#4 TiemposDesde mi clóset

La homosexualidad y la modernidad | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

Durante los siglos XVII y XVIII se manifestaron las primeras luces de subcultura homosexual en los extramuros de las grandes ciudades como Londres, París o Amsterdam, donde las relaciones homosexuales se practicaban con hombres adultos, no con adolescentes, que se podían encontrar en locales específicos, a menudo amenizados con espectáculos de travestismo. La aparición de estas subculturas provocó la rabia de los Estados, que intentaron controlarlas a través del terror, instaurando ejecuciones de homosexuales a modo de “escarmiento”. El ejemplo más aterrador es la masacre de Amsterdam, de 1730, en donde se asesinó a, por lo menos, 24 personas. A partir de ese momento se dejó de considerar la sodomía como un vicio causado por la lujuria para pasar a considerarse un gusto particular de un grupo minoritario de personas.

Durante el Renacimiento, la actitud frente a la homosexualidad va desde el amor platónico entre hombres y las obras de arte que celebran la belleza del cuerpo masculino, hasta la persecución, la tortura, la humillación pública y el ajusticiamiento de los sodomitas, a veces incluso en la misma ciudad. En general, se puede observar en Europa un incremento de las formas de tortura y de la diversidad de los sistemas de ajusticiamiento desde el siglo XIV hasta época moderna.

En Francia son conocidas las persecuciones del tribunal inquisitorial de Montaillou y de la ciudad de Pamiers; otras ciudades importantes como Aviñón y París todavía no han sido estudiadas con detalle. Sin embargo, existe una fuente estadística muy buena en el parlamento de París, que servía de corte de apelaciones para los dos tercios norteños de Francia. Los registros muestran entre los años 1565 y 1640, 176 condenas por sodomía, de los cuales 77 acabaron con la pena capital (se supone que una docena de estos casos fue por zoofilia, delito incluido en la sodomía). Extrapolando los datos, Crompton calcula unos 150 hombres y mujeres ajusticiados por sodomía en los siglos XVI y XVII. Durante el siglo XVII la mayoría de los casos son iniciados por padres que se quejan de que alguien ha abusado de sus hijos. También existen unos pocos casos documentados de persecución de lesbianas. Se conoce un caso de 1533 en Burdeos, en el que ambas mujeres fueron absueltas; otro de una mujer de Fontaines que se travistió de hombre para casarse con otra mujer y que finalmente fue ejecutada en la hoguera hacia 1535 por «perversión la cual usó para falsificar el oficio de marido». Un caso transmitido por Montaigne en 1580, deja entrever una pequeña comunidad rural lesbiana en Chaumont-en-Bassigni: siete u ocho muchachas decidieron vivir sus vidas como hombres; una de ellas, se casó en Montier-en-Der con otra mujer y mantuvo un matrimonio feliz cuatro o cinco meses, hasta ser reconocida por alguien de Chaumont; condenada por usar instrumentos ilícitos para el sexo, la culpada prefirió la horca a volver a su rol de mujer.

‘Auto de fe de la Inquisición’, óleo de Francisco de Goya

El escenario de las personas homosexuales se modificó de manera radical gracias a los principios laicos que bañaron a la revolución francesa. Durante la asamblea constituyente se eliminó la pena de muerte para el delito de sodomía. De la misma forma, Napoleón “despenalizó la homosexualidad entre personas adultas, siempre que se tratare de relaciones privadas”.

Junto al despotismo de los nobles, en el advenimiento de la revolución francesa, participó decisivamente la gran transformación de la clase burguesa del siglo XVIII, que, a base de trabajo, fue ascendiendo en la jerarquía social y se hizo con gran parte de las riquezas. El rencor de los burgueses hacia los nobles, que no supieron ver su fuerza, fue creciendo, hasta llegar a disponer de la capacidad necesaria para querer suplantarlos en el poder. El terreno de la ideología de los ilustrados se había ido preparando, ya dispuesta en una revolución que no se hizo esperar.

La clase burguesa, durante el periodo revolucionario, y luego de instaurarse en el poder, impuso su moral propia a la sociedad naciente.

Después de unos años en que la guillotina funcionara incansablemente y Francia conoció una enorme agitación social, los ejércitos franceses con el lema libertad, igualdad, fraternidad, la nueva religión, invadirán Europa victoriosamente. Con la revolución francesa, la monarquía absoluta perdió todo su poder y en 1792, se proclamó la Convención para instaurar una Constitución Republicana. Las revueltas a partir de entonces se dan continuas y Francia conocerá un tiempo de pesadilla.

Con la Convención y el directorio, al margen del desbordamiento que no pudieron evitar, se efectuó una labor muy útil y se reunieron las ideas nacionales de los ilustrados en una nueva constitución. Las ideas humanitarias de la Revolución francesa llegarán también al campo de la sexualidad. La sociedad está volviéndose laica y la religión empieza a perder poco a poco influencia en las costumbres, en un proceso que, desde entonces, llegará hasta nuestros días. Los homosexuales van a ser vistos desde la Revolución francesa no ya como pecadores, sino como enfermos, aunque las leyes los van a seguir condenando como delincuentes.

A menudo se considera de forma errónea que el Código napoleónico de 1804 es el origen de la legalización de la homosexualidad en Francia y se atribuye habitualmente esa legalización a Cambacérès, por ser el principal arquitecto del código civil. El Código Napoleón era un compendio de leyes que reglamentaba la vida civil. La legislación de Napoleón que es relevante es de hecho el código penal de 1810, que no fue obra de Cambacérès y que, en cualquier caso, no hacía más que confirmar las disposiciones del código penal de 1791 que no castigaba la sodomía. Es decir, fue la Asamblea Nacional Constituyente la que descriminalizó la homosexualidad.

El pensamiento de los ilustrados hacia el comportamiento desviado es de indiferencia e incomprensión y el pueblo va a adoptar una actitud de mofa o burla ante ellos. Así, Diderot, uno de los fundadores de la enciclopedia, hace provenir las tendencias homosexuales de una pobreza orgánica de los jóvenes, de la corrupción de la mente en los ancianos, del atractivo de la belleza en Atenas, de la carencia de mujeres en Roma y, el temor de adquirir la viruela en París.

El Siglo XIX mantiene en los países europeos la pena de muerte para las prácticas homosexuales, aunque los sodomitas sean castigados cada vez más frecuentemente con la privación de libertad y conducidos a las prisiones, donde conocerán el abandono, suciedad e inhumanidad de unos lugares hediondos y terribles. La denuncia de los establecimientos penitenciarios realizados a finales del siglo XIX, va a ir poco a poco dando sus frutos y, entre las gentes de espíritu liberal, se van ideando formas menos crueles para realizar la privación de libertad.

Las estructuras de poder estaban cambiando y lo que en un momento era pecado, terminó por convertirse en un delito para los hombres, en el caso de las mujeres este periodo, fue el inicio de su invisibilización como personas sujetas de derechos y obligaciones, así como dotada de sexualidad y voz propia (Suárez, 2000).

Las conquistas de Napoleón y la influencia cultural francesa extendieron esta forma de legislación por toda Europa y América. Este hecho tuvo consecuencias a largo plazo, ya que muchos países de Europa, la mayoría de ellos católicos, adoptaron el código napoleónico en sus legislaciones, provocando la despenalización de la homosexualidad en España, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Baviera, y muchos estados pertenecientes hoy a Italia.

También se puede entrever en este periodo que la secularización crearía un vacío normativo donde la sodomía no era ya perseguida como tal, ahora se disfrazaría el delito tomando como medidas el escándalo público o porque subversión a las bases de la hegemonía masculina. En ese sentido el caso de Gregoria Piedra alias “la macho”, es ejemplar ya que estuvo presa en la cárcel de la ciudad en cuatro ocasiones por “haberla cogido vestida de hombre”. Su temperamento explosivo la hizo pasar tres meses en la Acordada y conoció varios lugares como el Hospicio de Pobres, la cárcel eclesiástica y la cárcel de Corte, pero nunca se le tachó de sodomita, tríbade o lesbiana, aunque era de conocimiento público (Hernández, 2012).

En España se omitió la condena por sodomía en el Código Penal de 1822 y se abolió la Inquisición definitivamente en 1834. Junto a estos países, había otro grupo de países mayoritariamente protestantes en donde la homosexualidad masculina continuaba siendo delito, lo que promovió una suerte de “turismo homosexual” de las clases adineradas del Norte que iban en busca de placer a los países del Sur, en donde se disfrutaba de libertad. Esta disparidad en el tratamiento de la homosexualidad hizo que algunos homosexuales que vivían entonces en países que la condenaban, comenzaran a hacer campañas pidiendo la abolición de las leyes de sodomía, reivindicando que su forma de vida no era contra natura ni una forma de moral corrupta, presionando a los políticos para que cambiaran la legislación.

@paulibarra06

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