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La secuencia Fibonacci | Columna de Pablo Alonso

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La “Fórmula divina” o el “número de Dios” está en prácticamente todo

Existe una sucesión de números que fue descrita por un matemático italiano durante el siglo XIII llamado Leonardo Pisano, Leonardo Bigollo o simplemente Fibonacci, el primero en descubrir la sucesión numérica que lleva su nombre.

Esta sucesión de números va de la siguiente forma 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34…

Al parecer no tiene mucho sentido, sin embargo el siguiente número de la sucesión, sale sumando los dos números anteriores:

0 + 1 = 1

1 + 1 = 2

1 + 2 = 3

2 + 3 = 5

3 + 5 = 8

Y así hasta el infinito. Fibonacci fue el primero en introducir, en 1202 el sistema numérico a Europa, sin él, tal vez seguiríamos usando números romanos. Esta sucesión tiene mucha relación con problemas cuya solución se puede encontrar en la naturaleza, la vida y el universo.

Todo nació por un par de conejos

Fibonacci se preguntó qué pasaría si una pareja de conejos están preparados para procrear al mes de existencia y que den a luz a una nueva pareja tras un mes de gestación, esta pareja también sería de macho y hembra, y a su vez daría un nuevo par de conejos al mes y así sucesivamente. ¿Cuántas parejas habrá al cabo de un año? Bueno para que no se pongan a hacer las sumas, en esas condiciones ideales, al cabo de un año, habría 144 parejas de conejos.

En el caso de las abejas, el zángano de un panal, nace del huevo no fertilizado de la reina, luego tiene una madre, pero no tiene padre, ya que la reina, es la única que puede poner huevos, pero las obreras nacen del huevo fertilizado por un macho. Tienen, por tanto, padre y madre. El árbol familiar de un zángano queda como sigue: tiene 1 madre, 2 abuelos (macho y hembra), 3 bisabuelos (dos de la familia de la abuela y uno de la del abuelo), 5 tatarabuelos, 8 tataratatarabuelos… por lo que, el árbol genealógico del zángano es una sucesión de Fibonacci.

La concha de un Nautilus

Esta es una especie marina de molusco que posee una concha en su exterior para protegerse de depredadores, su concha es el resultado de una espiral formada por las áreas de cuadrado de la sucesión Fibonacci.

Además también podemos encontrar esta configuración en las semillas de girasol, en el número de pétalos de las flores, en la forma en que crecen el brócoli y la coliflor, incluso las hojas del tallo de muchos árboles siguen este orden, como lo son los manzanos y los plataneros, las escamas de una piña, la relación entre la altura del ser humano y la altura de su ombligo, la relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos o la relación entre las articulaciones de las manos y los pies, la relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla, la relación entre las divisiones vertebrales, además, los brazos en espiral de las galaxias y huracanes también se acomodan según los números de Fibonacci.

Es impresionante la cantidad de lugares y fenómenos en los que se encuentra la sucesión Fibonacci, la próxima vez que mires algún fenómeno o estructura, quizás lo que ves es la sucesión de número de Fibonacci.

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