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La promesa de Green Bay | Columna de Adrián Ibelles

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U.S. Bank Stadium. Primer cuarto. Segunda y nueve para Green Bay. 66,848 aficionados, entre jerseys morados y remeras verdes. El QB sale de la bolsa de protección y tira un pase. No importa si fue completo o si se perdió entre las manos enguantadas de algún rival; el impacto del 55, Anthony Barr, ha dejado una secuela que provoca que 66,848 personas contengan el aliento, esperando a que el número 12 de Green Bay, el hombre-promesa, se levante, se sacuda el hombro y siga la jugada. Pero eso no sucede.

Una camilla entra en la escena y se lleva consigo las aspiraciones de un equipo que bajo el manto sagrado de ese número 12, ha llegado 4 veces al campeonato de la NFC, aunque es probable que este año se vuelva a quedar con las ganas.

Aaron Rodgers está fuera. Su promesa se ve lejana. Una fractura de clavícula le habrá de privar la actividad por el resto de la temporada, y con el joven Brett Hundley a cargo, se ve difícil que lleguen a postemporada.

Y duele ver cómo la suerte le ha vuelto a dar la espalda al veterano que ostenta ya un anillo de Superbowl, pero que en su haber ha dejado ir otras tres oportunidades para disputar el campeonato de la NFL (y en esas tres ocasiones el rival hubiera sido New England).

El que fuera elegido en la primera ronda del 2005, y que a sus 33 años ha cosechado grandes logros (1385 yardas y 13 TD en esta temporada), se ha diferenciado de otros QB’s igual o menos talentosos que él, pero que se acompañan de una mejor fortuna.

Ahora una clavícula rota, una cirugía y una temporada para el olvido se interponen entre Rodgers y su segunda cita con el destino. Si bien, podría jugar hasta pasados los 40 (como lo hace Brady y lo hiciera en su momento el General Favre), esta lesión viene a congestionar los alcances de un equipo contendiente, el acomodo de los involucrados en su conferencia y hasta la carrera de uno de los mariscales más prometedores de la historia.

Uno cuya promesa ha entregado con tanto fervor, que su fallo momentáneo nos hiere en lo más profundo, incluso a aquellos que no llevamos el queso en la cabeza.

Sigan en sintonía.   

@Adrian_Ibelles 

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