Columna de Ricardo Sánchez García

La feria y sus asegunes | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

Llegó agosto y también la nacional Fenapo. Ella, además de artistas, comida y palenque, trae consigo nuevas discusiones y levanta viejas ampollas, algunas de las cuáles se recrudecen y otras vuelven a su lugar esperando ser rascadas el siguiente año. Su organización interna, basada en intermediarios, siempre ha sido controversial. En ediciones anteriores incluso se denunciaban abusos por falta de pagos de honorarios para artistas urbanos, colaboradores en la elaboración de la majestuosa fachada. Este año, mujeres encadenadas exigieron derecho a sus locales teniendo por fundamento la antigüedad. Muy pronto fueron nota los pleitos entre uber y taxistas y la desatinada salida al conflicto. Los comentarios sobre la inseguridad en el perímetro, los agarrones entre autoridades y locatarios también son comunes. Sobre franeleros y vecinos en busca de ordeñar banquetas y las críticas por costos en el estacionamiento, podremos encontrar muchos comentarios en la Internet.

Pero otras discrepancias, presentes a través de imágenes y videos, han causado revuelo y disgustos, como también risas o bofetadas cibernéticas entre usuarios de las redes. La ola de memes fue catalogada de clasista o incluso discriminatoria, al grado de generar polémica y reavivar la vieja discusión de lo que entendemos por cultura y arte. La carencia de ingenio o saberles refritos basta para tener la impresión que quienes les producen o comparten no esperarían generar una crítica más fuerte. Sin embargo, los memes nos ayudan para reflexionar un poco.

Según se vea, la feria son muchas cosas. En definitiva, representa un encontronazo cultural, una muestra de nuestra idiosincrasia, un asomo del multiculturalismo y claro, una disputa por los recursos. Las ferias son oportunidades laborales periódicas aprovechadas por profesionistas de abogacía, contadores o diseñadores, haciendo funciones de logística o animación. Son cables de alta tensión mal unidos entre charcos o con mangueras rotas y luces fundidas con estridentes ruidos. Ahí, entre gritones y glotones se camina sin rumbo fijo o a donde te lleve el sentido de la muchedumbre. Como espacio respetuoso, se tiene el derecho a recorrer los pabellones sin comprar nada.

Para asistir a la feria se requiere cierto grado de complicidad. No esperen ver en realidad una mujer lagarto. Por si no lo nota, quien le representa muchas veces ni siquiera es mujer, menos será lagarto. Según lo recuerde, la feria para muchas familias es oportunidad de convivencia, pues a pesar de la onerosa cuota de entrada, madres de familia con sus pequeños hacen el esfuerzo de asistir. Niñas y niños con mucha imaginación construyen momentos mágicos de los que vale la pena guardar en la memoria. La estrategia en los adultos consiste en llegar a tiempo y salir temprano para alcanzar el democrático servicio público.

El poeta Pablo Neruda afirmó “México está en sus plazas y en sus mercados”. Yo agrego: y en sus ferias. El México del que personas se avergüenzan es el país construido por todas y todos. Las ferias, nos guste o no, son espacios donde conviven polos que a muchos les molesta verse tocar. Según lo mires, el espacio puede ser incluyente, al grado de pregonar opciones para todos los gustos y posibilidades, aunque de facto, cada vez con más exclusividades y zonas VIP.

Centradas las polémicas cibernéticas en los gustos personales y la música popular, fue en el teatro del pueblo, en un horario no estelar, bajo un solazo fuerte y con un público inferior a cien personas, donde descubrí hace años a Ernesto Anaya. Magnífico músico que en el instante me cautivó. Evidencia es que en la feria encuentras de todo un poco, según enfoques.

Previniendo el desenlace de las ciber discusiones, quiero confesar valientemente: a mí sí me gusta ir a las ferias. La de Santa María del Río, que nos recibe hasta el quince de agosto, es de mis favoritas, porque en esa hermosa ciudad de rebozos, nogales y ardillas encuentro muchas amigas y amigos. También recomiendo la feria del Barrio de Tlaxcala. En ambas, la advocación que convoca es Nuestra Señora de la Asunción.

Dubái es una ciudad que usted puede escoger para vivir. Pudiéndolo hacer, muchas familias eligieron el poniente de la ciudad. Las ferias son espacios artificiosos sin el lastimoso, criticable y discriminatorio NRDA. Aun así, para estar en ambos lugares se requieren condiciones económicas que desgraciadamente y aunque usted no me crea, a muchos no les alcanza.

A la feria, como a cualquier otro lugar, le ennoblece o le envilece no la persona visitante, sino la actitud de cada quien ante la vida. Las ferias, como muchos espacios, son lugares donde unos ríen y otros lloran, unos comen y otros observan, unos se divierten y muchos trabajan horas extras. Plena es por naturaleza de grandes contradicciones.

Con todo, la Fenapo es un sitio lúdico, pero también un fenómeno del que debemos reflexionar desde muchos puntos de vista. Como cualquier otro, será siempre algo nuevo, recíproco a la capacidad de sorprenderse de cada quien.

Para mí representa bellas experiencias y recuerdos que me prefiero guardar. Quizá soy un romántico o será que cada quien habla según le va en la feria.

@RicSanchezGa 

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