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La importancia de la humildad | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

 

Es innegable pensar que el buen paso del Atlético de San Luis luego de terminar como campeones en el anterior Apertura 2018 pueda pegar un poco en el ego de los jugadores, cuerpo técnico o hasta de la misma directiva. Luego de un par de torneos donde fueron sin duda de menos a más, donde hubo cambio de técnico y además de la llegada y salida de varios jugadores. Si duda el torneo anterior fue el mejor desde la creación del equipo, y por lo mismo, se deben controlar un poco las emociones de lo que los logros tan importantes significan más allá de que se tenga que festejar y reconocer que se ha dado el primer paso para la meta final (cercana al menos): lograr el ascenso y pertenecer a la Liga MX.

Diversas formaciones y alineaciones se han visto en el campo, y quitando un poco la época del español Molina, el nivel del equipo ha sido desde lo mediano hasta en momentos sublime. Hago a un lado el tiempo en el que el técnico español dirigió al conjunto rojiblanco/azulyoro porque si bien las pruebas no se pueden tener, el rendimiento, la entrega y el futbol mostrado por los futbolistas a su mando estaba muy por debajo del nivel que se espera de un jugador profesional, por más que sea de Ascenso. Con Sosa han logrado mantener cierta regularidad y se nota que han entendido la idea que busca plasmar en el campo, que la entrega y el corazón que le ponen lo podremos ver casi en todos los partido. ¿Por qué casi?, bueno, en dos partidos en particular he notado cierta arrogancia de parte del equipo en general.

Curiosamente, en un partido donde no se jugó con el equipo titular, pude notar el mismo cambio de actitud que se ve en los habituales once. Partido de Copa MX ante el América en casa. Atlético tomó el control del equipo, América tampoco jugó con su equipo titular. 60 minutos bastaron para que el San Luis hiciera dos goles y se fuera adelante del marcador, un parto de vital importancia para seguir en la pelea de la calificación. En ese partido fácilmente pudieron llevarse una ventaja mayor a los dos goles, pero una jugada de más o buscarla hacer de gente grande dejó el marcador con ese 2-0 final. Mi papá me lo dijo “en el segundo tiempo jugaron sobrados”, no es un experto analista ni mucho menos, pero viéndolo con otros ojos y desde la televisión, a veces uno percibe cosas que en el estadio no.

Y el caso más reciente este pasado fin de semana ante Potros UAEM. Un partido que se tenía controlado de principio a fin. Un primer tiempo donde dominaron los primeros quince minutos y el tiempo restante se igualaron en fuerzas, pero San Luis se mostraba con ganas. Los primeros 20 minutos del segundo tiempo el Atlético demostró la pegada que tiene y le clavó dos goles a los mexiquenses. La ventaja del par de anotaciones hacía parecer que se tenía el control del partido, pero faltando 5 para el final cae un gol del equipo local. Y entonces comenzó el “calvario”. Cada ataque de la caballería generaba peligro, un cabezazo pasó cerca del poste izquierdo de Carlos Felipe Rodríguez. Cómo es posible que un partido que se tenía prácticamente controlado y en la bolsa, lo termines complicando de forma tan repentina.

Simplemente ocurre que cuando eres superior al rival, piensas que basta con ponerte la camiseta salir al campo y vas a ganar, porque eres el campeón o porque tienes atrás de ti al Atlético de Madrid y no siempre es así. La fortaleza del equipo radica en mantener un buen juego en conjunto, no lo echemos a perder con exceso de confianza y jugar sobrados. Varios partidos se ha visto que tienen la mentalidad y la fortaleza para sacar adelante los partidos con cierta facilidad, pero eso no debe ser sinónimo de creer que siempre será así. Cuando las cosas se lleguen a complicar con ciertas circunstancias, esa misma mentalidad ganadora y humilde podrán ser las que lo saquen a flote. El camino al éxito está a la vuelta de la esquina. Ser primeros del Ascenso MX y en la búsqueda de hacerse de un nombre de respeto y consideración poco a poco se van cimentando. No lo perdamos por el ego.

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