La razón y el corazón del contrapunto. Columna de León García Lam

13:54 28-Junio-2016
La razón y el corazón del contrapunto. Columna de León García Lam

CONTRAPUNTO.

Contrapuntus XIV, del Arte de la Fuga de Bach.

Contrapuntus XIV, del Arte de la Fuga de Bach.

Hace un año, mi estimado Jorge Saldaña me invitó a colaborar con La Orquesta. Meses atrás habían publicado algunas reseñas mías (sobre las piñatas y el día de muertos). “¡Por supuesto!” -le dije- “me encanta la idea”. Como muchas otras cosas que me rodean, escribir una columna es algo que me recuerda los trabajos y los días de mi papá y su “Todo es política” (frase “robada” a Thomas Mann y columna que tanta falta hace el día de hoy).

Quizá sobra decir que escribir requiere de mucha disciplina y conlleva la responsabilidad de colaborar con la opinión pública; lo que no sobra es reconocer que una columna no debe servir para el engrandecimiento personal, sino para la colaboración comunitaria y la reflexión; como discurso (todo es discurso) sirve para convencer de una opinión; y esta puede ser válida y compartida cuando ofrece argumentos y razones. Por eso, aprovechando este año de contrapuntos, quiero contestar algunas preguntas y críticas que me han hecho llegar.

¿Qué es un contrapunto? El contrapunto es el sonido producido por dos (o más) notas al mismo tiempo: dos teclazos unísonos del piano, dos arpegios de guitarra o varias voces de violín enredándose tanto que se vuelven una misma melodía; es el resultado de confrontar y coincidir cosas opuestas. Fue Johann Sebastian Bach quien llevó el arte del contrapunto a su estado de mayor complejidad. Algo así, con la humildad necesaria, he querido proponer con esta columna: la posibilidad de una tercera posición. Cuando se coloca en la opinión pública una afirmación segura y aparentemente inamovible se requiere del riguroso ejercicio de colocar la idea contraria que nos muestre que las cosas no son tan fáciles como a veces, tramposamente, aparentan ser.

Que los buenos dicen ser muy buenos: quién sabe; que los malos son muy malos… ¿En serio?, vamos a preguntarnos por qué. Algunos temas no los toca nadie, parece que no importan: la educación indígena, la pérdida de lenguas, algunas mujeres asesinadas… Hay noticias que anuncian la pura bondad: que el municipio nos regala agua y muy contentos nos llevamos un garrafón a nuestra casa; o bien nos alertan con escándalo: “vándalos” graffiteros que atentan contra el patrimonio cultural del Estado o gays “antinaturales” que solicitan casarse. Si nos permitimos escuchar o leer argumentos con los que no coincidimos, obtenemos un nuevo y mejor punto de vista; y ya no nos resulta tan fácil juzgar a los taurinos, a los veganos, a los ambientalistas o a los graffiteros. Nos damos cuenta que siempre existe la posibilidad de una tercera posición, es decir de un contrapunto.

Ahora bien, extiendo una disculpa a los editores y directores de La Orquesta, pues no he cumplido con la colaboración semanal que acordamos. Agradezco la paciencia y en descargo he de confesar que me esfuerzo en escribir casi diariamente, pero no todos los contrapuntos se logran: hay unos que salen “piores” que otros, algunos nacen con mucha pólvora pero con pocos argumentos y a otros les falta valentía para publicarse; unos son tan lentos en escribirse que, cuando los termino, ya no sirven para nada. Así, en un lugar extraño van apilándose, como virutas, rebabas de columnas que no pasaron y como dicen los manifestantes “no pasarán”.

Por último, quisiera agradecer a los lectores, el culto público de La Orquesta, que se toman esos minutos para leer, compartir y a veces discutir estos puntos de vista. El contrapunto no pretende ofrecer la verdad última del ser de las cosas, sino un camino de reflexión.

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