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La “fiestecilla” de la discordia | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

Ya pasó una semana de que fue publicada la que fue llamada “la verdadera despedida del Tri” en México”, y que no fue el partido que tuvieron contra la selección de Escocia (que dejó muchas incógnitas e incertidumbre, pero nada que no se supiera ya) sino del “pachangón” (que hasta ese momento se dijo) habían armado 9 seleccionados, señalados en la revista TV Notas, y que además habían llevado a dicha reunión a más de 30 damas que fueron calificadas de “escorts”; fiesta que culminó para algunos a altas horas de la madrugada, y para otros terminó hasta la tarde del domingo previo a que viajaran a Europa para continuar con la concentración para Rusia 2018.

Seguramente ya un tema tocado y que se le ha dado la vuelta mucho, entre quienes piensan que en su tiempo libre (ya que se encontraban con permiso de cuerpo técnico y directivos) pueden hacer los que quieran, los que consideran que como profesionales y dado que no han mostrado un nivel futbolístico decente no es tiempo para fiestas, y otros como yo que tenemos una opinión dividida y que nos encontramos en el medio de las dos posturas: claro que están en su tiempo libre y ellos pueden hacer lo que quieran, eso me queda claro, pero también entiendo que como profesionales que son en el deporte, y algunos con obligaciones y compromisos personales (es decir: novia, esposa y seguramente “familia”) no pueden permitirse hechos que se presten a especulaciones y malos entendidos (no sabemos qué pasó realmente en la fiesta, más de lo que se puede “deducir”).

Para mí, más allá de si merecen un castigo o deben de ser juzgados o separados del equipo, me preocupa más la falta de pantalones y de liderazgo que se tiene dentro del equipo, ¿por qué lo digo?, pues porque apenas el fin de semana pasado el diario El País sacó una nota en donde recopilaron testimonio de familiares y amigos de los seleccionados, quienes confirmaron al prestigioso diario español que no fueron nueve sino 23 seleccionados (menos “Chuy” Corona) que estuvieron presentes en dicha fiesta y en el que aseguraron sí había varios amigos y familiares de los seleccionados y no “escorts” como se había mencionado con anterioridad, situación que por supuesto generó inconformidad dentro de los aztecas que nos representarán y que siembra la duda: ¿por qué señalar únicamente a nueve y dejar que se les satanizara y crucificara mediáticamente para proteger a los otros 14?, ¿por qué no dieron la cara Rafael Márquez o Andrés Guardado, siendo los capitanes y estandartes del selectivo?, ¿una semana tuvo que pasar para que el “Chicharito” fuera quien diera la cara y explicara lo que había ocurrido?

Lo que esta situación vino a desenmascarar y a poner sobre la mesa es que hay consentidos en la Selección, jugadores intocables que se esconden bajo la máscara de la decencia, valores y el “yo ni fui” sin remordimiento de sacrificar a los que son sus compañeros y con los que comparten un vestidor; decían que Herrera estaba pensando “bajarse del barco” por no sentirse “arropado” o protegido por los directivos, y lo entiendo completamente (tanto como puedo juzgarlo). A nadie le gustaría estar/representar/compartir espacio en un lugar donde se protegiera a uno a costa de otros. Si yo fuera uno de esos nueve jugadores (quizá hubiera hablado antes de que se hiciera un rollo tan grande por lo de la fiesta, seguramente hubiera asistido) pero me iría de la selección, ya no por decencia sino por orgullo. Una piedrita más a la ya complicada era de Juan Carlos Osorio, que ya no será señalada únicamente por sus rotaciones y malos encuentros, sino por la división del equipo por una fiesta a la que tristemente, no fuimos invitados.

@Emmanuelcoatl

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