San Luis en su historia

La esclavitud en San Luis Potosí | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

No obstante que en repetidas ocasiones hemos comentado, tanto en artículos periodísticos como en algunas pláticas, que la esclavitud fue una realidad y que incluso llegó a ser reconocida como institución jurídica en San Luis Potosí, prevalece el criterio de que fue un fenómeno que se dio solamente en Grecia, Roma, México precolombino y en otras naciones de la antigüedad. Tanta es la repugnancia natural que causan los relatos sobre situaciones concretas de este tipo, que lectores y escuchas se muestran sorprendidos e incrédulos y, por lo mismo, atribuyen a la inventiva y a la imaginación tales descripciones; pero los documentos originales, relativos a compraventa y manumisión, u otorgamiento de la libertad a esclavos, que se conservan en el Archivo Histórico de nuestro Estado constituyen una prueba irrefutable de su existencia.

Aún cuando esta realidad es reprobable, desde cualquier punto de vista, llegó a ser, como ya lo dijimos, una institución jurídica. Sí estimado lector, la esclavitud, desde tiempo inmemorial, fue reconocida y aceptada por los seres humanos que formaron los pueblos, y por lo tanto plasmada y reglamentada en el conjunto de normas establecidas por ellos mismos, para llevar una vida comunitaria pacífica basada en la armonía y la concordia. A este conjunto de normas se le llamó: derecho.

La moral y el derecho aceptaron durante muchos siglos que un hombre se considerara propiedad de otro, y éste, en calidad de dueño, podía disponer a su antojo de ese ser humano semejante a él, y por consiguiente, se llegó a la lógica y al mismo a tiempo aberrante conclusión de que se le debería tratar como un objeto, por lo que al referirse a ellos se les mencionaba de la misma forma en que la ley se refiere a los animales, es decir como: semovientes.

Como prueba de lo dicho en el párrafo anterior, me permito transcribir un contrato que fue consignado 20 años después del establecimiento del pueblo, en el protocolo del escribano real y público Juan de Trujillo, datado el día 5 de mayo del año de 1620 en el que se compran diez seres humanos, niños y jóvenes (hombres y mujeres) entre los 8, 10, 12 y los 18 años de edad. Con seguridad todos o algunos de los menores, fueron arrancados de los brazos de sus padres y como a los animales se les marcó con un hierro candente; en este caso, en la espalda y el brazo izquierdo. Es pertinente hacer notar que muchas de las veces se les marcaba en la mejilla o en la frente y hubo ocasiones en que, por escrúpulo de su dueño y para mayor seguridad, se marcaron tanto en la cara como en la espalda.

Se trata de un protocolo mutilado, la parte de donde se tomó esta transcripción se encuentra sumamente maltratada, por ello es que algunas palabras y frases completas se pusieron entre corchetes para indicar con éstos, que esa parte está ilegible o definitivamente roto el papel en ese espacio. La ubicación debería ser en el fondo de Alcaldía Mayor o del Registro de la Propiedad, pero se encuentra en el de Secretaría General de Gobierno.

He aquí la transcripción del documento:       

Sepan cuantos esta carta vieren, como yo, el capitán Juan de Pinedo Salazar, estante en este pueblo de San Luis Potosí, otorgo que por mí y el capitán Julián de Santa Clara, estante en la ciudad de México, vendo y hago venta real al capitán Martín Ruiz de Zavala, vecino y minero de este pueblo y a Miguel de Capetillo en su nombre, de diez esclavos de la marca de afuera [aquí el escribano está indicando que en el margen izquierdo aparece el dibujo de la marca con que se herró a los diez niños] cada uno de ellos en la espalda derecha y en el brazo izquierdo y […el?] derecho de cuenta del dicho capitán Julián de Santa Clara. Que los dichos diez esclavos son de los nombres, tierra y edad siguientes:

María, negra de Tierra Angola,

Catalina, negra de Tierra Angola,

Alexandro, negro de Tierra Angola,

Francisco, de Tierra Angola.

Manuel de la Tierra Angola.

Porque de los otros cuatro esclavos, cumplimiento a los dichos diez que así le vendo, no me acuerdo de sus nombres al presente, más de que como dicho es, están marcados en una de las partes dichas con la marca de afuera. Y todas, diez piezas, se las tengo entregadas y son de dicha Tierra Angola.

Y las han recibido los dichos capitán Martín Ruiz de Zavala y Miguel de Capetillo en su nombre. E todas dichas diez piezas, unas con otras son de edad de ocho a diez y doce [años] y a dieciocho años poco más o menos.

Y se los vendo por esclavos cautivos subjetos a servidumbre y por libres de hipoteca, venta, empeño, ni otra enajenación, sin asegurárselas de ninguna tacha, vicio ni defecto, ni enfermedad pública ni secreta, porque con todas aquellas que parecieren tener en cualquier tiempo.

Se las vendo y todos diez esclavos por dos mil pesos de oro común que en reales me ha dado y pagado el dicho capitán Martín Ruiz de Zavala, de que estoy contento y entregado a mi entera voluntad porque de presente no parecen […?] de non nummerata pecunia [leyes] de su prueba. Y desde hoy en adelante [y para sien]pre me quito, desisto y [aparto] y al dicho capi[tán] Juan de Santa Clara del derecho, caución que habíamos y teníamos a las dichas diez piezas de esclavos y los cedo, renuncio y traspaso en el dicho Capitán Martín Ruiz de Zavala, comprador, para que sean suyos propios y haga de ellos a su voluntad.

Y me obligo y al dicho capitán Julián de Santa Clara, a la evicción, seguridad y saneamiento de las dichas diez piezas de esclavos en la más bastante forma que mejor podemos y somos obligados por derecho. Y otorgo a favor del dicho capitán Martín Ruiz de Zavala, el acta de venta real en forma, con todos los demás requisitos, fuerzas y firmezas para su validación necesaria. Y al cumplimiento de esta carta obligo mi persona y bienes, y la del dicho capitán Julián de Santa Clara, mi parte, habidos y por haber, y doy poder cumplido a cualesquier juez de Su Majestad, en especial a los de este dicho pueblo, en donde me someto y renuncio cualquiera que ganemos, y la ley si convenerit de iurisdictione omnium judicum (Esta ley se mencionaba muchas veces en forma sincopada, es decir solamente se decía: la ley Si convenerit. Y se refiere a que una persona debe sujetarse exclusivamente a la jurisdicción y juez que le corresponde y no a otro u otros distintos, por eso es que en este caso renuncia la ley para que cualquier juez pueda conocer de este asunto no importando el lugar donde se encuentre o a qué juez le corresponda.) para que me apremien y le apremien como por sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada y renuncio todas y cualesquier leyes, fueros y derechos de mi e de su defensa con la general del derecho.

Y al dicho Miguel de Capetillo que está presente y en voz del dicho capitán Martín Ruiz de Zavala, otorga que hace esta venta y de las dichas diez piezas de esclavos se da por contento y entregado a su voluntad. Hecha la carta en este pueblo de San Luis Potosí ante el presente escribano y testigos que asisten el despacho del escribano público de él, en cinco días del mes de mayo de mil y seiscientos y veinte años, y yo el escribano doy fe conozco al otorgante y aceptante, y lo firmaron en este oficio. Testigos Francisco Santos y Gregorio de Fuentes y Simón Pascua, escribano real de San Luis. Juan de Pinedo Salazar (rúbrica), Miguel Capetillo (rúbrica). Ante mi Juan de Trujillo, escribano real y público.

La escritura de compraventa de esclavos transcrita, fue redactada en los albores de nuestro pueblo. Este es sólo un ejemplo porque en los acervos del Archivo Histórico del Estado existen miles de documentos que hablan de compraventa de esclavos, de otorgamiento de libertad a los mismos y de la compra que hicieron muchos de estos seres humanos de su propia libertad, después de haber luchado y trabajado quizá hasta el agotamiento. El original de esta escritura se encuentra en el protocolo de 1620 – 1, del escribano Simón Pascua, a fojas 33 frente y vuelta; fue pasada ante la fe de Juan de Trujillo, escribano real y público. Documento que se localiza en el fondo de Alcaldía Mayor de San Luis Potosí, en la Institución que ya hemos mencionado.  

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