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La desilusión que me dejó el clásico | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

Por primera vez en mucho tiempo, estuve viendo y viviendo el clásico de una manera especial desde la pantalla de mi casa. En parte, porque había apostado algo muy vergonzoso (vestirme de Winnie Pooh y regalar dulces a los niños en el centro de la ciudad) y en parte porque al momento de estar observando el partido y sintiendo cada jugada a favor (y alguna ocasión en contra, pero la verdad poco me preocupé) me fue atrapando y llevando a emocionarme como tenía mucho que un partido no me provocaba esa sensación de adrenalina y de inquietud.

Creo que hay cuatro puntos relevantes que marcaron en mi particular punto de vista el clásico de clásicos del futbol mexicano y que me llevaron a ese estado de desilusión con el que decidió titular la columna que se encuentra leyendo:

1.- La actitud con la que Chivas encaró el partido

Si quieres ser considerado un grande, no puedes encarar un partido como lo hizo el equipo del “rebaño sagrado”. Es obvio que la diferencia de planteles puede marcar mucho el rumbo del partido, pero si juegas sin actitud y el equipo rival te pasa por encima, entonces no mereces considerarte un grande. Con otras plantillas incluso más pobres que la de ahora, han dado partidos interesantes y los han ganado, no entiendo la postura de no buscar ir al frente y ser ofensivo. Si tus jugadores más importantes son el portero y tu defensa central, habla de lo poco que pudiste hacer ofensivamente.

2.- El error arbitral de cada día

No voy a justificar el empate únicamente señalando que el error del árbitro fue el causante del gol de Chivas, además de que le dieron el empujón que necesitaba para mostrarse un poco más. Gracias a ese error arbitral fue que Guadalajara vivió sus mejores 10 minutos de clásico, no más de ahí en adelante. Fue como darle una pequeña dosis de adrenalina que no sirvió de nada, el América volvió a tomar el control del partido y del balón, de ahí en fuera no hicieron nada más.

3.- Las águilas y los penales

América ha tenido a dos de los mejores cobradores de penales mexicanos de todos los tiempos. Cuauhtémoc Blanco y Raúl Jiménez. Esto no es obra de la casualidad, al menos en el caso del Cuauh, se quedaba al finalizar los entrenamientos para practicar una y otra vez los lanzamientos desde los once pasos, la calidad y el toque lo tenía, pero para ser certero hay que practicar una u otra vez hasta que logres dominar el arte complejo del penal. Primero pasó con los Bravos de Juárez en la Copa, no es culpa únicamente del juvenil que estrelló el balón en el poste (como lo señaló el Piojo), sino de Renato Ibarra, un jugador con experiencia europea y que fue el que finalmente falló el penal que le daba el pase a la siguiente ronda. Ahora, Matheus Uribe fue el verdugo, el mismo que falló el penal con Colombia ante Inglaterra en Rusia. Si él no es el cobrador oficial, por qué demonios no le quitaron el balón, una cosa es tener confianza y otra buscar protagonismo.

4.- La actitud de los aficionados del América y Guadalajara

Empezaré criticando a los de nuestro bando: ¿merecíamos la victoria por dominar el partido?, seguramente sí, pero esto se trata de meter goles y no de dominar nada más (como todos señalan). El error del árbitro no fue el que determinó todo, sino Matheus por no meter ese penal. Hay que ser duro con los jugadores que no rinden, con el técnico y no solo creer que fuimos superiores y que empatamos porque el árbitro nos acuchilló.

Ahora, el rival: no puedes festejar un empate inmerecido como si se tratara de ganar un campeonato, ¿Chivas está cerca de calificación?, sí, pero con lo mostrado en el Clásico, no entiendo para qué quisiera verlo en la fiesta grande. Te burlas del penal fallado y alabas al portero, en lugar de exigirle que pongan huevos y actitud a los jugadores, festejas más los errores del rival, que los aciertos propios, puesto que hubo pocos (o ninguno) y lo mejor fue la defensa o el defensa (Pereyra).

Pues bien, esto fue lo que vi y sentí, se podrá diferir en poco o en todo, depende de qué camiseta se la tuya, lo cierto es que pudimos ver el mejor clásico de México, por lejos, con sus polémicas y sus (des)ilusiones.

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