Mucha mierda

La tiranía de los buenos | Columna de Jesús Alejandro Tello

Mucha Mierda

Enrique Alfaro, presidente municipal de Guadalajara, ha ganado en presencia política durante los años recientes tanto a nivel local como nacional. Siempre ligado a la administración pública, fue diputado local de Jalisco entre 2007 y 2009 y alcalde de Tlajomulco de Zúñiga de 2009 a 2012, en el que fuera el primer gobierno de izquierda en un municipio de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Desde entonces ha manejado un discurso de cercanía a la gente, ondea la bandera de ser un ciudadano, no un político, ya que se dice no militar formalmente en ningún partido y que estos solo son plataforma para competir contra el PRI.

En 2012, cobijado por el PT y Movimiento Ciudadano (MC), estuvo a punto de ganar la gubernatura de Jalisco, quedando a cuatro puntos porcentuales de Aristóteles Sandoval, candidato por el PRI y actual gobernador del estado.

Luego de perder, inició su campaña rumbo a la alcaldía de Guadalajara para las elecciones de 2015 (no solo AMLO realiza campañas con varios años de antelación). En esa ocasión, en solitario con MC, el resultado le fue favorable por un margen casi de 2 a 1 frente a su competidor más cercano, el candidato del PRI, Ricardo Villanueva; con ello rompió el bipartidismo PRI-PAN que siempre había dominado en Guadalajara.

A casi dos años de que tomara posesión como alcalde en La Perla Tapatía, Alfaro ha sido muy criticado por el discurso que maneja con respecto a las acciones que su gobierno realiza. Es calificado de déspota por su manera de tomar decisiones, sin escuchar a equipo y sin importarle lo que diga la ciudadanía.

Esto último me parece muy extraño, ya que sigue montado en su macho de que es un gobierno de y para los ciudadanos. Sin embargo, para él hay ciudadanos de los buenos y ciudadanos de los malos; estos últimos “siempre quieren pegarle a su administración”, ya que a pesar de los cantidad de programas sociales que hay, “los malos ciudadanos siguen dejando la basura en la calle”, “no agradecen” por obras públicas entregadas a medias; y hasta resulta que para él los integrantes del Parlamento de Colonias son “extorsionadores profesionales”.

El último grito en el cielo se da por el programa de Arte Público que ha sido sumamente criticado, con proyectos que no están acorde a las necesidades de la relación ciudadanía-arte. Vamos, ni siquiera el manejo de discurso hasta este momento muestra alguna razón que justifique la inversión millonaria que se ha gastado, y lo que falta por gastarse en ese rubro. Enrique Alfaro se presenta por enésima vez como un alcalde impositivo. Menciona: «Este no es ningún capricho de Enrique Alfaro. Una ciudad que no invierte en #ArtePúblico es una ciudad sin amor propio.» (Comentario en su página oficial de Facebook.). También: «Desde ahorita les decimos que pueden hacer lo que gusten, pueden decir lo que quieran, nosotros vamos a seguir hacia adelante con el proceso de arte urbano para la ciudad» (declaración a medios).

Así no, Alfaro; el alcalde de Guadalajara cree que ondear la bandera de gobierno ciudadano le da el derecho a decir que hay buenos ciudadanos (los que lo apoyan) y malos ciudadanos (los que lo critican); y lo peor, sin siquiera dar una justificación razonable de ello.

Aun con que este mismo mes se llevará a cabo el ejercicio de ratificación de su mandato, en el que “se someterá” a la aprobación de su gobierno ante la ciudadanía (un ejercicio también muy criticado por la inversión y su calidad no vinculante, entre otros aspectos), Alfaro se está cerrando completamente al diálogo. Y eso es lo mismo que hacen los tiranos.

@alejandrotello 

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