#4 TiemposSan Luis en su historia

La vida de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

Trataremos de esbozar algunos datos de su fecundo paso por esta tierra: Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro nació en  Casdemiro, en Orense, región de Galicia, el año de 1676, y murió en Oviedo en 1764. La crítica literaria lo consideró uno de los principales ensayistas de su siglo pero en realidad, como lo veremos posteriormente manejó todos los géneros literarios y cultivó con gran éxito la filosofía; al igual que un gran número de los filósofos de su época fue poseedor profundo de diversas ciencias.

Es a la vez y sucesivamente pedagogo, predicador, filósofo, teólogo, moralista, médico, economista como todo el mundo, narrador llegado el caso; y finalmente sus libros son un reflejo de su celda atestada de obras raras y objetos de complicada manufactura, provista de una chimenea construida por él y animada por la presencia de los amigos a los que reúne para discutir, si se tercia, y también para realizar experimentos de física.

En el aspecto humanístico, ya lo hemos dicho, se le consideraba el principal representante del criticismo en la primera mitad del siglo XVIII. Su vida y su obra giraron en torno a las apasionantes polémicas que suscitaron sus enemigos. Fustigó la ignorancia, la hipocresía y la superstición en todos los campos. Siempre estuvo a la vanguardia en muchos aspectos del pensar y de la ciencia; hubo quienes no compartieron sus ideas y por lo tanto lo atacaron con violencia; así tenemos por ejemplo a Salvador José Maner, Suárez de Ribera, N. Bonanich, Francisco de Soto y, sobre todo, los médicos, que vieron en él a un intruso y a un enemigo peligroso por sus innovaciones y sátiras. Pero también contó con un gran número de científicos que comulgaban con sus ideas, entre ellos podemos mencionar al famoso Padre Isla, Martín Martínez y Martín Sarmiento. La polémica entre Feijoo y sus detractores subió tanto de tono que fue preciso que interviniera el rey de España Fernando VI, quien era partidario de Fray Benito.

De manera principal han cimentado la fama del Padre Benito Jerónimo Feijoo sus Cartas Eruditas y curiosas y el Teatro Crítico Universal. Entre sus muchos escritos encontramos  varios que se han tomado como modelo de la crítica, entre los que podemos contar: la Razón del gusto, que constituye una fina crítica y al mismo tiempo un panegírico de su siglo; El no sé qué, un manifiesto romántico lleno de sugerentes opiniones en torno al genio creador; Reflexiones sobre la historia, en donde la mesura y prudencia se hacen arte sobre el buen gobierno; Sátiros, Tritones y Nereidas, es una crítica reiterativa contra las falsas creencias en casos maravillosos. Dejó muchos textos más, en los que manifiesta ser el portavoz de la cultura europea de su tiempo, sin que por ello deje de sentirse profunda y orgullosamente español.

Con genial intuición habló de la hipnosis como medio curativo, arremetió contra las tradiciones anquilosadas que perjudicaban el prestigio de la Iglesia; demostró, mediante su experiencia personal y su intervención, la falsedad de ciertos “milagros”. Durante toda su vida mostró un carácter abierto y comprensivo, incluso con personas de diferente religión. Un modelo de mesura y tolerancia es la carta que dirigió a un judío de Bayona, en la que le ofrece abiertamente su amistad, porque “todos los hombres debemos contemplarnos como hermanos”.

Pese al carácter erudito de sus obras, Feijóo se muestra con un gran dominio de la estilística, maneja el idioma con gran soltura, sabe dosificar los rasgos humorísticos y la amenidad con que cubre los temas más escabrosos; en resumen, puede considerarse, sin hipérbole de ninguna naturaleza, que el padre Feijóo es el primer ensayista español moderno. Marañón, que fue gran admirador de su obra, hace un penetrante estudio sobre la personalidad de Feijóo y lo define como “hombre universal y a la vez español por los cuatro costados”, precisando que “se sentía incorporado al ansia renovadora de su siglo, sin que se rompiese ni una sola de las raíces de su tradición nacional, incluso aquella que se funde allá en lo hondo, en los estratos oscuros de la superstición, contra la que tanto luchó, pero que en ocasiones enviaba a su grande y abierto espíritu oleadas de savia confusa y pueril”.

Hombre del siglo XVIII supo, con su perspicacia y fino sentido crítico, saltar las barreras de lo temporal e interesar a críticos posteriores que vieron en él el comienzo de nuestra mejor tradición ensayística.                            

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