#4 TiemposDesde mi clóset

La frecuencia sexual entre HSH potosinos | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

México es un país con una cantidad considerable de actividad sexual. Con base en una encuesta sobre rutinas eróticas realizada por Lilly ICOS el “56 por ciento de los mexicanos mayores de 33 años mantienen relaciones sexuales al menos dos veces por semana” (Vanguardia, 2016). En comparación con la muestra para este estudio, poco más de un tercio de HSH potosinos tienen en mayor medida relaciones sexuales una vez por semana, seguido de aquellos que tienen prácticas sexuales dos veces por semana con un 19.9%. En tercera posición se ubican quienes tres veces a la semana tienen sexo, con un 16.2%.

La frecuencia de la conducta erótica encuentra algunas variaciones significativas por edad. Dos quintos de los HSH de entre quince y veintinueve años, tienen sexo por lo menos una vez a la semana; a diferencia de sólo un tercio del grupo de entre treinta y treinta y nueve años de edad que se localiza en la misma condición.

Asimismo, de manera general, la frecuencia parece aumentar con la edad. Los mayores de treinta años reportan un porcentaje mayor en el total de relaciones sexuales semanales, que sus pares de menos de veintinueve.

En este mismo sentido, resulta evidente la proporción entre el grado de deseo sexual auto-percibido con la frecuencia en la que los HSH tienen prácticas eróticas. En una escala del 1 al 5 para medir la frecuencia de con la que se siente excitación, casi la mitad de los hombres que tienen sexo con otros hombres potosinos “a veces” se sienten excitados, pero el 49% “casi siempre” y “siempre” se sienten erotizados. Por lo que es factible asegurar que hay un alto grado de sexualización de los cuerpos de los HSH, lo que les lleva a estar en búsqueda constante de espacios para la praxis sexual.

La población HSH potosina, de manera particular establece dinámicas de “ligue” permeadas por discursos homofóbicos y misóginos que repercuten en la expresión de género de cada individuo. Al privilegiarse la localización de un sujeto masculinizado, activo preferentemente, se desarrolla un performance de género (Butler, 1999) que se exacerba en la medida que la socialización se digitaliza. Incluso, es una de las razones por la que se ha incrementado el porcentaje de HSH de menos de veintinueve años que tienen vida sexual activa. EL 16.09% del grupo muestra asegura no tener relaciones sexuales al momento de la realización del instrumento. Lo que contrasta con los datos de una década atrás, en el que sólo el 2.6% (Gutiérrez, 2012)de los HSH declaraban inactividad sexual durante el último mes previo a la aplicación del instrumento.

La performatividad asociada al género que busca crear una imagen masculina en los HSH, inhibe las oportunidades para el encuentro erótico-afectivo fortuito.

“Sigo en espera del bueno. Sé que algún día llegará. No sé si en forma de príncipe azul, pero no pierdo la esperanza. […] Yo creo que es lo que todos buscamos, un verdadero hombre que nos haga felices” (Francisco 25).

Esta falta de oportunidades ha provocado una crisis entre la población HSH potosina por el encuentro con el ideal amoroso actual. Tener una pareja erótico-afectiva que proporcione estabilidad integral es el principal elemento para la formalización de una relación en este sector de la población. Sin afán generalizador, existe una tendencia por la llamada “entrega total” que desvanece en mayor medida la percepción del riesgo frente al VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

Derivado de la sistematización del proyecto “Compárteme esta” financiado por Censida y operado por la Red Diversificadores Sociales (2017), se desprende un interesante dato: los HSH potosinos adquieren el VIH luego del establecimiento de una relación “estable” o luego de “enamorarse” de un individuo al que decidieron entregarle “todo”. Lo más interesante es que del total de hombres que se aplicaron la prueba el 27.3% no habían tenido relaciones sexuales penetrativas en el último mes.

Asimismo, de los casos reactivos a VIH, el 63.15% de los diagnosticados no había tenido actividad sexual en los treinta días previos. De ese mismo universo, el 66.6% sólo había tenido una pareja sexual en los últimos seis meses. Lo anterior revela la forma en que los roles de género operan en el ejercicio de violencia simbólica erótica, que coloca en riesgo y alta vulnerabilidad a este sector de la población.

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