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La Selección Mexicana es un equipo chico |  Columna de Sebastián Escorza

En Cancha Rival


Un nuevo proceso arrancó al interior de la Selección Mexicana rumbo a Qatar 2022, esta vez con Ricardo Ferretti como director técnico interino, con jugadores jóvenes para que sepan el peso de representar a todo un país en un deporte como el futbol, y frente a una selección llena de historia y figuras como la de Uruguay.

El resultado, a simple vista, da mucho qué pensar. Perder por un abultado marcador de 4-1 puede resultar engañoso tomando en cuenta que Fernando Muslera tuvo una destacada actuación, que Raúl Jiménez falló uno de los dos penales que marcaron a favor de México y que Luis Suárez anotó un penal “a lo Panenka” (algo que luego le echó en cara a Guillermo Ochoa al intercambiar camisetas, al fin y al cabo, solo era un amistoso, ¿no?).

Lo que más llamó la atención de este partido, además del resultado “escandaloso”, fueron las declaraciones de Memo, quien además se ha convertido en el capitán del Tri en la era de Ferretti, pues, en resumidas cuentas, Ochoa dijo que “a la Selección Mexicana se le exige demasiado y no ha ganado nada a nivel mundial”.

Quizá es cuestión de perspectiva, pero muchos aficionados en México sintieron como un gran logro ganar el oro olímpico en Wembley frente a Brasil, en 2012, algo que hace muchos ayeres le hubiera dado a la Selección Mexicana una estrella en el escudo, pues los oros que consiguió Uruguay en 1924 y 1928 le fueron reconocidos como un campeonato mundial.

 También se puede destacar la Copa Confederaciones de 1999, aunque mucha gente le resta el mérito por haber jugado la final contra un Brasil “B” y que dicho torneo se jugó en casa, pero para mí cuenta igual.

Siendo optimistas, puede que Ochoa se refiriera a que el seleccionado que jugó contra Uruguay era “una nueva selección”, no obstante, el exjugador del América tomó inspiración de lo que dijo en alguna ocasión el antiguo capitán Andrés Guardado, cuando previo a su presentación en Rusia 2018, dijo que se le debía jugar como “equipo chico” a Alemania, algo que a final de cuentas dio resultado.

En redes sociales muchos amantes del balompié se le fueron a la yugular a Guillermo Ochoa, “¿cómo es posible que México sea un equipo chico?”, pero en el fondo tiene razón: se le exige mucho a una selección que tiene jugadores en Europa, sí, pero que no juegan en equipos de la élite, que prefiere echarse partidos moleros contra Guatemala u Honduras en lugar de plantarse ante grandes potencias, que se queda en la comodidad que ofrece la Concacaf para ir siempre a los mundiales y no optar por un cambio de confederación contra selecciones que darían más batalla.

Algo agregó Guillermo Ochoa para “suavizar” las espinas que tenía su declaración anterior, “no tiene por qué darnos pena, debemos aprender a jugar los partidos oficiales y ganarnos ese prestigio que tienen selecciones que han ganado torneos de talla”. El guardameta del Standard de Lieja mencionó además que los directivos de los clubes en México deben dar la oportunidad a sus jugadores de salir a Europa para que tengan más experiencia.

No todo está perdido, todo parece indicar que “El Tuca” quiere permanecer en el banquillo tricolor y para ello puso como condiciones tener libertad al emitir la convocatoria de jugadores y acabar con los moletours, aunque todo parece apuntar a que los moleros ahora se llamarán Liga de Naciones de la Concacaf. Sin embargo, el convocar jóvenes y medirse contra potencias como Uruguay podrían ser la punta de lanza para modificar la dinámica que ha seguido el conjunto azteca para afrontar compromisos oficiales.

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