#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Sobre la tolerancia | Columna de Ricardo Sánchez García

 

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La tolerancia, es una virtud requerida en diferentes espacios sociales y laborales y una exigencia de principios que incluso se han vuelven leyes. En torno a este tema existe siempre el dilema si debemos ser tolerantes a todas las cosmovisiones, al grado incluso de tolerar al intolerante. Aquí algunas reflexiones al respecto.

“No comparto tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”, es la frase más difundida para explicar el concepto. Atribuida a Voltaire, estudiosos, autonombrados especialistas en el autor, afirman la inexistencia de la frase en su obra. Las discusiones sobre si lo dijo literalmente o es una inferencia de su pensamiento se han vuelto candentes al grado de descender a intolerantes discusiones poco intelectuales, plenas más de ofensas y desacreditaciones que de razones. Lo que sí, Evelyn Beatrice Hall podría sobrevivir en la historia como redactora de la frase en su obra biográfica “Los amigos de Voltaire”, aunque para algunos sólo fue un intento por recrear la grandeza del filósofo.

Para la RAE, tolerancia significa respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes e incluso contrarias a las propias. Exigiendo respeto a las y los ciudadanos consideran ambiguo el término y en la práctica la definición parece oscura y poco eficiente al no mostrar límites claros entre lo que se debe o no permitir con base en el concepto. Por lo anterior propongo seguir la Declaración de Principios de la Tolerancia adoptada en 1995 por los estados miembros de la UNESCO:

La tolerancia es el respeto, la aceptación y el aprecio de la riqueza infinita de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos; la tolerancia no es concesión, condescendencia ni indulgencia; la tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo, la democracia y el estado de derecho; practicar la tolerancia no significa renunciar a las convicciones personales ni atemperarlas. Por mencionar la parte sustantiva.

La premisa de los principios es sin duda el reconocimiento de la dignidad de las personas y el respeto a sus derechos humanos como una consecuencia inmediata. La formación recibida en el hogar o las circunstancias ordinarias de la vida, a través de relaciones de poder o sobrevivencia en nuestros espacios nos pueden llevar a sospechar de la diferencia y a exigir nuestra propia inclusión antes que incluir al otro.

Ser tolerante es sencillo cuando no se vive con una persona. Trabajar en equipo, aceptar ideas o ceder ante una propuesta en la que no comparto los medios pero los fines u objetivos son los mismos, parece una tarea no sencilla para muchas personas. Qué fácil es practicar con culturas lejanas, pero no poder convivir con el vecino o compañero de clase o trabajo. De acuerdo a quienes nos proponen esta virtud como un medio de vida, podremos obtener como resultado vivir en armonía sin tener miedo a expresar lo que pensamos o sentimos.

El cuidado o límite que nos proponen los estudiosos al practicar esta virtud es saber que al incluir no negamos nuestros propios valores y tampoco condescendemos con quienes quebrantan los valores considerados fundamentales. Imposible ser tolerante, con la intolerancia. Paradoja no fácil de sobrellevar sin caridad y mucho sentido común.

La tolerancia lleva a la inclusión y la intolerancia a la exclusión. La exclusión es una forma violenta de negar los derechos a las personas por su origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil, señaladas en el artículo 1º constitucional y denominadas categorías sospechosas.

La intolerancia puede ser una conducta enmarcada en lo jurídico, porque conlleva una negación de derechos, lo cual es una conducta típica pues atenta contra el principio de igualdad señalado en el artículo 8º de la constitución local y las prohibiciones de discriminación del 9º en la misma legislación, pero sobre todo, se puede convertir en una conducta delictiva tutelada en el artículo 186 del Código Penal del Estado, mismo que alcanza una sanción de hasta tres meses de prisión.

Ser tolerante no es sólo una virtud, sino una obligación coercible. No se refiere a condescender sino incluir. De acuerdo con los principios aludidos es obligación del Estado garantizar que toda persona pueda disfrutar de las oportunidades económicas y sociales sin ninguna discriminación. La exclusión y la marginación pueden conducir a la frustración, la hostilidad y el fanatismo. Las autoridades deberán hacer valer estas condiciones pero sobretodo crear mediante mecanismos de educación conciencia en la importancia de sus frutos.

En su parte social, la declaración prevé que debemos prestar especial atención a los grupos vulnerables socialmente desfavorecidos para protegerlos con las leyes, especialmente en materia de vivienda, empleo y salud.

Siendo las cosas como están, este 16 de noviembre, Día Internacional para la Tolerancia, reflexionemos si existen condiciones que permitan una convivencia armoniosa, no sólo a nivel personal, sino en relación a nuestra comunidad inmediata.

@RicSanchezGa

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