#4 TiemposColumna de Xalbador García

La poesía gráfica de Kay Nielsen | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra

Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com

 

Sherezada se encuentra a los pies del Sultán. No está arrodillada como una señal de sumisión. Al contrario, en cuclillas y desnuda, lo invita a un reino vedado a las diferencias. Extiende la mano para llevarlo a la ficción, un espacio más seductor que la realidad y, por eso mismo, más real que el mundo de poder y ambiciones donde él habita comúnmente. El cuerpo de la doncella es el reflejo de las historias que ella misma cuenta. Tan dulces como los labios recién amanecidos, tan tristes como los amores extraviados, tan fascinantes como el universo que se crea cuando dos pieles se reconocen siamesas.


En los colores de la imagen se puede apreciar el rumor oriental que tanto sedujo al autor de la obra, Kay Nielsen, a principios del siglo XX. Al noruego le interesaba integrar los trazos exóticos con los no menos extravagantes del Art Nouveau y la Escuela de Birmingham. Era la esencia de ese París que aún resplandecía como capital cultural del Mundo. Una a una, en las obras de Nielsen puede percibirse el diálogo intercultural que hizo de esas imágenes el sello de la época entre siglos.

No es casualidad que, en múltiples magazines de las primeras décadas del XX, tanto de Europa como de América, su obra aparezca reproducida acompañando estudios de su labor artística. Diversos intelectuales saborearon las ilustraciones del noruego. Les interesaban los territorios que lograba crear a partir de la disección de la literatura popular. La obra maestra de Kay Nielsen son las imágenes que acompañan a East of the sun and west of the moon: old tales from the North, escrito por Gudrun Thorne-Thomsen. Sin embargo, esos trazos tampoco le envidian nada a los que aparecen en los ya clásicos The Fairy Tales de Hans Christian Andersen y Hansel and Gretel and Other de los Hermanos Grimm.


La maestría de su trabajo lo llevó a Hollywood en los años treinta y, entre 1937 y 1941, trabajó para los estudios Disney. A Nielsen le debemos las más fascinantes estéticas de las películas de Blancanieves y los siete enanitos, La Bella Durmiente, Fantasía y una versión de La Sirenita. Si bien su labor fue respetada en Estados Unidos, el arte del noruego finalmente pareció demasiado oscuro y fuerte para una empresa que ya estaba en camino de convertir las obras de arte en sosas adaptaciones cinematográficas. Kay Nielsen regresa a Europa ignorando la valía de su genio. Muere en la miseria, tal vez dirigiéndose a uno de esos paisajes oníricos que nos brindó.

Es fácil degustar sus ilustraciones. Dejarse llevar por los cuentos que en ellas mismas yacen, como esperando al espectador atento que pueda descifrarlos. Los colores, las líneas, las imágenes, son susurros que nos invitan al camino, son deseos esperándonos al otro lado de la conciencia, son las historias que Sherezada aún guarda en secreto bajo la mil y una vez soñada luna.

 

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