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La mejor capitana | Columna de Alma Barajas

La capitana #13

La escuela primaria siempre fue un universo lleno de aventuras, posiblemente para los que hoy la cursan aún lo sea. El fútbol siempre llevó la batuta en aquel mundo diverso de entretenimiento. Cada partido, era una batalla a muerte, sin importar la edad del jugador.

Así pasó el tiempo, aquello que para algunos era un juego, para otros era un compromiso, una pasión más allá de lo entendible. Era normal, gritar, exigir, enojarse, llorar de frustración o de alegría.  

Después de tanto tiempo y tantas frustraciones, el punto final estaba por ser escrito. Con 26 años y una vida de jugadora en ligas locales, me di cuenta que no era necesario seguir el patrón de perfeccionismo que solo amargaba la forma de ver a este deporte. La decisión de despedirme del fútbol, era ya irrefutable en mi caso. Y esta chica, tan fastidiosita, ya tenía tiempo atrás preguntando por un equipo de fútbol rápido, definitivamente, era imposible que yo, volviese a jugar en otro equipo, estaba harta de sufrir todo el tiempo por cosas tan simples.

Ana Macías, no dejaba de insistir, entonces pensé, “ok, hagámoslo”. Iniciamos el equipo. No tenía nombre, pero, sí había una regla de suma importancia. En este equipo de fútbol, debes divertirte antes que exigirte, no se tolerarán gritos, regaños, ni reclamos a compañeras. Puedes dar consejos y felicitaciones, no se busca a la mejor jugadora, se busca a quien amé el deporte, quiera ejercitarse y quiera ser feliz pateando un balón.

Ana llevó a tantas chicas como pudo. Quienes aceptaran nuestra ideología estaban dentro. Cabe decir que todas se robaron nuestro corazón. Tal nobleza en un equipo de fútbol femenil, es difícil de encontrar. Ana Chabe Macías construyó un poderoso imperio de alegría que en toda una vida, a mí, no me había tocado conocer. El fútbol, la diversión, y el esfuerzo, estaban todos juntos en ese equipo, sin exagerar, y en mi caso, jamás había visto algo así.

Sin tanto optimismo pensé que pronto acabaría esa racha de felicidad y cero enojos. No fue así. Nunca ha terminado, aún existimos y seguimos apoyándonos, animándonos, de la mano del fútbol. Ana Macías lo logró, de manera increíble, lo logró. Ella quiso mezclar las sonrisas, la entrega, la tolerancia, la diversión, con el fútbol y lo hizo. Después de un tiempo viéndola jugar, recibir balonazos, animando a las niñas. Me di cuenta que solo ella era capaz de hacer eso.

Ana se fue hace un tiempo, no puedo hacer nada para que regrese a jugar con sus ahora “Coconuts”, y mientras veo su credencial de jugadora con un nudo en la garganta, aquella de la que tanto le hice burla por la foto gigantesca, ya saben, “la que no quería verse en la credencial”, me siento tan agradecida con ella por convencerme de no dejar ir el fútbol. Y aunque nunca quiso aceptar su puesto de capitana, siempre lo fue. Todas lo sabemos.

Hace poco, Guz Guevara, un amigo en común, dijo: no solo fuiste la capitana en este equipo, lo fuiste en la vida de tanta gente.

He decidido que guardaré su credencial conmigo, y ese puesto de capitana siempre será de ella, no sólo hablo por mi equipo, sus amigos entenderán. Que bello fue coincidir con Ana Chabe Macías. La capitana #13. La mejor capitana.

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