#4 TiemposBalcón Vacío

La dimensión hermosa y desconocida | Columna de Alex Valencia

Balcón Vacío

 

En días pasados, el mundo tuitero cayó rendido de ternura ante uno de los mensajes más emotivos desde su creación. No, no se trata de un nuevo video de gatitos. Es algo más poderoso y conmovedor. Poco antes de las ocho de la mañana, Ricardo Anaya, adalid de la coalición de izquierecha, subió una foto junto a su rubio y ojiazul vástago con la leyenda: “Hoy muy temprano llevé a Mateo al colegio”.

Amor es lo que el mundo necesita, regresar a lo básico, a fascinarnos por las cosas simples de la vida y dejar atrás todos los sentimientos negativos en las cuales nos envuelve la cotidianidad y nos hace ser menos humanos. Volvamos a descubrir el mundo a nuestro alrededor.

Son las 07:20 de la mañana, se nos han pasado ya dos camiones que ni siquiera hicieron la parada porque ya venía con personas colgando en los estribos. La tercera es la vencida, logramos subir y acomodar a nuestros hijos en el pequeño recoveco bajo el pasamanos aunque nos toque viajar con la cara embarrada en el vidrio de la puerta. A las 07:50 se aproxima la bajada, para entonces la gente nos ha conducido ya a la parte media del transporte, donde se confunden los olores de lociones y perfumes con los primeros y densos sudores de la mañana. Ya se pasó la bajada. Con una destreza adquirida con el tiempo y la costumbre, logramos avanzar reptando entre los cuerpos por espacios físicamente imposibles y conseguimos bajar justo antes de que el camión arranque. Son las 08:05, tiempo límite para el ingreso de los niños a la escuela, el sudor se evapora por el calor generado con el coraje e impotencia, sólo queremos aventar a los niños tras las rejas de la escuela y seguir corriendo para llegar a checar al trabajo o las labores del hogar antes de que sea muy tarde.

No. No hagamos eso. ¿Ven el rayo de luz abriéndose paso tras las nubes negras? ¿El canto de los pájaros anunciando el nuevo día? ¿La alegría de la niñez que entra a la escuela a forjar el México del futuro? Detengámonos un momento. Saquemos de nuestra bolsa el smartphone y apuntemos a los sonrientes rostros de la familia. El señor Anaya puede, nos ha enseñado como hacerlo ¿Podemos? Sí, también podemos hacerlo como él y disfrutar el día. Y publicarlo en redes.

Pongamos música en nuestro dispositivo, el día se presta para ser ejemplo. ¿Qué tal algo alegre? ¡Na na na na na, nanana! ¡Qué indito tan bonito! Y salió en la tele. Canta bien padre. Es del partido este del gordito que fue candidato, que era de otros y ya se volvieron a aliar, de esos que buscan un cambio por San Luis. Buena vibra, caminemos nuestras calles con orgullo.

Las mujeres, quienes velan por la casa mientras no estamos, irán al mercado, como Juanita Cuevas, mujer del señor Meade, candidato del PRI; vino hace unos días a San Luis y se veía muy bonita con su quesquese, queseso, la blusa que dicen que usan las inditas de la huasteca, toda una dama. Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, lo dice el refrán y esos son siempre ciertos, porque vienen desde hace mucho; por eso ella va con su esposo para que pueda ser nuestro presidente. Ojalá alguien le haya dado una pomada para el vitíligo para ponérsela a su señor en las noches y nos quede más guapo mientras denuncia a oscuros gobernadores malignos.

¡Qué caro todo en el Súper! ¿Cómo le hará Juanita? En la foto que subió don López-Dóriga se ve tan quitada de la pena haciendo sus compras. En los periódicos dicen que el gas está muy caro, las tortillas subieron y que hasta los tacos van a aumentar de precio. Yo creo que ella y su marido están contentos porque también ven que siempre vendrá algo bueno. Hora de quitar otra vez las caras largas, que vengan los buenos tiempos y suene alto de nuevo la música ¡Él es amigo, amigo de verdad! ¡Es nuestro amigo Pepe Meade!

Por fortuna, las campañas —o pre, que les dicen— llenan nuestro día de alegrías y motivos para ser optimistas. De esta manera podemos llegar al final de la jornada siendo positivos. Ver la puesta del sol tras la cálida manta color caqui que cobija a nuestra ciudad desde los blancos edificios de la nueva ciudad que se yergue orgullosa sobre los antiguos cerros, con un crepúsculo que cae junto con las agotadas pero contentas personas de servicio, quienes descienden como el sol de la ciudad blanca para adentrarse en la quietud de la noche.

Tiempo tal vez para relajarnos. ¿Qué tal un corte de pelo? ¿Por qué no hacerlo algo especial? El día lo ha sido, puede terminar en la anochecida incandescente del cielo potosino. Hasta el agreste peinado de don Andrés Manuel merece un momento de reposo. Todos lo requerimos. Hace falta una motivación para levantarse al día siguiente y seguir descubriendo las alegrías de la vida. Somos afortunados, es año de elecciones.

¿Qué nueva maravilla incógnita descubrirán para nosotros nuestros nobles candidatos en este día? ¿Hacer fila en una oficina? ¿Cortarnos las uñas de los pies? ¿el olor de la tierra mojada? ¿Barrer? ¿Descargar un camión de jitomates? Yo sólo puedo pensar en ¡na na na na na!

Y los mexicanos moriremos como vivimos, con una dulce canción en los oídos, con el canto de una lejana sirena camaleónica, del color que pinten los tiempos en esta dimensión hermosa y desconocida que es México.

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