúsculas, manchada de corrupción, y operada por delincuentes de cuello blanco que han saqueado nuestras arcas. Esa misma delincuencia vestida con traje sastre, es la que hace un par de años se negó a discutir una iniciativa que fue desechada por debajo del agua. Y que aún tiene un rezago que será imposible subsanar. Continúan practicando firmas para redactar gratitudes, aguas que en una de esas a alguno de mis lectores les chainearon la casa y ni enterados.

Pero esperen, la cosa se puede agudizar, cada legislatura ha sido la peor, así que ahora, con la inminente entrada de la izquierda persignada al H, Congreso, se tiene proyectada una dura batalla. Mientras, es hora de replegarnos y desarrollar una estrategia certera.

Desde mi militancia homosexual, no he hecho ni haré ninguna alianza electoral, ni llamados a votar por ninguna coalición, candidata/o o partido político. Para mis críticos, que aseguran formó parte de la mafia del poder por no apoyar al mesías salvador, les reitero mi convicción alejada de los procesos por obtener el poder. Disentir hoy con la ideología pejista, no me hace convierte aliado. Meade en su cobardía, y sabedor de su inminente derrota, vocifera argucias sinrazón. Anaya es uno de esos machos progre que andan por la vida adscribiendo incautos. El Bronco es un macho completo, del que es necesario huir, las compañeras feministas le llamarían un hijo sano del patriarcado. Margarita por su parte, se ahoga en sus prejuicios, en pos de unas migajas de poder.

Parafraseando a María de Jesús Patricio, esta contienda por el poder es un reverendo cochinero, donde se falsifican firmas, se prometen sandeces y se despilfarran miles de millones de pesos para coaccionar y comprar el voto. Mientras adolescentes LGBT se siguen suicidando debido a la violencia escolar/familiar, mujeres trans viven es situación de calle por tener nulas oportunidades de desarrollo. Mientras, nos siguen matando con lujo de sadismo. Mientras, se rasgan las vestiduras por un meme, pero omiten accionar contra las expresiones de odio en los estadios de futbol al utilizar la palabra puto sin reparo, de los trending topic homofóbicos.

Al no existir condiciones para el diálogo, estas elecciones pasarán sin pena ni gloria, ningún resultado traerá consigo la instalación de un espacio favorable libre de fobias sexuales. Lo que sí, es que, dependiendo de la combinación triunfante, la batalla puede recrudecerse.

También recomendamos: Reflexiones sobre el movimiento de liberación homosexual mexicano | Columna de Paúl Ibarra

Nota Anterior

Los buitres y el Santos | Columna de Adrián Ibelles

Siguiente Nota

Madre no sólo hay una (al menos en el cine) | Columna de Alex Valencia