#4 TiemposColumna de Óscar Esquivel

La maldad, ¿una enfermedad? | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

Desaparecidos

La maldad se castiga y se piensa solamente como un acto de pagar a la sociedad por la maldad misma. La maldad ya no se esconde sino el mal está vivo, lleno de energía, que no espera hacer algo maldito, lo tiene ya dentro en el alma, su única razón el terror.

Hoy la ciencia considera el mal, o a la maldad como enfermedades psicóticas, desequilibrios del cerebro, algo químico, que recorre el cuerpo entero de quien padece de “maldad”.

El mal es materia de elección, enfermarse no lo es, se elige ser maldito, se elige hacer el mal para saciar la frustración del pasado, perturbaciones de la infancia, saciar el rencor con la única manera ejercer violencia, terror, miedo profundo a quien lleva el bien en su persona.

Hoy existe un huracán algo farsante de la modernidad, que quiere tratar los criminales más sádicos, como si tuviesen cualquier enfermedad, como si fuera gripe o un dolor de muelas; se construyen las prisiones, hoy centros de readaptación social, como establecimientos de higiene muy parecidos a un hospital y regatean el pecado cometido como una función de circo, concluyentes de una enfermedad curable.

El mal en un criminal no se cura, podrá arrepentirse, pero no a curarse.

El mal perpetuo se aloja desde la creación del hombre, Adán y Eva, Abel y Caín, no solo es el asesinato, es la intriga, maldecir al prójimo, la violación, el engaño. El mal es tan antiguo como la humanidad misma y no contempla explicación por sí mismo, el mal es poco racional, no tenemos un raciocinio concluyente porque suceden cosas, pero pasan. Se ha tratado de explicar a través de los tiempos y desde las religiones el porqué del mal hacia otros semejantes o débiles, será como ya dijimos, por enfermedad o se contrae desde su nacimiento o será igualmente un designio divino que no es comprensible.

Seres indefensos han padecido la malignidad donde es también uno de los argumentos más sólidos contra la existencia de un Dios, el poderoso creador, que permite, la violación y asesinato de un niño, por alguien que ni siquiera conoce.

El mal que se hace presente de forma tan absurda y cruel, lleva a muchas personas víctimas de la crueldad del mal, en la búsqueda de un Dios que pueda dar explicaciones concretas, de por qué de tanto dolor sin sentido y tanta maldad sin castigo.

El Papa Francisco asegura que el mal se apodera del sacerdote para hacer de su víctima un inocente niño que seguramente se convertirá en un ente sin vida, ciertamente marcado por la malignidad de un sacerdote que juró transmitir y hacer el bien a la humanidad y ser siervo de dios y pastores de los hombre. Francisco como hombre de religión, dirigente de una iglesia nacida del buen verbo y creyente de la existencia del diablo como persona, acepta que los poderes de satanás influyen en un simple mortal como lo es un sacerdote, para cometer las más viles bajezas contra niños, jóvenes o discapacitados.

¿Acaso la iglesia católica no fue fundada en los pilares del bien? ¿Qué el ángel San Miguel perdió la guerra en el propio cielo?, Luzbel el ángel que retó Dios su creador, vuelve para consumar su venganza final, atrayendo a los pastores de Yahvé.

Por si fuera poco cientos de sacerdotes y monjas no han sido castigados, en Chile por ejemplo, miles de niños, violados y ultrajados por pederastas, conventos que son cárceles del inframundo, donde se han hallado, esqueletos de niños, no uno, ni dos digamos cientos, producto de aborto o bebés ya nacidos, entonces el diablo tomó posesión de las almas y conciencias de todos esos ministros de la iglesia para hacer de las suyas.

Creer en el bien como combatiente del mal, es en ocasiones difícil de discernir y dar una explicación, lo que sí, es que el bien se da día con día en las personas que son menos propensas a la envidia, a las pertenecías del otro, a sus vidas, no pretenden ser y obtener hasta su comportamiento en sus formas sociales.  

La envidia nos retira de la humildad, que sería el equivalente a no aceptar el mal.

Hoy tenemos ante nosotros en el país a un asesino serial, responsable de 20 muertes y desapariciones, que esto explica el número tan desbordante de desaparecidos en México, un hombre del municipio de Ecatepec, el delincuente pepenador hoy apodado “el monstruo de Ecatepec”, en su declaración dice que si sale libre volvería a matar, que nadie es superior a él, tiene la mente lúcida y sabe lo que hace, es un personificado del mal, ¿será el diablo en un cuerpo y mente quién desquicia al sujeto? La ciencia contestaría que es un psicópata de mente criminal, la iglesia es la ausencia del bien por lo tanto es un maldito.

Niñas, mujeres ultrajadas, vejada, violentadas al extremo, descuartizadas y tiradas como basura, para que su carne fuera devorada por las ratas, una película de terror de Alfred Hitchcock es una historia por demás insignificante.

Miles de desaparecidos se explican en un hombre como el “monstruo de Ecatepec”, otros por sicarios de la mafia mexicana, algunos por venganzas personales son desvanecida de la faz de la tierra, la desaparición no solo infringe a la víctima, sino al miedo constante de familiares, la desesperación de no saber nada de sus seres queridos, el terror de las familias es de por vida, la incertidumbre quema, hiere, mata lentamente a quien padece la ausencia de un ser querido.

Muchos se preguntan qué hacer con los portadores del mal, ¿aplicarles penas de muerte? ¿Castrar al violador? ¿Mutilar al ladrón? El mal se combate con el bien, ¿cuál es el bien que ejerceríamos contra el mal, sin caer en la misma violencia que ocasiona el mal?

Hagamos el bien, como si fuera la única cosa que tengamos que realizar cada día.

Nos saludamos pronto.

 

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