#4 TiemposContrapunto

La Revolución hasta nuestros días: oxímoros | Columna de León García Lam

Contrapunto

Oxímoron m. Ret. Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador. (Según la RAE).

Los oxímoros me encantan. Son expresiones contradictorias que al fundirse generan un tercer concepto que no tiene nada qué ver con sus partes originales. Ahí le van algunos:

  • Repleto de deudas
  • Copia original
  • Instante eterno
  • Un zurdo muy diestro
  • El dulce amargo
  • Partido Revolucionario Institucional

Siempre me he preguntado cómo pudo institucionalizarse la revolución. Muchos podremos decir, o se es revolucionario o se es institucional, pero… ¿revolucionario institucional? Pues, lo que no lograron ni Zapata, ni Villa, sí fue realizado por los priístas y con muy pocos balazos. Unir a casi todas las fuerzas en disputa en torno al presupuesto, para que así siguieran siendo fuerzas, se mantuvieran en disputa, pero estuvieran unidas cuando se necesitara: por ejemplo, el día del desfile o cuando se echa a andar el ratón loco de las elecciones.

Mario Vargas Llosa llamó a este poético oxímoron -conocido por sus siglas como PRI- la dictadura perfecta porque es también un oxímoron viviente: alienta la crítica para desalentarla; mantiene a los intelectuales revolucionarios a su servicio y es una máquina industrial de cortinas de humo. La realidad priísta es pura retórica oficial.

Otra de sus cualidades consiste en no tener un discurso fijo: así que, cuando ha sido necesario expropiar los bancos, simplemente lo ha hecho; si al sexenio siguiente los debe privatizar, los vende. Si lo que conviene es defender el petróleo, se monta en un discurso nacionalista, si al PRI le conviene privatizar el petróleo adquiere un semblante progresista y libertador. Y así nos hemos ido 76 añitos: yendo en una identidad pendular esquizofrénica hasta llegar a donde estamos, vendiendo y comprando lo mismo pero más caro, con cifras inflacionarias, con pactos tramposos, con rescates bancarios y muchas elecciones de dudosa honradez.

Pero la principal de las virtudes priístas ha sido, sin duda, su capacidad reproductora: de su fertilísima matriz han salido nuevos partidos tan contradictorios como él (o más): El Partido Verde que resulta ser el más antiecológico de todos; el Partido de la Revolución Democrática que, cada elección interna, pierde a la mitad de sus miembros acusándose de fraude; el Partido del Trabajo, donde militan puros vividores del presupuesto; Morena cuyo concepto de regeneración ha sido revivir dinosaurios como Manuel Bartlett, René Bejarano y a Esteban Moctezuma y así nos vamos; hasta llegar al caso de que el partido conservador se llama Acción Nacional, cuyo principal lema de éxito electoral fue “el cambio”.

Así es cómo, estimado lector, de esta reproducción sempiterna de contradicciones, llegamos a esta victoria revolucionaria: el PRI se ha logrado instalar en todos los partidos políticos. En el interior de cada uno de los mexicanos, habita un pequeño priísta, que nos alienta, mordida tras mordida, a seguir haciéndonos de la vista gorda, para seguir manteniendo este sistema perfecto.

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