#4 TiemposColumna de Adrián Ibelles

La máquina del silencio | Columna de Adrián Ibelles

 

Postales de viaje

El quinto álbum de una banda suele ser el más complicado. Ya para entonces podemos hablar de una madurez tangible, de una base sólida que ha de conjuntar el sello estilístico y la experimentación de aquellos que no se conforman con la gloria y anhelan la trascendencia.

Hay quintos malos, como el Living Things, Comedown Machine; quintos exitosos como Help!, AM, Era Vulgaris, Black Álbum, In Your Honor; y finalmente quintos infravalorados, como The Hunter, Everything Now, y V, el disco con el que The Horrors ha escrito un nuevo capítulo en su breve pero prolífica historia.

He seguido a esos británicos extravagantes desde aquel lejano 2007, cuando Ileana Rodríguez y Chuck Pereda conducían In-D. Ahí experimenté una epifanía monumental cuando Gloves sonó en el televisor de la sala. Las guitarras, la voz tridimensional y lo estrafalario de sus ropajes me absorbieron de lleno, y luego ese órgano vampiresco, una combinación letal para alguien que aún buscaba una identidad. Luego escuché Sheena is a Parasite y She is The New Thing y al poco tiempo ya estaba en otra fase de mi obsesión. En mi siguiente viaje a la Ciudad de México compré en el primer Mixup que encontré el Strange House, primer álbum de estudio de The Horrors. El ciclo se cumplió momentáneamente cuando los vi en el Manifest de 2007, disfrazado de esperpento con pantalones entubados y delineador negro.

Como ellos, yo también dejé de hacer cosas extrañas y me busqué una identidad menos curiosa. Del Primary Colors, al Skying y luego al Luminous hubieron suficientes cambios en su sonido. De pronto la gente comenzaba a escucharlos porque sonaban a New Order o a Joy Division. Yo los escuchaba porque sonaban como a esa banda que me jactaba de haber descubierto y que recomendaba a cualquiera que me fuera topando por la vida, sin saber realmente por qué. Ahora que lo pienso, es difícil trasladar este gusto entre la gente, pues dudo que en 5 discos haya una rola capaz de sonar en un Top de la radio. No creo que sean ese tipo de grupos, de comercial de coches, de presentaciones nocturnas en un talk show.

 

Ahora han publicado V y no puedo estar más contento. La experimentación ya tiene una identidad, lo cual me parece muy similar a lo que refleja mi propia vida, donde más bien acumulo reflexiones y recuerdos. Es entonces que un disco como este, con un sonido tan integrado y apenas lo suficiente cercano al resto como para no ceder a la repetición pero si a la secuencia, lo cual me remite al orden natural de la vida.

Something To Remember Me By es un sencillo que vanagloria lo hecho por estos músicos que se esmeran por hacer lo que les gusta y no lo que se espera de ellos, relajando y perfeccionando su sonido. Ghost, Press Enter to Exit y Weighed Down son otras de mis favoritas.

Al V lo recomiendo quizás en un paseo sin rumbo a las seis de la mañana, acaso después de una larga noche o justo en el génesis del día. Con audífonos y una ecualización personalizada, que te permita agujerear cada suave rincón de este manjar sonoro.

Me veo en diez años escuchando los mismos discos, las mismas bandas, quizás en un lugar aún más al sur y con un cúmulo de sensaciones y experiencias encima, y espero que también está banda de Southend que tanto me gusta, siga creciendo conmigo.

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