Desde mi clósetNoticias en FA

De la homosexualidad a la gayasidad | Columna de Jeús Paul Ibarra

Homosexual couple wedding ceremony

Desde mi closet

Luego de los sucesos ocurridos en Stonewall, las personas con prácticas homoeróticas salieron a las calles en busca de visibilizarse. Cansados de seguir escondidos en guettos de suburbios en las grandes ciudades, cuestionaron, en primera instancia, los privilegios que la heterosexualidad había asegurado. Rechazaron el mote impuesto por el régimen y discutieron en busca de un término que definiera de manera concisa lo que a través del movimiento estaban consiguiendo. Es de esta manera como nace el término gay.

Gay es una identidad normalizada que cumple las representaciones de un grupo de individuos que por sus prácticas sexuales se desvinculan del sexo visto como natural. Hoy día se cree que esta clasificación no es dañina para el individuo pero tiene consecuencias en el imaginario social. Para ser gay debes de tener atributos específicos y operar en unos campos distintos a los heterosexuales. Es decir, por una atracción sexual, la vida del individuo queda marcada por comportamientos estandarizados para dichos individuos.

Ser gay es una conceptualización, no es una esencia innata en el individuo, pues al igual que la heterosexualidad debe reinscribirse continuamente. Esta identidad debe ser performada para la asimilación en el contexto social. Con esto no pretendo decir que no se pueda sentir un individuo atraído hacia individuos de su mismo sexo, pero si entendemos que los comportamientos sexuales y las identidades que estos conllevan no son sino patrones estandarizados que tienen como función crear colectivos y clases de individuos, tendiendo así a la exclusión, de lo contrario costará trabajo localizar los mecanismos de dominación presentes en estos sistemas.

Sin embargo, el surgimiento de la categoría gay parece traer consigo un aspecto distinto al de homosexual. El cambio de mentalidad de los sesentas provocado por el movimiento feminista y la revolución sexual integra dentro del catálogo la lucha por la integración y el reconocimiento social de aquellas personas con atracciones eróticas, afectivas y sexuales hacia su mismo sexo y género.

La palabra gay fue diseminada entre las nacientes subculturas homoeróticas que veían una posibilidad de resignificar al sistema que les había oprimido antes. Parecía ser que algo podría desestabilizar al sistema sexo-género, era un momento propicio para cuestionar a la heterosexualidad obligatoria.

Sin embargo, a pesar del arribo histórico de “los movimientos de liberación de las feministas, de las lesbianas y de los gays cuyas intervenciones ya han puesto patas arriba las categorías filosóficas y políticas de estos discursos en su conjunto, estas categorías (que fueron puestas en cuestión de este modo brutal) no por ello han dejado de ser utilizadas sin examen por la ciencia contemporánea” (Wittig, 1992). Es entonces que surgen discursos normativos con el firme cometido de colonizar a aquellos bárbaros que cogían sin control y gozaban de los placeres de la vida y lo más grave para el sistema, contaban con la colaboración del movimiento feminista, que tantas veces había intentado poner en jaque al régimen hetero. Es por ello que el poder colonizante del capitalismo genera un plan de contrataque fulminante. Provocará enfrentamientos entre ambos grupos e intentará disolverlos.

Para tal efecto, utiliza al poder mercadológico. Inventa el comercio, el turismo, y hasta culturiza lo gay, le da cabida en el mundo heterosexual. Adiestra a la gayasidad para establecer relaciones monógamas, y atravesadas por el aparato heterosexual. Exalta la virilidad, la belleza masculina y el acceso a capital. El patriarcado inicia un proceso de mutación que termina por establecer roles dicotómicos entre los ahora denominados hombres gay. Quienes, desde el instante en que se autodeterminan como hombres gay traicionan a los feminismos al tiempo que refuerzan el poderío heterosexual. Así pues, el movimiento gay de liberación dejó de serlo para dar paso a una sociedad heterosexual con prácticas homoeróticas.

De esta manera el patriarcado heterosexual resignificó lo ya antes resignificado. La homosexualidad entonces reproduce los mismos patrones. Guérin tiene razón al afirmar que la homosexualidad nunca daña a pesar de lo puedan decir que algunos hipócritas de la lucha de clases, la agresión revolucionaria, siempre y cuando no se dé al exceso, en la multiplicidad de la draga. Si está sujeta a cierta reticencia por parte de algunos autoproclamados “guías” del proletariado, es por alguna otra razón. Se preocupan porque la disidencia sexual, si se hace evidente, no desacredite a sus activistas en los ojos de la homofóbicos, o los hace susceptibles al chantaje y otros vejámenes. Pero aquí ponemos los pies en otra área, la del prejuicio, del “tabú”, que hoy azota, a pesar del progreso logrado, a los homosexuales en conjunto (Guérin, 1997).

Se ha documentado cómo es que la mariconeria moderna ha transitado por un entramado diverso que le ha llevado a configurarse y reconfigurarse de manera constante. Ser gay hoy en día es ser un miembro del aparato capitalista que ha cooptado de manera ruin todas las posibilidades de disidencia. Ser gay implica ahora mismo buscar el reconocimiento del sistema heterosexual. Te casarás, formarás una familia, en México tendrás una casa del Infonavit y recibirás un aguinaldo cada año.

Paco Vidarte se cuestiona el por qué es necesario que exista un modelo de ser gay. El cuestionamiento de estas categorías ha llevado a los movimientos de liberación a preguntarse “¿qué es ser marica?, ¿qué es una lesbiana?, ¿qué es una trans? […] Lo que cuenta es la identidad gay, lésbica y trans que se está forjando ahora, que es moneda corriente, que está en perpetuo hacerse, modificarse, cuestionarse, revisarse, abandonarse y retomarse (Vidarte, 2007). Hoy en día ser gay no es lo mismo que lo fue en los sesentas, un hombre gay actual no busca la liberación del sistema opresor, busca la legitimidad normativa, se cambió el activismo por incidencia política y las calles por las oficinas de gobierno.

El capitalismo se sustenta como sistema político, económico, social, cultural y militar, apoyado en múltiples dominaciones que fortalecen el sometimiento de amplias franjas de la humanidad, aumentando su dependencia y vulnerabilidad. El heteropatriarcado contribuye a esta perspectiva, colocando a una parte de la humanidad, las mujeres y las personas que se alejan del patrón heterosexual en condiciones desventajosas y en la marginalidad. Ser homosexual, gay o marica es una posición política que se adquiere a nivel individual y que en el transcurso de las reflexiones se teoriza y filosofa.

@paulibarra06

También recomendamos: Los medios de comunicación | Columna de Jeús Paul Ibarra

Nota Anterior

Los cuatro populares | Columna de Héctor Morán

Siguiente Nota

A mí no me gusta la pelota | Columna de Dainerys Machado